Aquella iba a ser una semana molesta, mi padre se había empeñado en cambiar las baldosas de la azotea de mi casa y había contratado a unos albañiles para ello, como mi dormitorio está en la azotea y para acceder a él hay q pasar por ella, yo estaba bastante molesto, ¡Y encima estaba de vacaciones! Con lo que me gusta dormir a mi!. Tal y como se esperaba, una mañana, me desperté con sonido de martillazos en el suelo, yo en la cama notaba como iban retumbando los muros a mi alrededor, me levanté de muy mala leche, maldiciendo a mi padre y a los albañiles, al abrir la puerta de mi habitación, mi mala leche se tornó en asombro. Un albañil, rubio, de unos 21 años, se había incorporado al oir la puerta, tenía el pelo rubio y rapado, sus labios eran rojos y carnosos y entre ellos se adivinaba una hilera de dientes blancos y relucientes, sus ojos, uno azul y el otro marrón, eran achinados y no muy grandes, cubiertos de unas cejas, largas y finas, de cada una de sus orejas, colgaba un aro grande y plateado.
- Buenos días, te habremos despertado con tanto ruído.
Dijo incorporándose, momento en que pude ver la belleza de su torso, tenía unos brazos musculosos aunque no en exceso, su pecho, apenas tenía algo de vello justo en el centro, sus pezones eran pequeños marcados y mucho más oscuros que la piel circundante, tenía sus abdominales marcados pero no excesivamente, entre ellas, un simpático ombligo hacia fuera despuntaba como un botón totalmente circular que invitaba a ser apretado, debajo de aquel sensual botón, una hilera de pelo rubio, se perdía bajo el elástico del pantalón corto deportivo, sus piernas, cubiertas de pelo rubio, eran fuertes y macizas.
-No pasa nada, no te preocupes.
Bajé las escaleras intentando reponerme de esa maravillosa visión, desayuné en la cocina a una velocidad superior a la normal, pensando en el joven albañil que había visto hacía un instante, me pregunté como podría hacer para acercarme a él y que me diera su confianza, mientras oía los martillazos que daba sobre el suelo, no podía pararme a hablar con él mucho tiempo porque su compañero, mucho mayor que él, le diría que se pusiese a trabajar, tenía claro que él sí era simpático, me había saludado muy cordialmente. Cesaron los golpes en una parte de la azotea y se oyeron pasos por las escaleras, Dios mío, tenía que ser él, no podía ser su compañero… y efectivamente, apareció tras la puerta dirigiéndose a mi madre:
- Señora, usted me dijo que no iba a estar al mediodía ¿verdad? – No estaremos no, iremos todos a la playa. – ¿Le importa si me quedo a comer arriba en la azotea? mi compañero se irá a su casa, pero yo es que vivo lejos.
En ese momento, la oportunidad se me brindó ante mis ojos, podía quedarme a solas con él. Y antes de que mi madre respondiera dije rapidamente:
- Mamá, yo no voy a la playa, ya tengo planes para hoy. – Vale como quieras, mira y así Rubén no comerá solo.
Se llamaba Rubén, ya su nombre me gustaba, me llenaba.
- Pues muy bien señora, muchas gracias. – No te preocupes, mi hijo estará por aquí.
Me pasé toda la mañana observando como trabajaba Rubén y ayudándolo, su cuerpo marcado estaba lleno de sudor, al coger un saco de restos de baldosas viejas, sus brazos se tensaban y se contraían sus músculos, tras una mañana interminable para mí, durante la cual se fue mi familia, se fue también su compañero, que le dijo:
- Tu ya sabes que esta tarde no vengo, termina de recoger los sacos. – Vale.
Respondió el albañil rubio con tono cansado. Luego, me miró con una sonrisa preciosa y me dijo mientras me daba un golpe en el hombro:
- Bueno chaval ¿comemos? – Venga, – respondí yo mientras mi corazón iba a mil por hora.
Rubén resultó ser un chico super agradable, durante la comida me dijo que tenía veinte años y que tenía una hija de tres, que jugaba al baloncesto, mide 1,95, y que tenía un grupo de rap, resultaba que teníamos muchas aficiones en común, luego me dijo que estaba cansado, que si no me importaba que se echase a dormir un rato, yo le dije que en el unico sitio que podía acostarse era en mi cuarto, porque es donde único hay una cama grande para él, el me dijo que gracias y después le dije que yo estaría en el mismo cuarto con el ordenador, el dijo que no importaba, subimos por la escalera, y mientras ascendíamos iba detrás suya, recreándome con su ancha espalda, y el olor de su cuerpo, olía a hombre, al llegar, se quitó los zapatos y se acostó, yo lo miraba desde la silla del ordenador, su cara, sus labios, su nariz, sus duros y erectos pezones, su sensual ombligo… finalmente, reparé en el bulto, que tenía entre las piernas,¡Estaba en erección! Tenía que ser una buena verga, tenía unas ganas locas de bajarle el pantalón y tocar aquel pene, al final, opté por una estrategia más sutil, dándole un golpecito en el hombro, le dije:
- Oye Rubén, no te importa que me eche yo también. – Claro que no me importa y además es tu cama. – Pero es que los dos juntos…. – Por Dios no digas tonterías y échate.
Me tumbé junto a él, mi brazo desnudo estaba en contacto con el suyo, alcabo de un rato decidí, poner mi mano sobre su frente y el comenzó a acariciarme el brazo, le gustaba… Nos abrazamos y nos fusionamos en un largo beso, luego, nuestros dedos y lenguas fueron descubriendo, orejas, pezones, áxilas y ombligos, coloqué mi lengua en el centro del pecho de Rubén, y me dirigí hacia uno de sus pezones, estaba durísimo, lo lamí y mordí hasta hacerle daño, tras este delicioso plato, bajé con mi lengua para reconocer su ombligo nuevamente, como ya he dicho, era hacia fuera, por lo cual era como un tercer pezón, lo acaricié con mi dedo y chupé con mi lengua hasta quedarme casi sin saliva, luego, siguiendo el camino de pelos que partían hacia abajo, me dirigí hasta el elástico de su pantalón, el cual bajé con mis dientes, su sexo estaba allí, erecto, a 18 cms por encima del vello púbico abundante y rubio, lo recorrí con mi lengua de arriba a abajo mientras con mi mano agarraba sus testículos, besé su glande mil veces y paseé mi lengua por él, antes de que se corriese, le di la vuelta e introduje mi lengua en su ano. Tras ese juego, le tocó el turno a él, quien succionó mi polla hasta quedarse con toda la leche en su boca, la cual depositó en mi ombligo, de donde se la bebió, tras eso, me puso a cuatro patas y me folló y justo antes de correrse, sacó su polla y regó toda mi espalda con su corrida, luego la lamió. Le gustaba la leche…
Tras follarme, me tocó el turno a mí, jodí con la fuerza y el ímpetu que no había tenido nunca, cada vez que mi polla entraba y salía en su ano, nuestros corazones explotaban. Tras correme en su culo, nos recostamos abrazados, largo tiempo, nos dábamos piquitos y estabamos felices, nos dormimos y y al levantarnos nos tuvimos que dar un montón de prisa en quitar los sacos, antes de que llegase mi familia, terminado el trabajo, llegaron todos. Los días siguentes de obra, nos enrollabamos siempre en la hora de la siesta y al terminar ésta, nos veíamos muy a menudo en sitios apartados, pero yo me tuve que marchar fuera y mantengo con él la relación por carta, ahora estoy enamorado de otro hombre, pero Rubén siempre será un amigo y el mejor sexo de mi vida….
