Con la familia (IV)

Llegué a mi casa sobre las 6 de la tarde y la encontré vacía. Aún no había vuelto nadie, así que me senté en el sofá a ver un poco la tele; pero no encontré nada que valiera la pena y me vino a la mente lo acaecido en ese mismo lugar un par de días antes; así que, en vista del calentón que iba a coger, decidí subirme y darme una buena ducha.
Cuando ya estaba dentro, todo empalmado, oí entrar a alguien y, a los dos minutos, asomó mi hermano por la puerta. No lo oí venir y me pilló jugando con mi polla en plena erección; no era algo nuevo, ya que alguna vez nos habíamos pajeado juntos, aunque noté que desviaba su mirada hacia mi miembro y parecía incómodo; me dijo que ya había llegado y salió rápidamente. Pero aquello acabó con toda la excitación, así que terminé de ducharme y salí con la toalla en la cintura; encontrando a mi hermano en mi habitación rebuscando ropa en el armario; no obstante, me di cuenta que hacía algo muy raro: ponía la ropa que sacaba sobre una pila de libros que había encima de la mesa, y no sobre la cama; así que pasó lo que tenía que pasar, que aquello se derrumbó: todos los libros y toda la ropa por el suelo.
Mi hermano se giró y se puso a recoger, yo me agaché a su lado refunfuñando:

  • ¿Por qué lo has amontonado todo?
  • Yo lo pongo donde quiero, es mi ropa.
  • ¡Pero eran mis libros! – dije cogiendo unos pantalones y dejándolos sobre mi cama.

En ese momento mi hermano se levantó y cogió violentamente los pantalones y salió. Yo me quedé alucinado y salí detrás de él para preguntarle quién iba a recoger mis libros, entré en su habitación y lo cogí por la espalda; cuando giró tenía una cara extraña, entre el enfado, la incertidumbre y el lloro. Me apartó de un manotazo y se sentó en su cama abatido. Algo grave le pasaba; me senté a su lado, me acerqué e intenté rodearlo con un gesto cariñoso, pero me apartó y me miró con una mezcla de tristeza e incredulidad. Yo me indigné:

  • ¿Qué coño te pasa? ¿Por qué tiras todos mis libros y ahora me apartas así?
  • No me pasa nada, déjame en paz.
  • Joder, si no me dices que te pasa no puedo ayudarte…
  • Déjame… – dijo apartando la mirada.
  • Tete… Dime qué pasa… – noté que estaba llorando.

Me miró seriamente, con sus ojos brillantes; para mí era muy impactante ver a mi hermano, un tío grande y fuerte llorando.

  • Es que…

Acerqué mi mano, pero se apartó, aunque no tan violentamente como antes; yo no sabía que hacer…

  • Verás… Esta mañana…

Se me cayó el mundo a mis pies. Esta mañana. Mi padre. Nos había visto. En ese momento me quedé de piedra. Ahora sí que ya no sabía que decir, no sabía como actuar. No estaba preparado para algo así.

  • Esta mañana os he visto, a ti y a papá… No sé ni como decirlo, es muy fuerte.
  • Verás… Es que yo… Nosotros… – No sabía que decir, como justificarme… -; ¿es por eso que te apartas de mí? ¿Te doy asco?
  • No… – Me miró a los ojos -, ¿cómo vas a darme asco? Eres mi hermano pequeño. Es que…
  • ¿¡Es que qué!? Joder, no sé qué decir… No sé cómo explicar esto. Pasó y ya está.
  • ¿Fue la primera vez que hacías algo?
  • No. Todo empezó hace un par de días en el sofá y… La cosa ha ido en aumento…
  • Joder… Es que es algo que no me entra en la cabeza… ¡Mi padre y mi hermano pequeño! Y encima yo… Yo… – Se echó a llorar.
  • ¿Tú qué? ¿Qué pasa? ¿Por qué te atormentas tanto? La culpa es mía, no tuya.
  • Yo… Me excité… – Dijo, y luego me señaló con su mirada que bajara mi vista.

Miré su paquete, mi hermano tenía una erección enorme. Ahora sí que estaba descolocado, hubiera esperado cualquier cosa pero no esto; mi hermano mayor, no podía ser. La idea me aterraba, pero también me excitaba.

  • ¿Entiendes? No sé lo que me pasa; esta mañana he excitado al veros y ahora, al verte en la ducha… Jamás me había pasado; estoy asustado – y rompió a llorar abrazándose a mí.

Yo le abracé, ¿qué iba a hacer? Mi mente era un torrente de ideas: mi padre, mi hermano mirando, y ahora lo tenía sobre mí; no sabía que hacer, sólo llevaba una toalla, no podía pensar en eso. Miré la entrepierna de mi hermano, aunque menos evidente, su erección aún estaba ahí. Mi excitación contenida volvió, mi polla reaccionó y yo me quedé petrificado. ¿Y si se daba cuenta? Me tomaría por un cerdo… Mi polla empezaba a notarse, tenía que acabar con esto.

  • Me tengo que ir. Tengo q pensar en todo esto.

A continuación me lo quité de encima y me levanté rápidamente, pero él intentó detenerme, quedándose con la toalla en la mano y con mi culo delante de su cara. Yo me quedé quieto, si me giraba vería que mi polla estaba creciendo por momentos. Me arriesgué; intenté hacerme con la toalla, y lo conseguí. La tuve en mis manos, pude haber salido, pero miré la cara de mi hermano. Tenía la mirada fija en mi polla, que estaba ya bastante crecida. Alargó su mano y la tocó. Yo me acerqué lentamente y dejé que la tuviera toda en su mano, que la acariciara y la descapullara lentamente. Cuando tuvo mi polla totalmente dura delante de su cara levantó su mirada y asintió. Todo era cuestión de probar.
Se la metió en la boca; su inexperiencia era más que patente, pero tal vez eso le aportaba más morbo. Chupaba con ansia, como si hubiera estado deseándolo toda la vida, como si fueran a quitársela de las manos. A ese ritmo iba a correrme enseguida, así que con delicadeza lo aparté y le di un beso.

  • Vamos a estar en igualdad de condiciones hermanito.

Y diciendo esto le empecé a quitar la ropa. Si ya se le veía una buena polla con ropa, sin ella el miembro que apareció ante mí era algo enorme, más o menos como la de mi padre, pero más gruesa. Así que, nos tumbamos e iniciamos un 69 bestial. La polla de mi hermano estaba durísima y apenas pude meterme la mitad en la boca. Además, él seguía mamando como un descosido, lo cual me impedía concentrarme; así que opte por abandonarme al placer, y luego ya terminaría con aquel trancón, al que no le podía quedar mucho. Así que mamando lentamente la polla de mi hermano me corrí en su boca, corrida que tragó entera sin dejar ni una gota. Una vez noté que se calmaba volví a la carga con todas mis fuerzas y, en menos de un minuto, mi hermano descargaba toda su leche, que yo tragué gustosamente hasta que su polla empezó a encogerse dentro de mi boca.
Me giré y le di un beso, me miró y dijo:

  • No sé que pensar de todo esto. Ha sido genial, pero eres mi hermano. ¿Qué le diremos a papá?
  • No tenemos porque decirle nada…
  • Yo creo que sí – dijo mirándome pícaramente.

Aquel era mi hermano, el que yo conocía. Ahí estaba, y esta vez dispuesto a todo, pero no con una tía, sino con su padre y su hermano; porque lo que había pasado no era más que el comienzo de unos días muy interesantes.

CONTINUARÁ…

miguelete_am89@hotmail.com

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