Placeres cairotas

Sentía su espada entrando y saliendo de la profundidad de mi culo. Envuelta en su tibia y suave piel, la cual había bajado decenas de veces en las que quería dejar al descubierto su cabeza rosada antes de tenerla en mi boca. Los movimientos eran firmes y tiernos. Yo estaba arrodillado en la cama del hotel en el que había nacido nuestra relación. Mis manos apoyadas en el edredón y mi cabeza hacia arriba siguiendo las órdenes de su mano derecha que atenazaba los extremos de mis cabellos. Su jadeo llenaba la habitación mientras yo trataba de dilatarme al máximo. Sus 21 centímetros eran muy placenteros y parecían hechos para mi culo. Su mano izquierda apoyada en mi cadera me hacía sentir su esfuerzo y también su autocontrol para no eyacular. Sabía que estaban por venir 3 o 4 penetraciones vigorosas antes que su líquido seminal se esparciera por mi interior. Ahmed me estaba haciendo muy feliz. La idea de estar tirando en Egipto siempre me excitaba mucho. Sabía que estábamos cometiendo una atrocidad para la mentalidad dominante. Afortunadamente Ahmed era un joven oficial de la Policía y su padre Jefe de la Policía de la ciudad. Ahmed es un dulce ser que ha nacido en Alejandría. Casi tan alto como yo, 20 años más joven, ojos color miel, piel canela; fuerte pero delgado, formado sin pretensiones fisioculturistas. Labios absolutamente femeninos, cejas pobladas, algo velludo, pies finos que me encantan lamer mientras poseo a su dueño. Se había dejado una barbita candado desde la última vez que nos habíamos encontrado. Su mirada es particularmente alegre e inocente. Algo triste, en verdad. Vive en una sociedad que no le deja ser él mismo y no tiene las posibilidades de abandonar su país como quisiera. Es elegante para vestir y tiene un buen inglés. Sus movimientos son distinguidos y con una sensualidad y erotismo con los que he colaborado a cultivar en los últimos años. Es varonilmente femenino. Su lengua en mi culo es uno de los placeres más grandes. Tanto como cuando lo penetro, luego de que con sus manos de dedos finos se abre bien la raya para que encuentre con mayor facilidad la entrada a su ser que me ofrece con una mirada pícara mientras su lengua relame sus labios. Me mama la polla como nadie. Él y Janal, mi amante latinoamericano, son las dos personas con las que me gustaría naufragar en una isla desierta. Además son las únicas personas que durante la última década les he entregado mi culo. Con los demás sólo he buscado el placer del activo, como dicen por allí. ¿Habrá algo más activo que actuar de pasivo? Acaba de venirse dentro de mí, luego de 4 empujes en que sentí que me quebraba el ano. Tengo su pubis pegado a mis nalgas, casi siento sus vellos húmedos que suben hacia su vientre plano mientras de él descienden unas gotas de sudor. Sus piernas se tensan para prolongar su placer. Sus manos están en mis pezones y su boca busca la mía para comenzar a besarnos antes de derrumbarnos en la cama para gustar esa pequeña agonía que es todo orgasmo. Nos quedamos dormidos. Suena la puerta. Nos despertamos sobresaltados. Ahmed corre al baño mientras que, apuradamente, recojo su ropa dispersa por el suelo y la pateo debajo de la cama. Me pongo los pantalones. Veo por el ojo de la puerta y allí está el joven chapero que me hizo muy feliz la noche anterior. Pensaba que era uno de los conserjes del hotel que cuando huelen sexo entran con unas flores nuevas cortesía de la gerencia. No me he tomado el trabajo de descubrir si quieren unirse o si en realidad son soplones que alertan a la seguridad. Me había olvidado que había citado a Youssef para esa tarde. Como no estaba seguro de encontrar a Ahmed había decidido prever antes que lamentar una noche sólo en El Cairo. Un pensamiento perverso atraviesa mi mente. Siempre he querido un trío con Ahmed; pero nunca me ha dejado. Lo comprendo perfectamente bien, dadas las circunstancias. Maliciosamente hago pasar a Youssef. Siento la mirada de Ahmed observarnos desde el baño. Se oculta tras la puerta. Me siento en la cama y le explico a Youssef que me apena mucho; pero que estoy con una persona y que no tenía cómo llamarlo. Pongo mi mano en su rodilla. Le miro fijo a los ojos y le explico que mi acompañante es muy tímido. Le pido me deje algún número para ubicarlo mañana. Me recuerda que vive en un balneario, muy de moda, cerca del Mar Rojo y que sale hacia allá al día siguiente muy temprano. Para esto su mano juega ya con mi ombligo. De reojo observo el baño y sé que Ahmed sigue en pie detrás de la puerta. Le digo que por qué no nos vemos en La Taberna, el bar del lobby del hotel, a la medianoche. Youssef, no sé si por el dinero o por lo bien que lo pasamos la noche anterior, comienza a besarme mientras se va desabrochando la camisa. Es rubio de ojos verdes, piel muy blanca, delgado como me gustan y no debe llegar a los 20 años. Casi contemporáneo de Ahmed. No reacciono ante sus avances e hipócritamente le digo que es una pena; pero no puedo ahora, que si quiere le pago lo convenido. Ya con su mano en mi paquete me dice que no le interesa la plata. Se morbosea al darse cuenta que debajo de mis pantalones no hay nada, anoche gimió de placer con mi polla la cual llegó hasta lo más profundo de sus entrañas, luego de haberse tomado una buena porción de mi leche mientras la mamaba con fruición. Ahmed trata de hacerme entender que está disgustado. Junta aún más la puerta. Los labios de Youssef envuelven ya la cabeza de mi herramienta mientras mi mano derecha resbala por su espalda hasta el cinturón de su jean. No puedo resistirme y me paro para que Youssef siga su trabajo arrodillado. Aprovecha para bajarse el pantalón. Siento el agua de la ducha correr. Me parece bien la situación. Levanto a mi joven chapero, lo pongo de espaldas a mí y comienzo a besar su cuello mientras su mano derecha me masturba. Al sentir el líquido pre-seminal el muy marrano comienza a mover sus dedos sobre uno de los orificios de mi cabeza inferior. Le pellizco los pezones con fuerza y él se coloca mi pene en su raya y comienza a mover el culo con ritmo. Me crece muy rápidamente el órgano y siento como comienza a avanzar por el orificio de mi amante, lubricado con mi propio líquido. Él para el poto para facilitar la maniobra. Me siento al borde de la cama, me recuesto y él aprovecha para darse la vuelta y meterse todo mi aparato en su rico culo. Comienza a subir y bajar mientras escucho que la regadera ha dejado de funcionar. No puedo ver la puerta del baño pero me imagino que Ahmed debe tener todos sus vellos del cuerpo humedecidos. ¿Nos estará mirando? ¿Se habrá endurecido? Cuando siento que mi pinga se ha amoldado al culo de Youssef y parecen una sola unidad decido ponerme de pie manteniéndome dentro de él. A mi amante le gusta la idea y me sonríe mientras sus labios hacen una muestra de gozo. Se mete, si cabe, más mi palo entre sus entrañas. Totalmente de pie le indico que se deje ir hacia atrás. Entiende mi juego y con habilidad apoya las palmas de sus manos en el suelo mientras que con sus pies se ajusta a mis hombros. La penetración es profunda. El placer grande. Me muevo rápidamente. En eso siento la voz de Ahmed que dice algo en árabe. Youssef se sonríe y cierra los ojos. Con su camisa en la mano se acerca mi querido egipcio. Pasa su camisa alrededor de los ojos del chapero el cuál ahora está vendado y echado de espaldas en el suelo, yo arrodillado, oscilándonos ambos en ese pendular típico de todo buen polvo antes de avanzar hacia la recta final. Youssef tiene los brazos estirados hacia atrás de su cabeza. Entre ellos se arrodilla Ahmed y se desplaza hasta dejar que su verga caída sea apresada por los labios del chapero. Youssef comienza a chupársela mientras abre y cierra la boca de su culo masajeando de forma inusual el cuello grueso de mi verga. Sus manos comienzan a tocar las nalgas firmes de Ahmed quien se inclina hacia mí para besarme. Estamos en un trío y la estamos pasando bien. Ahmed se sobresalta un poco cuando le entran dos dedos del chapero en su culo. El chapero me pide que no eyacule y que la saque. Así lo hago. Me indica que me eche boca arriba en la cama. Lo hago con la erección a mil. Tengo una verga gruesa y larga que ha dado placer a no pocos alrededor del mundo. Youssef se sienta sobre mí y se recuesta sobre mi pecho. Nos damos un beso. Ahmed se pone detrás del chapero y comienza a penetrarlo. Siento su espada en contacto con la mía abriéndose espacio en el culo que ahora compartimos. Sincronizamos nuestros movimientos y pujamos lo más profundo posible. Hay unas lágrimas de placer en los ojos de Youssef. Siento algo como sangre que recorre su culo desgarrado. Veo a Ahmed metiendo su lengua en la oreja de nuestro amante común. Explotamos los dos simultáneamente adentro de «nuestro» culo. ***