Una lágrima
El resultado de una mala experiencia me decía que mi amor hacia mi pareja está desembocando, llegando a su final. Yo quería, quería que todo saliese bien pero mi corazón se llenó de pinchos haciendo un capazarón para que el dolor no llegara al fondo de mis sentimientos y morir de dolor. Yo lo dejé, sí, lo dejé yo por propia decisión, aún sabiendo que podría perder todo, lo dejé yo. Creía ver una mentira, un mar de cartón, algo que era todo imaginación, quería que mi amor fuera bello y con pasión, y al final sólo quedó decepción. Todo lo acabé yo y he de admitirlo que nunca cambié de opinión, sé que debería dejarlo y con todo el amor del mundo y con toda la frustración. Así fue, no porque quisiese sino porque sabía que tarde o temprano moriría de dolor. Él emitía poca vibración en mi corazón, no me daba felicidad y mucho menos amor. Podría ser que me equivocase y cometiera un error pero al parecer veo que no. Todo fue un sueño donde se cofundía el deseo y el desamor de un amor deseado que acabó en desamor.
La brisa tapará un poco ese sentimiento que helado se quedó pero el corazón no es de piedra, y mal quedó.
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(Rodri, va dedicado a ti)