Se sentía frío. Me levanté y preparé un par de cafés. Pasamos a mi cuarto. La calefacción allí se sentía mejor. Estabamos atontados por el placer. Nos echamos bajo las colchas, acariciándonos.
Era un mino lindo: 1.79, unos 70 kg., cuerpo de nadador pero no tan formado, lampiño, ojos violetas. Tenía 17 años. Trabajaba como dependiente en una tienda de discos en Parque Arauco. Su familia vivía en el sur y él ocupaba un departamento pequeño en Providencia. Desde hacia un año trabajaba como “taxi boy”. Sin embargo esa noche algo le había pasado conmigo.
Conversamos hasta que nos quedamos dormidos.
Comencé a sentir un agradable hormigueo en mi culo. En eso reconocí a una lengua experta recorriendo ese delicioso trecho de carne que tenemos entre el ano y la base de los huevos. El pico se me estaba poniendo duro. Su mano delicada y firme me iba bajando el prepucio. Me estaba humedeciendo.
Me estiré para desperezarme. Vi el reloj. Eran poco más de las 4 de la tarde. Recordé que era sábado y me abandoné al juego al que me habían invitado en mi propia cama.
Me arrodillé, deposité mi cabeza contra el colchón y levanté bien mi culo. Janal comenzó a lamer mi raya en toda su extensión. El lengueteo se prolongó mientras que él se masturbaba firme. Podía ver como crecía su monomental pico. Probablemente 23 cm. de largo y mas de 6 de ancho.
Yo habia sido pasivo muy contadas veces en mi vida; pero lo que veia me entusiasmaba.
Otra vez Janal se engulló mi herramienta y comenzó a trabajarla de una forma incomparable. La lamía de la punta a la base, bajaba la piel con sus labios mientras que con su lengua jugueteaba con los conductos en la parte superior de la cabeza. Sus manos agarraban mi pico con reverencia y ternura. Había un hambre en este muchacho que me desconcertaba.
Había un agradable cosquilleo en mi culo que había quedado totalmente humedecido por mi amante. Sentí, mientras me mamaba, como su pulgar derecho comenzaba a dilatarme. Estaba dispuesto a entregarme; pero tenía que ser memorable. A mis 33 años, bien recorridos, el sexo entendido como un ejercicio físico de mete/saca exclusivamente, ya había pasado a la historia.
Para mí acostarme con un hombre era un intento de plasmar una poesía erótica; de lo contrario lo mejor era seguir con las chicas. Debo reconocer que las mujeres me encantan, especialmente para vivir con ellas; sin embargo nada hay mas excitante –para mí- que hacer el amor con un hombre.
Janal comenzó a contarme sobre su vida. Cómo adoraba el sexo gay, desde que comenzó a tenerlo a los 12 años, con un compañero de trabajo de su hermano mayor; pero que en muy contadas ocasiones se había sentido atraído por alguien. Parece que este era mi caso, ¡Afortunado de mi!.
Me contó que en esos casos él adoraba tomar la leche de su amante y también penetrarlo. Me sentí muy entusiasmado y le dije que si alguna vez había hecho las dos cosas simultáneamente. Me dijo que no. Le dije que entonces conmigo sería su primera vez. Se rió entusiasmado.
Encontré el tubo de gel y le dije a Janal que debería lubricarme si quería que algo de su pico entrara en mi estrecho culo. Comenzó a hacerlo con gran habilidad y delicadeza. Mientras yo me tragaba su herramientas antes de humedecerla con el gel vaginal. El manoseo mutuo, en su pene y en mi culo, iba embotando nuestros sentidos.
En eso comenzamos la tarea, el rito de la penetración. Comencé a sentir su cabeza caliente pugnando por entrar en mi hueco. Me abría yo mismo las nalgas para que él pudiera hacer entrar el monstruo. El dolor fue intenso pero él fue todo un caballero. La dejó allí, no intentó avanzar más y se echó sobre mí. Fue un abrazo delicioso. Sentía su corazón latir sobre mi espalda y el sentía con la cabeza de su pico latir mi culo.
Nos separamos luego de un rato y le pedí que me pusiera más gel mientras ponía una pelicula de Belami. Me encantan Bonnet y Davidov asi como Paulik. Comenzamos de nuevo los ritos y esta vez su trozo avanzó un poco mas mientras nos mirabamos a los ojos, yo con mis piernas al aire y él con su dulce sonrisa. Aún no lo tenía ni a la mitad adentro y parecía que la tarea sería harto difícil.
Tal como estaba baje las piernas y levanté el culo para que él se acomodara, casi sentado sobre su culo. Su pija dura se endureció aún más cuando sus labios comenzaron a mamarme mi pico. El se movía de la cintura para abajo para darme suaves penetraciones que iban abriendo pacientemente mi ano. Sus ojos me miraban con agradecimiento mientras mis manos acariciaban sus rodillas pidiéndole más: más penetración y más de su boca.
Estuvimos así largo rato cuando él me avisó que se venía. Yo le pedí que me masturbara mientras me lamía y nos venimos simultáneamente. Fue todo un placer sentir su semen en mi culo y ver como se atragantaba con el mío que comenzaba a escaparse por la comisura de sus labios.
Mientras se iba ablandando su herramientas logró avanzar unos centímetros más adentro mío.
Nos dimos un beso apasionado mientras el olor a semen invadía toda la habitación.
(Queda para otra ocasión la primera vez en que Janal participó en un trío –fue magnífico gracias a la presencia de un amigo brasileño- y la vez en que me tragué todo su trozo luego de que le enseñara a hacer el amor con fresas y champán).
