Todo cuanto uno vive, no es simple coincidencia, forma parte de tu destino. Y lo tienes que vivir, para entender el por qué y el cómo de la vida, de tu vida. Soy un joven maduro, tengo 27 años, no soy un galán ni mucho menos, aunque tengo algunas características que cualquier hombre envidiaría, sin embargo otras que no me agradan del todo, como mi sobrepeso. Y aunque no soy un monstruo, esta sociedad busca la perfección, pero esta la busca en otros, y no en ellos mismos. ¿Quién es perfecto? Quizá el chavo más guapo quisiera tener un pene más grande de los 12 cm. que tiene. O el chavo más feo quisiera tener una cara un poco más atractiva, para que algún chico pueda disfrutar sus 19 cm. de miembro que harían gozar a cualquiera. Pero en fin, pertenecemos a una sociedad que limita y se autolimitan; una sociedad que restringe y se autorrestringe. Soy psicólogo de profesión, y trabajo como asesor y consejero de jóvenes con problemas en una importante escuela de la ciudad (D.F. México). También atiendo de manera privada. Soy un hombre feliz, aunque la tristeza se ha empeñado en afectarme. Hace un año estuve apunto de casarme con una chica maravillosa, se llama Karina. Es una preciosidad de mujer, sin embargo decidimos aplazar un tiempo más esta importante decisión. Seguimos siendo pareja, y no pierdo la esperanza en que ella y yo nos casemos pronto, pero sucedió algo en mi vida que la cambió radicalmente, y eso es lo que quiero compartir con ustedes. Cierto día llego a mi consultorio una madre desesperada, una mujer muy joven, no más de 30 años, físicamente guapa. Pero en realidad se veía angustiada. Su problema; su hijo, Ricki, un jovencito de 14 años. Ella se había embarazado muy joven y era madre soltera; sin embargo hace un par de años se había casado y tenia severos problemas entre su marido y su hijo. Después de platicar un buen rato con la mujer le di una cita para que me trajera a su hijo y yo pudiera atenderle y tratar de ayudarla. Estos problemas para mí son el pan nuestro de cada día. Es lo más común. Atiendo de 3 a 9 casos diarios de niños y adolescentes en conflicto. Problemas como la rebeldía, la violencia, la agresividad, la homosexualidad, la promiscuidad, etc. son problemas diarios que tengo que revisar. No tengo grandes vicios, solo el cigarro. Soy amante del cine y del fútbol. Tengo un par de perros que son mis mejores amigos. Y vivo solo, la soledad es mi mejor compañía. Los días pasaron y llegó el día de mi cita con Ricki. Se veía un chico inquieto y muy hiperactivo. Ricki era una personita físicamente atractiva. Diminuto, atlético, pelo como el príncipe valiente, el cual constantemente tenia que acomodar para que no se le viniera encima de la cara. Tenia una boquita muy exquisita y unos ojos negros maravillosos. Era un chiquillo guapo. Pero en ese momento no lo noté, Ricki para mí era un chiquillo común y corriente. Platiqué con él cerca de dos horas, no logré grandes avances pues era muy arisco y cabrón. Siempre que le preguntaba algo me contestaba con otra pregunta. Su familia era de clase media, y tenían severos problemas financieros. Su padrastro, según él, lo maltrataba mucho y lo ofendía constantemente. No fue sólo una sesión sino varias, en cada una de ellas avanzábamos más, y su carácter hosco y agresivo se fue dosificando. Lo pude ver reír y platicar más entusiasmado. Cierto día Ricki llegó a la escuela donde yo trabajo a muy temprana hora, se había escapado de su casa, ya no soportaba a su padrastro. Después de que atendí a mis alumnos, decidí llevarlo a su casa y platicar con su padrastro. Ahí estaba su madre llorando, y su padre realmente estaba molesto. Platiqué por un buen rato con ellos y llegamos a varias conclusiones, una de ellas es que Ricki pasaría conmigo los fines de semana. El chiquillo me caía muy bien, además nos llevamos muy bien. Lo llevé con mi madre, se lo presenté a mis amigos, a mi novia (se hicieron grandes amigos), en fin, Ricki y yo hicimos una gran amistad. Para mí él era el hermano que nunca tuve, y yo era el padre que no tuvo. Los fines de semana pasaron y cada vez eran mejores y más divertidos. Ricki para mí no era problema, era muy obediente y cooperativo. Había fines de semana que no salíamos de casa, todo el día viendo películas, ya sea que las rentáramos o las viéramos a través del cable. Después de una fuerte discusión (muy sana y nada agresiva) me convenció de que podía fumar, pues me recriminaba que éste le hacía más daño como fumador pasivo. Ricki y yo nos convertimos en los mejores amigos, pero nunca me di cuenta que en un momento equis, la amistad se convirtió en otra cosa. Ricki tenia una novia llamada Alejandra, una chavita muy bonita y tierna. Él salía los domingos por la tarde con ella y estaba todos los días en la escuela con ella. Además de que hablaban las horas por teléfono. Pero entre Ricki y yo empezó a crecer algo. Yo no me había dado cuenta, hasta que un día, eufóricos por un gol de nuestro equipo favorito, nos abrazamos y nos besamos. Fue algo fugaz, pero que quedó ahí como antecedente de lo que nacía en nuestros sentimientos. Yo estaba muy confundido y eso me preocupaba. Los besos y los fajes empezaron a ser costumbre en nuestra amistad. Pero ninguno de los dos se decidió a dar un paso más. Aunque ambos sabíamos lo especial de nuestra relación. Los meses pasaron actuando de esta forma tan “cariñosa” hasta que ya no se pudo contener más. Esa primera vez fue maravillosa. Para esto yo procuré informarme todo lo que puede acerca de la homosexualidad. Un poco para entender mi confusión, y la otra para saber comportarme. Ese viernes pasé a recogerlo al deportivo a donde acostumbraba a ir a jugar basquet. Pese a ser bajito era bueno para ese deporte. Venia todo mojado de sudor. Me saludó de mano y me guiñó el ojo (ese era nuestro beso secreto). Fuimos a comer unas hamburguesas, pasamos por Blockboster y nos fuimos a la casa. Al llegar nos abrazamos y nos besamos apasionadamente, como nunca. Estoy seguro que era el calor. Lo cargué en mis brazos y lo llevé a la cama. Esto era más que el “jueguito” de los besos, estábamos pasando el límite. Sus manos me tocaron toda la espalda y yo igual, hasta que mis manos se decidieron y acariciaron sus nalgas. Empezamos a sudar y a respirar agitadamente. Le quité su playera, me quitó mi camisa. El roce de los cuerpos encendió más nuestra pasión y el deseo. Yo me sentía mareado de excitación, él yo creo que estaba igual. Empecé a bajar su short y acariciar directamente la piel de sus nalguitas. Él empezó a abrir mi pantalón, hasta que él quedó desnudo y yo quedé en trusa. Empecé a lamer su cuello con mi lengua, luego sus pequeñas y tiernas tetillas, ahí gimió por primera vez. Me acomodé arriba de él y continúe lamiendo su cuerpo hasta que llegué a su pubis. Lo contemplé un momento y lo admiré. Admiré la juventud y belleza de su cuerpo. Su pubis era cubierto por un leve y ligero vello púbico que formaba un pequeño triángulo que enmarcaba su pene. Este era pequeño, sin circuncisión. Me acerqué para olerlo, su perfume a pasión me atrapó. Nunca había tenido sexo oral ni con mi novia, pero mi cuerpo me exigió lamer su sexo. Abrí mi boca y metí su pene, acariciándolo con mi lengua. Mientras con mi mano me acariciaba mi pene. Lamí su pene por mas de 10 minutos hasta que sentí un pequeño chisguete llegar a mi boca. No lo tragué sino que lo contuve en mi boca, rápidamente busqué su boca y lo besé, traspasándole su propio semen, el cual sin darse cuenta se tragó. Yo agotadamente me masturbaba, mientras que él me besaba con los ojos cerrados y con su cuerpo completamente relajado. Unos minuto más exploté, teniendo un orgasmo explosivo y brusco. Me recargué en la cama y él se refugió en mis brazos. Después de un tiempo, no sé cuánto pasó, me miró con ternura y me dijo: «nunca me había pasado esto. Sentí como mi vientre explotaba, perdóname por orinarme en tu boca». Comprendí pues que mi pequeño amante nunca había tenido un orgasmo. – Ricki, ¿nunca te has masturbado? – ¿Qué es eso? – No, nada, sólo te puedo decir que no te orinaste, sino que tuviste un orgasmo. Tomé el tiempo para explicarle. Ricki nunca se había masturbado, ni siquiera sabía que existía eso. Nos seguimos besando y tocando. Me sentía más caliente que nunca y mi mente me decía que debía poseerlo… debía hacerlo mío. Con Karina tuve varias veces sexo anal, esto como medida preventiva, no tanto como opción. A Karina le aterraba el quedar embarazada estando solteros. Así que me propuso hacerlo de esta forma. Y era la única manera para hacerlo con Ricki, y aunque Karina sufrió un rato, después lo disfrutaba mucho. Además tenía un poco de práctica para desvirgar culos. La solución era un poco de saliva y un poco de crema o de vaselina. Lo acomodé boca abajo y le dije «relájate y recuéstate, te voy a hacer algo que te va a gustar, pero al principio duele». «¿Me la vas a meter?» Me dijo con carita de niño bueno. «Si, pero lo vamos a disfrutar mucho.» Lo acomodé y me acomodé, puse mi boca en sus nalgas. He de admitir que no olía muy bien, pero el deseo me tenía ciego, así que pese a todo eso, lo lamí hasta que su culo quedó limpio. Después de esto, puse un poco de crema e inmediatamente empecé con mi trabajo. La primera penetración duro unos 15 minutos y un par de gritos de dolor. Después de esto lo demás fue fácil. Lo penetré todo y me pegué a su cuerpo, me movía lento. Sintiendo y disfrutando esto. Sentí como mi cuerpo entraba a su cuerpo y recorría cada milímetro de sus entrañas. Eso es lo rico de hacer el amor. Sentir y darle placer al cuerpo de tu amante. Demostrándole con la penetración el gusto que sientes por ser suyo y hacerlo tuyo. Ricki al principio estuvo con la cara enterrada entre las almohadas, pero cuando pasó lo difícil levantó su cara y lo pude besar y lamer su cuello y espalda. Sin sacarle mi verga lo volteé de frente a mí, le levanté sus piernas y las recargué en mis hombros. Me di cuenta que tenía su pene erecto. Así que mientras yo me movía dentro de él, lo empecé a masturbar. Él me miraba con una mirada perdida, no sé si era el dolor o el placer que sentía. Tenia su pelo completamente mojado y ambos estábamos bañados en sudor. El cuarto olía a sexo, se respiraba y se sentía. Mientras penetraba y masturbaba a Ricki, lo miré y pensé: Hace unas horas jugaba basquet con sus amigos, platicaba con su novia, discutía con sus padres, y ahora esta con sus piernas abiertas recibiendo placer. Después de unos minutos de cogerlo me interrumpió con inocente voz: «Creo que me voy a orinar, tengo ganas de hacer pipi… te voy a mojar». Le dije: «Hazlo, no tengas miedo». En eso estábamos cuando llegó al éxtasis expulsando de su cuerpo, ahora sí, una buena cantidad de semen. Mientras Ricki tenía su segundo orgasmo en la vida, yo me moví más rápido para alcanzar el mío. Ricki se agarraba los cabellos y gemía de dolor, mientras yo me movía más rápido. El momento llegó, me vine dentro de su cuerpo, haciendo una expresiones de máximo placer, mientras mi joven amante me veía detenidamente. Me acerqué y lo besé. Esta fue la primera de muchos encuentros que tuvimos. Los fines de semana le dimos rienda suelta a nuestra pasión. Navegábamos por Internet, hasta que encontramos esta página, la cual nos encantaba a los dos. Compré vídeos pornos, a Ricki le gustaba ver como se cogían a los chavos. Pasamos muchos días desnudos todo el día, tocándonos, lamiéndonos, cogiéndonos. Él un día me pidió penetrarme, y lo hizo, aunque no era un super dotado, creo que lo disfrutó. Todo fue muy hermoso, pero… Siempre hay un pinche en esta vida. Ricki en las vacaciones de Navidad se fue con su familia al norte del país, de donde era su madre, y cuando venían de regreso, por la carretera de San Luis Potosí – Querétaro, un trailer se les aventó, pasando por encima prácticante del carrito. Ricki murió instantáneamente, y su padrastro murió a los dos días. Yo no me enteré rápido, sino casi un mes después del accidente. Yo estaba muy preocupado por no saber nada de Ricki, ni de su familia. Y por unos vecinos de Ricki supe que tuvieron un accidente muy grave, donde había muerto el señor, pero ellos no sabían nada de Ricki. Así que me fui en un vuelo a Monterrey para ver lo que sucedía, y ahí fue en donde me enteré de toda esta pinche situación. Quedé destrozado, creo que más que la madre. Ricki era más mío que de ella, él me amaba. Sufrí mucho y también lloré. Gracias a Dios por Karina, ella me ayudó mucho para salir adelante. Teníamos tantos planes juntos, tantos sueños por hacer, pero me lo arrebataron. No lo pude amar más, porque me lo quitaron. Estoy seguro que donde esté, estará feliz de ver esto publicado, él siempre me pidió que publicáramos nuestro relato, pero nunca lo quise hacer, no quería que nadie se enterara de lo nuestro. Hoy sufro más que nunca, pero sé que pronto me recuperaré. Hoy también busco amistad, quiero hacer amigos, no busco sexo, aunque no le huyo, pero creo que nunca volverá a ser igual. Pero hoy necesito de un chico que me ayude a salir de esta situación, si tu quieres ayudarme, escríbeme, recalco, no busco sexo, solo amistad, el sexo podrá llegar después si es que los dos le deseamos. No me importa como es, busco sinceridad, honestidad, creo que lo demás sale sobrando cuando hay buenos sentimientos. No me importa la edad, solo que sea más joven que yo. Cuando dos personas logran esa comunión tan especial llamada amor, entonces el sexo y lo demás se disfruta como nunca. Gracias por leer mi relato. Y donde estés, Ricki, todos los días veo tu foto, y te recuerdo a cada instante, no sabes cuánto te extraño, aunque sé que estarás junto a mí siempre. Te amo y nunca te olvidaré, y sé que pronto nos volveremos a ver, para seguir amándonos. Con cariño, David. Doggis2001@yahoo.com.mx
