EL TORERO

Chapero16

Fecha original: 4 de mayo de 2006

El torero llega siempre sin avisar, cuando le da la gana y es al único al que se lo consiento. Abres la puerta y está ahí, sin decir nada, nunca habla nada, con la mirada perdida infinita o siempre mirando al cielo, yo qué sé… al torero hay que dejarlo. Yo nunca le hablo, ni le toco, ni nada y me espero a su lado, como las vacas al tren, hasta que me coge, me desnuda y me clava como si matara a un toro, me imagino. Yo no veo toros. Nunca he visto al torero toreando ni él tampoco se ve, o por lo menos eso dice. Porque es otro. Es otro el que torea. Están demasiado vestidos los toreros y el torero es algo demasiado pequeño, demasiado de pie. Al torero le veo más veces, sin querer también, en televisiones, delante de esos paneles de anuncios y rodeado de chicas wapas o que para la gente son wapas y tiene la misma mirada perdida que yo creo que es la mirada de la muerte y una vez me dijo todo seguido que cuando le cogen, que le han cogido varias veces, se queda muy tranquilo porque esa vez tampoco le han matado…

Primero está mucho rato a mi lado, sin hacer nada, y luego me toca el pelo, empieza a abrazarme por el pelo y como yo no hago nada pues empieza a desnudarme como pidiéndome permiso con los ojos, y yo le dejo hacer. Y siempre, cuando me tiene desnudo del todo, empieza a chuparme muy despacio el cuello y el pecho y él sigue vestido entero, hasta que yo le digo que por favor, que se desnude, que yo no puedo follar con alguien vestido, eso no lo he hecho nunca y además él me gusta, porque tiene un cuerpo que todo está tenso y al más leve toque reacciona todo entero y se estremece y por eso hay tocarle muy despacio.

Cuando estamos tumbados los dos, el uno frente al otro, sólo me mira la cara, sonríe, me acaricia el pelo otra vez o me pone las manos en las mejillas y los ojos no miran más que a los ojos, aunque se estén tocando las pollas y a veces estamos mucho rato así y yo no noto como él se empieza a relajar, pero nunca hago nada hasta que lo hace él, hasta que me separa los brazos, siempre igual, y entonces yo ya sé que me va a entrar… y le dejo.

Luego, el torero nunca paga nada y cuando le da la gana me manda un cheque que me deja temblando. Es así.

Al principio, las primeras veces, el torero tenía sólo cara de niño, pero enseguida se le puso cara de hombre mayor. Y no es un hombre mayor, tampoco es un niño, pero es joven, lo que pasa es que siempre está en la muerte. Me parece que ellos siempre están metidos en la muerte, en una especie de horror donde alguien los lleva siempre a que maten o a que les maten, como en la guerra, esa cosa igual de estúpida… ellos no lo saben pero, cuando estás en la cama con alguien así, siempre es como algo trágico, porque no sabes si ese cuerpo va a volver o lo van a cornear, a estropear. A él le duelen sus cicatrices conmigo, pero no le duelen de dolor, sino de fealdad, la piel bonita rota por puentes feos, y él lo sabe, pero no las puede esconder, conmigo no.

Pero la verdad es que siempre, pero siempre, me deja hecho polvo, me deja como soñando con él en otros sitios, como amándole -si pudiera, yo qué sé- donde él no tuviera que ponerse delante de nada ni de nadie, ni yo tampoco… buah, no me entiendo ni yo, y esto suena peor.

Una vez me dijo un viejo que la gente que juega con la muerte te hace polvo y yo no le entendí nada aquella vez, pero ahora me parece que sí. A mí entonces me daba de que si un pavo estaba bailando con la muerte, como dicen en las pelis, y te rayaba, pues tú te pirabas y punto, o sea, para qué ibas a estar ni verlo con alguien que está rayado y que además te raya, pero el cabrón del viejo se refería, me parece ahora, a la atracción de la muerte, no de ti por la muerte, que eso también, que yo conozco a gente que se mete a la ruleta rusa con un tambor de siete por ahorrarse un pico, no es eso, sino que lo que digo es la atracción, el morbo que tiene la peña que juega con la muerte, o sea cuando lo tienes en las pezuñas y acaba de salir de los cuernos del toro o va a entrar dentro de un rato al toro y digo lo del toro porque es el caso que yo conozco, pero habrá muchos más y sólo una vez estuve con un piloto de fórmula uno y me pareció imbécil, que quieres que te diga, ni sabía lo que quería y…

Mierda, pero qué post más malo me está saliendo, no se va a entender nada de lo que estoy diciendo y lo que quería decir era bien simple: contar un poco del torero y lo del último día, porque el último día fue distinto y por eso lo contaba. Estábamos como siempre, me la estaba metiendo de frente, él tan tenso, yo tan relajado, cuando se paró del todo, se salió y me dijo sin más:

-Trátame como a una mujer.

-¿Qué?

-Que me trates como a una hembra. ¿Tienes bragas?

Yo alucinando en colores.

-Pues no. Lo siento.

-¿Nunca te lo pide nadie?

-Bueno, algunas veces. Pero son ellos los que se traen su ropita.

-Es igual. Trátame como a una hembra.

-¿Y por qué piensas que yo sé hacer eso?

Se incorporó y se dio la vuelta.

-Fóllame. Fóllame como a una perra…

-Vale. Relájate.

Nunca se relajaba y ahora menos. Me costó metérsela, pero más le costó a él. Nunca se la había metido, ni yo ni creo que nadie. Estaba sufriendo, pero yo seguí, lo más suave posible, hasta que me mandó parar. Estaba sudando y con la respiración como una moto.

-Perdona Dani. No sé lo que me pasa hoy. Me he vuelto loco. Bésame.

Un alivio, no se crea.

Era la maldita hora de la puesta de sol, que me ataca cuando estoy follando. Nunca follo a esas horas, porque me deprimo, pero con él sí y me deprime más todavía, pero luego, cuando todavía no es de noche, no quiero que me deje solo… y se lo digo. Algún día, supongo, dejará los putos toros y nos encontraremos, no sé…

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