Hay que dejar la vieja piel
Cuando el camino ha sido arduo, espinoso, lacerante;
y la unanimidad del prójimo ha logrado arrancarte con su filosa zarpa,
trozos enormes de personalidad, ánimo, fuerza, ilusión, esperanza…
en resumidas cuentas, de tu esencia,
hay que dejar la vieja piel abandonada, imitando a la sierpe,
cual desecha el pellejo dañado e inservible;
y que los buitres se entretengan picoteando los despojos
cubiertos de cicatrices incurables.
Mientras, ocúpate de buscar tierra segura,
algún refugio temporal donde acabar de desbaratarte…
y comenzar a construir de nuevo todo.
Sin intentar sanar heridas viejas ni tratar de aliviar viejos dolores,
no olvides que los dejaste también entre tus restos.
Ya que estés listo, retomarás la senda,
las bestias cotidianas seguirán en su sitio.
Si tratan de morderte, romperán sus dientes,
y olisquearán en el suelo los añicos.
Recuerda que tu vieja piel se la tragó aquél buitre.