UNA HISTORIA DENTRO DE MI CASILLA DE MAIL
Damián: Cuando recibí tu primer mail hace 2 meses y 9 días pensé que vos
serías parte de un juego y una experiencia como tantas otras. Pero no fue
así. Día a día, tus palabras iban tejiendo dentro de mí, una alegría que se
alimentaba con un próximo mail y así se tornó una adicción. El tiempo pasó,
aprendí a quererte y no podía esperar el momento para encontrarte y verte,
todas las noches dentro de una casilla de correo, la cual luego se convirtió
en mi prisión, pero de la cual no reniego. Me diste muchas alegrías...
Fuiste mi compañía cuando más te necesitaba, y eras ese pedazo de mí que se
desprendió en otros tiempos, cuando todo era armonioso, pero que ahora había
vuelto para jamás separarse. O por lo menos yo lo creía así, yo sólo.
El tiempo siguió pasando, y yo era cómplice de tus secretos y compañero
de tus aventuras. Quizá tu otra parte. O quizá así lo creía yo, sólo yo.
Finalmente llegó el día. Esa tarde en la que charlamos quedará grabada
dentro de mí, porque fue el momento y fuiste vos, la primer persona que
me conoció, "a mí" y no a ese tipo que no se anima a salir del
closet, y que
quizá jamás se animará. A pesar de que decías que a mis 18 lo tenía todo
claro. En realidad no era así.
Esa tarde, cuando como un papel tapiz el crepúsculo se enrojecía detrás
tuyo, en aquella plaza no importa donde, yo guardaba en mi selectiva memoria
tus rasgos, los cuales jamás olvidaré. Porque eras vos, esa persona especial
que llenaba con letras mi vacío interior y podía curar los males del alma
con esa perfecta ortografía que me dejaba atónito. Porque yo era especial
para vos y todo era perfecto, porque nos conocíamos de toda la vida, y nos
habíamos separado en otros tiempos pero ya estábamos juntos otra vez. Y sólo
eso importaba. Y porque aunque no me tocaste sino para despedirme, todo era
genial. O por lo menos así lo creía yo, sólo yo.
Para mi desgracia tus mails diarios habían perdido su continuidad. A la
semana de nuestro encuentro, noticias funestas llenaban mis expectativas
y mi casilla de mail. No podías escribir por un tiempo. El tiempo parecía
no
tener piedad de mí, ese tiempo fue una eternidad. Mi vida cotidiana pasó
a segundo plano, y lo que parecía ser importante ya no lo era.
Pero finalmente volviste a darme una alegría más, la última. Cuando
después de esos interminables 15 días vi tu nombre en mi casilla, la
exasperación, la adrenalina y esa cosquillita que últimamente solía sentir,
saltaron y se abalanzaron sobre cada una de tus letras, sílabas, palabras...
como avasallándote. Por desgracia, ese momento de alegría duro poco. Todo
había cambiado repentinamente, cosa que mi memoria selectiva tampoco
olvidará. Cuando me decías que habías tomado una decisión muy
importante
en tu vida. La más importante. Cuando me nombrabas cosas que mi frágil
memoria no puede recordar, o quizá no quiere. Mientras decías cosas
como:
psicólogo, familia, sueño, utopía, planes, hijos, mujer, todo mi mundo se caía
y derrumbada delante de mi casilla de correo. Y todo ese dolor lo captaba mi
maldita memoria selectiva, y jamás lo soltará. Además quedarán las
cicatrices del alma.
De mí, recibiste un mail más, o quizá dos o cuatro, implorando o quizá
simulando que no pasaba nada, antes de que llegara este mail que acabo
de recibir.
"Un último mail" se titula flameante arriba sobre tus otras decenas
de
mails, que guardo como trofeos por si mi memoria falla.
Desde aquí puedo ver la lluvia que cae sobre mi ventana, paralelamente a las
lágrimas que trato de secar de mi cara, pero que se acentúan a medida que
escucho esa canción que me recuerda a vos. Casi como torturándome.
Tengo frío, me gustaría que estés acá y hables conmigo acerca de por qué
nos volvimos a separar, y si quizá nos volveremos a encontrar, quizá en otra
vida, quizá en otro tiempo. Tengo miedo de qué dirías. No pude entender
por qué eras tan determinante. Lo noté esta noche cuando dijiste:
"Te juro que a mí me hubiera gustado seguir escribiéndome con vos de
vez
en cuando, pero me di cuenta de que vos estás tomando muy en serio esta
amistad. Por eso creo que lo mejor para los dos va a ser que la cortemos
con este jueguito de los mails, este jueguito que me divertía en un
principio pero que después terminó haciéndome mierda. No te pido que
me perdones ni que me entiendas. Sólo quería aclararte lo que está
pasando
por mi cabeza".
Al igual que vos quiero decirte que jamás me permitiré olvidar. Jamás
podría. Siempre te recordaré en ese atardecer en aquella plaza, los rasgos
de tu cara, y todo. Mi memoria selectiva nunca te apartará, quizá porque
fuiste el primer hombre del que me enamoré.
reflejodelanada@hotmail.com