
Chapero16
Fecha original: 5 de octubre de 2005
Por la noche, ya tarde, tuve un aviso de domicilio. Llamé y era para ir a las 10,30 de la mañana y por eso mismo fui, por una hora tan desengañada, que yo no suelo ir a casas de primeras, sin conocer al cliente de antes.
Bueno, pues resultó ser un tío joven, simpático, que además estaba muy bien, o sea, un cliente de los que suelen caer de ciento en ciento. Nos sentamos, hablamos, nos besamos un poquito y en la cama empezamos a entendernos desde el principio. Esto puede parecer obvio, pero no es así. En el sexo entre tíos generalmente no tiene nada que ver lo que ellos creen que les gustaría hacer con lo que luego sale bien, y esto pasa todos los días. Nosotros, los que nos dedicamos a esto, sabemos enseguida lo que hay que hacer con ese que tenemos delante, lo que pasa es que la mayoría de las veces no nos dejan, porque ellos tienen otra idea, que generalmente es equivocada. Yo en cuanto veo a un tío me lo imagino enseguida de una manera conmigo que suele ser la que funciona dentro de las múltiples variantes. Los hay que tienen una idea fija y se empeñan y siguen aunque el fracaso es evidente. Los hay que se empeñan en PROBARLO TODO en una sesión y eso es de lo peor, agotador para los dos y totalmente infructuoso. Los hay que se mueven por cultura cinematográfica, doblaje incluido y en esas yo muy mal porque a mí me suele dar la risa boba y el tío se me cabrea y cómo se lo explicas… uf!, de todo. Cuando por teléfono a ti te preguntan que si haces esto o haces lo otro y tú dices que sí, que sí, ya te estás temiendo que lo que va a querer el fulano es un menú de degustación a precio de menú del día.
En el caso de mi cliente de por la mañana, Pedro -se llamaba Pedro- se trataba de un macho con una erección completa desde antes de abrir la puerta y yo enseguida me lo imaginé follándome de frente, cara a cara, sin prisa y sin violencia, pero con efectividad, y sólo si yo estaba equivocado cambiaríamos de postura…
Así fue más o menos. Nos recreamos al desnudarnos, primero la parte de arriba, yo ya dándole boca y trabajándole el cuello, las orejas, los labios poco a poco. Luego lo demás, explorándonos con cuidado, mordiéndole ligeramente los pezones, demorándome, como siempre lo hago, en sus piernas, chupándonos las pollas sólo lo suficiente para probar, como un alto en el camino, porque el destino no estaba allí… en fin, cuando me la metió lo hizo muy bien, casi a la primera, sin más ayuda que un pijama de saliva, mis piernas en sus manos, mi culo levantándose para recibirle de arriba a abajo. Nos fuimos compenetrando sin dificultad, cediendo nuestras posturas hasta ese equilibrio en que los movimientos surgen solos.
El sexo bueno empieza cuando ya puedes dejarte llevar, cuando ya has entendido cómo funciona y cada movimiento suave tiene otros de respuesta que son los que van dibujando el entramado del placer. Cuando estoy así, de pasivo y me lo están haciendo bien, mi polla está en reposo, está de vacaciones. ¿por qué? Pues mira, por más vueltas que le demos, en el sexo entre hombres el culo y la polla son EXCLUYENTES, o sea, lo que ganas por un sitio lo pierdes por el otro. Es así, y no hay más. Ya sé que a la mayoría de los tíos les encanta que tú estés superempalmado mientras te la están metiendo, incluso que cuando te corras lo hagas a base de metidas, como en las películas, sin tocar la polla, muy bonito todo… pero tú no gozas así ni la mitad y el orgasmo no es ni medio orgasmo. Por lo menos yo, para tener un orgasmo de 8 a 10, que son los que merecen la pena, mejor si tengo el culo desocupado.
Bueno, pues Pedro y yo ya habíamos cogido una postura feliz y bastante definitiva, mis patas ya sobre sus hombros, nuestras manos tocando todo lo que podían tocar, todo lo que podían alcanzar, su polla moviéndose dentro de mí rítmicamente, cuando sonó un ruido inconfundible. La puerta se abrió despacio, sin estridencias y la voz de ella -era ella- tampoco habló alto, ni chilló, ni gritó, pronunció serenamente -yo sólo podía oirla, no verla – algo así como «estonotelovoyaguantarlosiento», todo muy seguido, como sin pausas y él, antes de salir, me besó muy dulce y me dijo en el oído «te llamaré luego, no te preocupes». Y luego, cuando ya no estaba él, pude verla a ella, porque ella no se fue. No intenté taparme con nada, ¿para qué?. Era joven, guapa, bastante elegante y, además, sorprendente. No hay cosa que más me reviente, lo que más, lo que más, lo que más, que me interrumpan una follada, pero ella era como para sentir curiosidad:
• ¿Has desayunado? Seguro que no. Pues… ahora iba a hacer un colacao. Te hago uno.
Lo hizo tan pronto, el colacao, que sólo me dio tiempo a reaccionar y a ponerme los boxers. De todas formas, no acostumbro a vestirme después de un encuentro sin haberme duchado antes.
La cocina era mona, ella también, el sol de otoño entraba con una inclinación amable, me acariciaba el vientre desnudo, los pies descalzos y se quedaba a retazos encima de la mesa, jugando con el humo de las tazas. Ella sonreía con una mirada inteligente.
• Es bueno el cabrón en la cama, ¿a que sí?. Por eso lo aguanto.
Por cierto, ¿te ha pagado? Claro. Espera, ahora vuelvo…
Después de todo, ¿qué se podía hacer a aquellas horas?
***
