COCHE (EL PALANCAS)

Autor: Chapero16

Fecha original: 11 de marzo de 2008

Él hacía coches más que nada, porque es lo más rápido y es lo mejor, sobre todo en invierno y se saca más, qué bobada, aunque también es más peligroso. Los que quieren metértela generalmente te insertan estando ellos sentados y tú a caballo encima, a la contra, clavándote el volante en la espalda. Y los que quieren ser enculados ya se lo saben y se ponen en el asiento de atrás, y tú allí les das, o lo intentas, porque esto es más difícil que lo otro, pero lo haces…

Aquel día creyó que el tipo, que estaba en el asiento del conductor, se la iba a meter a él, ¿no? Y ya tenía los pantalones en los tobillos, y eso. Pero no…

-Quiero que te quites todo. Desnudo entero.

No le pareció mal eso. Cosas más raras piden. Lo que pasa es que hay que ser contorsionista para despelotarse ahí, en un coche por muy grande que sea, pero todos lo somos, ¿no? Luego lo peor, lo que suele pasar, es que el tío después de correrse le entre la prisa y no se espere y te tengas que bajar allí en bolas, con la ropa hecha un lío en una mano y la pasta en la otra, no sería la primera vez…

Y luego, cuando ya estaba despelotado del todo y empezaba a empalmarse (porque sí, porque él se empalma en cuanto se despelota, como casi todos: es su oficio) pues va y le dice el tío:

-Vale. Ahora métetela.

-¿Que me meta qué?

-La palanca, coño, la palanca.

-¿Pero tú alucinas o qué?

No se había fijado antes, pero la palanca de marchas era distinta, era como la de los coches de antes, alta y de metal, y la bola de arriba también, también era distinta. Fácil, pero había que aprovecharse un poco y no hizo nada, se quedó mirándola.

-Te pago el doble si hace falta. A mí eso es lo que me pone. ¿Vale chaval?

No contestó y lo que hizo fue prepararse un poco el culo, con saliva más que nada, pero tampoco hizo falta mucho porque aquello estaba preparado y él también, él siempre estaba, y entró de la ostia, como aquella vez que le metieron un bastón y entró como una flecha y luego dio en el tope y luego él se curvó y entró otro trozo más, él sabía hacerlo, hasta donde nunca llegaban las pollas. Más. Aquí no podía hacer quiebros, pero entraba mucho más de lo que parecía y enseguida se quedó superempalmado, seguramente la bola le estaba tocando de lleno y el peso del cuerpo aumentaba bastante la presión. Y mientras pensaba eso, pensaba también: “¿Qué querrá ahora este hijo de puta?”

-Sube y baja, joder, sube y baja. Follátela. Fóllatela!

Y lo hizo. Tenía el sitio justo para poner los pies, descalzos, flexionados. Probó con las manos en varios sitios y donde mejor estaban era encima de los muslos. El tío se bajó los pantalones y salió un pollón inesperado.

-Chúpamela. Chúpamela a la vez. Vamos!

Y lo hizo. Tuvo que llevar las manos a las caderas del tío y bajar mucho la cabeza sin dejar de encularse la palanca y al principio le costó, pero luego cogió el ritmo y el tío le cogió la cabeza con las dos manos y tenía tanta fuerza el cabrón que ya era él el que le movía el cuerpo entero… hasta que se corrió. Se le corrió en la cara, sin avisar, sin decir nada. Y no tenía con qué limpiarse, con qué quitarse aquello…

-Vamos, ahora tú. Ahora córrete tú.

-No…

-¿Cómo que no?

-No quiero correrme. Tengo que trabajar mucho más…

-Nanay, monada. Te estoy pagando el doble. Te vas a correr…

Y le agarró la polla, que seguía superempalmada y empezó a darle y él no hizo nada por evitarlo. No podía. Normalmente no se corría en los coches y tampoco la chupaba, pero esta vez le habían cogido… se corrió con mucha fuerza y antes avisó y dijo “me voy” pero el tío no se retiró nada y le cayó todo encima de la camisa, una camisa a listas blancas y rosas que no se la había quitado y dijo: ”Joder”. Luego sólo le dio tiempo a meterse el vaquero y las zapas, hacía tiempo que no llevaba nada debajo en los coches y la chupa colgando y todo revuelto y…

-Va chaval. Yo suelo venir por aquí los viernes y los sábados y algún día entre semana y lo que me gusta es esto, o sea que ya sabes. ¿Vale?

-Vale.

Unos días después estaba en la acera y arrimó un coche desconocido a toda ostia y le frenó a lo bestia y bajó la ventanilla.

-¿Tú eres El Palancas? Sube!

Y un par de horas después, cuando ya no podía más de rasca y entró en el bar estaban dos de los de todas las noches y uno le dio un pase en el hombro y le dijo:

-¿Qué pasa, Palancas? ¿Quieres un tirito?

A mí, cuando me lo contó, cuando me contó la cosa, le dije:

-Joder! ¿Y te dejas? ¿Dejas que te llamen así estos cabrones?

-¿Y a mí qué más me da? Follo el doble y cobro mucho más, ¿no? Lo peor es que tengo que correrme más veces, pero se hace. Para eso estamos, ¿no? Y te lo juro, tío, cada vez prefiero más las palancas a las pollas…

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