Autor: Chapero16
Fecha original: 1 de junio de 2006
La segunda noche de Bilbo dormí en una habitación con Juano, bueno, si es que dormimos algo, el tío tenía muchas ganas de hablar con alguien, yo creo, ya lo había notado yo y empezó a enrollarse largo y tendido de lo suyo con Iván, como si hubiera sido ya mismo y, bueno, la verdad es que éste debe tener 17 para 18 y el Iván 19 o así, pero no pregunté eso, y son hermanos de padre y de madre, no se crea, pero son cosas que pasan y hay edades en las que te tira todo, que me lo digan a mí…
Estos vivían en Moratalaz, en un pisito cutre y sus padres tenían un puesto de quesos en el mercado y son tres, los tres machos y seguidos y Juano es el mediano y se llevan dos años o así y empezaron cuando el Iván tenía catorce o quince y estaría como una moto, me imagino, y él doce o trece, no sé. El piso era un horno en verano y se acostaban la siesta los tres en una habitación estrecha, el Iván y el Juano en la misma cama y una tarde le cogió, el Iván al Juano, como se coge a un muñeco, sin hablar, sonriendo, le metió el brazo izquierdo debajo de la nuca y la mano derecha bajándole el slip de niño, que era rojo. El otro, el enano, estaba tan sobado que no se enteró de nada.
-Ahí el Juano se para, me dice, «espera», se baja de la cama, abre un cajón y me saca el slip, se lo lleva a los morros y me dice «mira», será fetichista el cabrón o es que está superrayao. Estamos los dos en la cama, que aquí todas las habitaciones tienen una cama supergrande, yo con el boxer y él con el slip de la casa, que yo lo llamo así de coña porque casi todos lo tienen aquí, como el uniforme, yo me descojono pero no digo nada, es un slip muy mono, de dos colores, como marinero, casi náutico, Juas!-
Bueno, pues a lo que voy, me sigue contando que el Iván le metió la zarpa en la boca para mojar los dedos de saliva y fue
directamente a su culo y le metió primero un dedo y después otro. Al Juano le dolió un poco bastante, pero le dejó hacer y dice que veía las patas de su hermano, musculosas y morenas y pensó que podía tocarlas mientras su broder le metía los dedos por el culo y se notó empalmado de golpe y dice que era la primera vez que le pasaba aquello despierto, que sólo le había pasado dormido aguantando las ganas de mear porque si aguantaba bastante al final le daba un gusto de la ostia, lo típico, mientras se le aparecía la imagen del cristo desnudo de la estatua de la entrada de la iglesia. Joder!
-El Juano sigue rajando y se ha quedado mirando al techo y tocándose la polla, que ya casi la tiene a reventar y para salirse del uniforme. (Visto así, está muy bueno el Juano, no me extraña que folle tanto, a los tíos les gustan mucho los pavos así, sobre todo la parte que va desde la cintura hasta las rodillas la tiene acojonante y los pies también los tiene bonitos…) yo me pongo boca abajo porque con tanta cosa me estoy empezando a empalmar -siempre lo mismo- y no me apetece nada que se me vea.-
El Iván jadeaba mientras le mandaba al Juano que le agarrara fuerte la polla y él, estirándose, llegaba a poner los labios en la suya. La polla de su hermano le pareció enorme, porque no había visto otra y notó que si aflojaba un poco su mano la polla se movía sola y aquello lo dejó lelo y mientras pensaba la-polla-de-mihermano-se-mueve-sola empezó a sentir los porrazos de gusto que nunca había sentido despierto.
Los labios de su broder empujaban para abajo la piel de la polla y dejaban cada vez más grande el trozo de carne viva por el que pasaba la lengua dura haciendo círculos. El Juano no dice nada de eso, pero eso quiere decir que el cabrón del Iván ya sabía, digo yo. Y luego el Juano cuenta que sin darse cuenta se vio temblando y chillando, que no podía controlar los movimientos, ni la voz, ni su mano en la polla de su hermano, que el coco le decía que no podía soportar tanto placer, las películas de siempre, ya sabes, que las primeras veces, sobre todo la primera, justo antes de llegar, te parece que te vas a morir de gusto y eso… pues eso. Entonces el Iván le tapó la boca riéndose y le dijo en voz baja:
-Espera, tío, ahora vamos a corrernos juntos tú y yo…
Él dice, el Juano, que no sabía que todavía había más y que intentaba pensar lo que era correrse, porque no lo sabía y si se podía sentir más todavía. Yo creo que lo idealiza todo, pero bueno, le llegó el estallido prometido. A la vez que la polla de su hermano soltaba mogollón de leche, la suya, con tres hostiazos de placer que le duraron unos segundos eternos, se vació en la boca del otro. Y aquella siesta de verano todavía dio para mucho más porque dice que el Iván y él, abrochados y empapados de sudor, todavía sacaron otras dos pajas de puta madre. Al final de la última, agotadín, seguía agarrado al hermano, dándole mogollón de besos pequeños en su cuerpo desnudo y repitiendo como un gilipollas ‘gracias, gracias, gracias’… más tarde supo que aquello tan guay se llamaba orgasmo y le pareció que no merecía la pena su vida antes de haberlo conocido…
-Yo ya estoy mirando su polla todo el rato, buena gana, porque es que no-se-la-saca y está a tope, o sea, va a reventar ahí, yo creo, y, bueno, a mí qué me importa, al principio estaba yo seguro de que nos íbamos a agarrar y no salíamos de allí sin follar, pero ya veo que no, el chaval no está en ésas, está pensando en su hermano y ya está.-
Sigue contando que desde aquella tarde ya todo el verano sólo vivió por el sexo y para el sexo, así de fuerte. Esperaba neura cada tarde y cada noche para agarrarse al cuerpo de su hermano, el culo abierto y untado de crema para que los dedos del otro entraran enseguida y fácil y sin daño. Nunca intentó metérsela, no sabe si porque era mucha polla o porque su broder no quería pasar de ahí, y yo creo que lo que al final está buscando este pavo es que su hermano se lo folle, pero eso son cosas mías. Él estaba esperando todo el tiempo, todos los días, los momentos que tocaba entrar al cuarto, por la tarde y por la noche, con la polla empalmada nada más que de pensar lo que le esperaba después de la comida y de la cena, que ya le daba igual lo que comía -los bocados tragados deprisa y corriendo- ni los programas de la tele, para qué, ni los amigos de antes -ninguno como su hermano, ninguno-…
Luego ya nos metemos en tragedias y empieza a contar cuando llegó el día, al empezar el otoño, que el Iván se largó sin decir ni pío a nadie y el Juano se tiró a la calle a buscarlo, a preguntar, primero por todo Moratalaz, luego por dos o tres calles que le dijeron y acabó en la Casa de Campo porque le dijeron que el Iván iba allí a hacer chapas. No veía más que putas y le costó encontrar a los tíos, pero nada, arriba y abajo y cada vez más caliente. No había vuelto a tocarse desde que se fue el Iván, porque cada vez que se empalmaba le salía una voz en el cerebro que le decía que esa leche era sólo de su hermano y no la podía tocar. La gente, que se traba. Yo creo que aquí en la casa no saben nada de esto, que Juano no se lo ha contado a nadie y a mí sí sólo me lo cuenta porque yo conozco a Iván y porque sabe que me voy a largar.
Pues así tuvo su primer cliente, el Juano. Dice que no había pensado follar por pelas, que él sólo estaba buscando a su broder, pero que se juntó que tenía un calentón de la ostia y que también le hacían falta pelas, porque en casa no le daban un euro porque no aparecía y entonces un tío le entró y el Juano alucinó porque el hombre, su primer cliente, se corrió vivo en cuanto le puso las manos en los muslos, casi antes de que terminara de desnudarse para él, pero alucinó más todavía cuando se dio cuenta de que el otro ya no quería más, le tiraba un billete y se iba. El caso es que le dejó mucho más caliente de lo que estaba y aquella noche, no sabe cómo, acabó con la polla en la boca de un negro enorme y después de correrse dice que le dio un asco atroz y se sintió peor que nunca de mal y de solo y se echó a llorar pensando que no era capaz de encontrar a su hermano, pero, como la primera vez había sido tan fácil, pues siguió follando…
Al Iván no le encontró hasta muchos meses después, bajando de un coche de un desconocido y nada más echarle el ojo el Iván supo que estaba follando y le dio de ostias allí mismo, pero él, el Juano, tampoco era ya el mismo y no se dejó dar mucho. Ya no era un nene, se había puesto mucho en poco tiempo, nada más hay que verle ahora, y yo creo que si se dejó fostiar lo que fuera por el Iván fue por cariño, porque si no igual el que le da es él. Siguieron viéndose de vez en cuando, más que nada porque el Iván ya supo siempre por dónde andaba él y se veían cuando él quería y sabía de sobras que el Juano seguía follando pero nunca le volvió a decir nada de eso ya, hasta que un día:
-Juano, ¿tú cuánto sacas?
Se lo dijo
-¿Tanto?. ¿Cuánto cobras tú?
Se lo dijo
-¿Pero tú aguantas tanto? Joder!
-Sí…
-Verás. Es que yo ahora necesito pasta…
-Iván…
-¿Qué?
-Yo lo que quiero es estar contigo
-Vale, pero ahora no puede ser, Juano, comprendes. Después…
Luego le salió lo de la casa de Bilbo, un poco de carambola, y no es que gane más, pero lo gana siempre. Juano ha dejado de llorar y yo le he estado limpiando las lágrimas con un klinex, porque me he implicado bastante, y le acaricio el pelo también, todo el rato…
-¿Sabes, tío? Yo también me quedé colgao de tu broder.
-No jodas!
-Sin joder. Él follaba en una casa de Salamanca, el piso de la Mari, no sé si sabes y yo iba por allí también y yo no sé si serían las patas o qué pero desde que lo vi la primera vez ya supe como que me había entrao el Iván y cuando se quitaba siempre los boxers al salir de follar yo ya me empalmaba total y…
(Continuará)
