Diego y Martín

Mientras Diego estaba de vacaciones empezó a reflexionar un poco sobre su vida. Tenía ya al menos 4 años que se había dado cuenta que no era un chico común como sus demás amigos. A sus 17 años estaba completamente seguro de que era un chico gay, la verdad estaba feliz siendo como era, había aprendido a aceptarse y no sufría por no ser «normal». Diego era un muchacho de piel blanca, cabello negro y unos extraños y sensuales ojos azules, medía 1.80 de estatura y todo esto sumado a su cuerpo acostumbrado a hacer ejercicio regularmente, lo hacían ser alguien muy bien parecido, alguien con quien cualquier chica quisiera vivir un romance o al menos una relación física. Sin embargo, lo de Diego no eran las chicas y en su corazón había un sentimiento muy fuerte, él era virgen y ahora estaba necesitado de amor. Como seguía encerrado en el clóset, no podía manifestarse abiertamente y eso lo hacía sentirse a menudo muy triste y desesperado. Solía soñar y tener fantasías en las que tenía sexo con alguno de sus amigos, con artistas famosos o con personajes inventados. El masturbarse ya no lo satisfacía completamente y lo hacía sentirse inmaduro, él quería tener una relación intensa con alguien de su mismo sexo. Para aprovechar sus días libres, pidió trabajo en el McDonald’s que estaba en el centro comercial que quedaba cerca de su casa. Tenía la idea de que al menos trabajando podría olvidarse un poco de su situación. Ahí casi todos los empleados eran chicas y muchas empezaban a hacer comentarios sobre lo bien que estaba Diego el nuevo empleado. A menudo algunas de las clientas también le coqueteaban. Siguió pasando un tiempo, ahí él aprendió a preparar hamburguesas y a manejar la caja registradora, además de que hizo amistad con todas las chicas. Tres semanas después se les avisó que llegaría un nuevo empleado para sustituir a una tal Mary. En el momento en que Diego vio al nuevo empleado, su corazón empezó a latir con fuerza, un muchacho de unos 16 o 17 años de piel blanca, pelo castaño claro y ojos verdes, todo un ángel. – Diego, él es Martín, por favor enséñale a servir los McTríos- le dijo el supervisor. – “Martín”- pensó- Por supuesto que sí- exclamó. – Mira primero vas a tomar la charola y después…- y comenzó a explicarle cómo funcionaba el local. Estaba muy contento trabajando con el nuevo empleado. Martín aprendió muy rápido y con el paso de los días se conocieron muy bien. Martín era nuevo en la Ciudad de México, venía de Cuernavaca. Diego le habló mucho sobre la vida en el Distrito Federal y sobre él mismo. – Así que ya acabaste la prepa- dijo Martín- A mí me falta un año ya casi termino. -Qué bien. Oye ¿y en este momento sales con alguien?- Preguntó Diego para saber de una vez por todas si su prospecto estaba ocupado. -No, no te digo que acabo de llegar, no conozco a nadie- Respondió Martín tranquilamente. Pasadas dos semanas después de la llegada de Martín, empezaron a ser muy buenos amigos. Tenían bastantes cosas en común, ambos eran chicos que les gustaba seguir la onda “fresa”, o sea eran de buena familia con buena posición económica. Además compartían sus gustos musicales, eran amantes del buen cine y los enloquecía salir de compras a los centros comerciales. Diego no tardó en darse cuenta de que estaba enamorado de Martín, nunca había sentido algo parecido, todo el tiempo quería estar junto a él y ver sus lindos ojos, su cuerpo delgado y su trasero sexy. Ahora se enfrentaba a un problema, tenía todas las ganas de hablar con él y confesarle sus verdaderos sentimientos, pero lo detenía el miedo a ser rechazado y perder la bella amistad y el miedo a que Martín corriera a gritarle a todo el mundo que Diego era gay, eso sí sería terrible tenerse que enfrentar al rechazo de todo el mundo “¡Qué hago!”, pensaba. Aunque Diego de alguna forma sentía que Martín tampoco era un muchacho completamente heterosexual. En muchas ocasiones Diego lo tocaba mucho, le acariciaba el cabello, a veces le hacía bromas un tanto pícaras (como mojarlo con agua, o hacerle cosquillas) y cuando iban al cine, aprovechaba la oscuridad para juntar su brazo con el de él y pegar su rodilla con la suya. Martín nunca protestó a esto y a veces le correspondía a sus juegos, en el cine nunca apartaba su brazo ni su rodilla de la de su amigo. A menudo Diego sentía que Martín lo veía mucho, fijamente, interesado. Una vez Martín le pidió a Diego que lo acompañara a comprar algo de ropa, ya que quería actualizarse en cuanto a moda. Por supuesto que este aceptó de inmediato. Se dirigieron a uno de los centros comerciales más grandes de la Ciudad de México, la plaza Santa Fe. Ahí pasaron gran parte del día viendo y escogiendo entre distintas prendas. Diego aprovechó para probarse algunas cosas, le encantaba entrar con Martín a los probadores. Como ninguno de los dos estaba legalmente autorizado para manejar, decidieron tomar un taxi. – Acompáñame a mi casa, quédate a comer- Dijo Martín – Pero ¿no habrá problemas con tus padres?- – No, en este momento no hay nadie, mi papá llega en la noche y mi mamá se fue con mi abuelita a Cuernavaca- – Entonces tendremos que cocinar nosotros- dijo Diego – Pues, tengo comida congelada de microondas- respondió Martín- Si no te importa. – No, para nada. Déjame pensar, en este momento son las tres de la tarde. ¡Está bien!, tengo que llegar a las seis a mi casa. Diego estaba tan emocionado que no lo creía. “Voy a pasar una tarde en casa de Martín”. Sabía que no pasaría nada entre ellos, pero al menos podría estar un rato cerca de él. Llegaron a la casa de Martín, en una zona residencial muy bonita. Su casa era grande y tenía una alberca de buen tamaño, además de un jardín amplio. – Vamos a mi cuarto- Propuso, Martín – OK- asintió Diego. El cuarto de Martín era grande, tenía una cama amplia, un clóset muy alto y un baño propio. Las paredes estaban adornadas con posters. – Mira- dijo Martín mientras abría una de las bolsas que traía. De ellas sacó una playera azul claro. – ¿Te la compraste?, a mí también me gustó mucho- dijo Diego – No, vi que te gustó, es para ti- – No, ¿cómo crees?, no te la puedo aceptar. Si no me la llevé fue porque no traía dinero en ese momento, pero luego pensaba regresar por ella- – Es un detalle pequeño para agradecerte lo buena onda que te has portado conmigo, me has ayudado a trabajar en el Mc Donald’s y gracias a ti ya sé moverme por el Distrito Federal. Toma- explicó Martín mientras le daba la playera. – Bueno, pero no tienes que agradecerme nada, al contrario, no había conocido a alguien como tú, eres un chavo muy especial, gracias a ti mis vacaciones han sido muy padres. (padre = entretenidas, divertidas). – ¿Por qué no te la pruebas?- le pidió Martín – Ok- Diego se quitó su playera y se puso la que le regaló su amigo, se le veía muy bien y le hacía resaltar su buen cuerpo. – Se te ve bien- dijo Martín. – Tú también pruébate algo- dijo Diego esperando poder ver su cuerpo de nuevo. Martín sacó unos jeans azul marino y se dispuso a probárselos. Para eso se desabrochó el pantalón que tenía puesto y se lo bajó quedándose en ropa interior, unos bóxer ajustados color blanco. Diego no pudo evitar ver fijamente a su amigo, el pequeño bulto que se le marcaba en sus bóxers no era lo más grande que había visto, pero era de un muy buen tamaño. Vio sus piernas con un poco de vello en la parte inferior y luego trató de observar su trasero, ese trasero que tanto le gustaba. Inesperadamente empezó a sentir una tremenda erección que no podía disimular ya que llevaba puesto un pantalón negro un poco ajustado. – Voy a pasar a tu baño- le dijo a Martín para evitar que este se diera cuenta de lo que le pasaba. – Sí, pásale- respondió este. Diego entró al baño, se miró al espejo fijamente y se dijo a sí mismo en voz muy baja: “Cálmate, piensa en otra cosa, piensa en otra cosa. A ver, a ver… ¡la señora gorda que vende tacos en la esquina de la escuela!, vamos Diego cálmate”. Se esperó como dos minutos a que se le bajara la erección, respiró profundo y se atrevió a salir del baño. Afuera Martín lo esperaba. Pero cuando salió y vio a su amigo con sus nuevos jeans un poco ajustados y con el torso descubierto volvió a excitarse. No pudo evitarlo y casi sin pensarlo le dijo: – ¡te ves guapísimo! Diego se sintió mal. No debió de haber dicho eso, rápidamente pensó en como arreglarlo para que no se viera tan obvio: – Eeeh… Se te ve muy bien- – Gracias, tú también te ves guapísimo- respondió Martín Diego se sonrojó, no pudo controlarse y esta vez no pudo disimular su erección, además de que vio fijamente a Martín de pies a cabeza. – ¡Ja ja ja ja!- se rió Martín- – ¿Qué onda?- preguntó Diego tratando de cubrirse con las manos. – Oye, se te paró solo con verme- – No, lo que pasa es que en el baño…- – A mí también, casi desde que te probaste la playera- lo interrumpió al tiempo que se le acercaba y ponía su mano en el pecho de Diego- Y te veías muy sexy. Diego no resistió más, miró fijamente a Martín con sus ojos azules y rápidamente colocó sus labios sobre los de él. Martín reaccionó igual y se dieron un beso que duró un buen rato, al mismo tiempo que se acariciaban mutuamente todas las partes de su cuerpo, las mejillas, sus cabellos, la espalda, su abdomen, su trasero y finalmente se separaron mientras se veían el uno al otro con pasión y deseo. – Te quiero mucho- dijo Martín – Yo te amo- contestó Diego- Me gustaste desde la primera vez que te vi. – Igual tú a mí. Pero no sabía si yo te atraía también. Llegué a pensar que nunca podría hacer contigo lo que acabamos de hacer. – Yo tenía miedo a que me rechazaras y que le contaras a todos que me gustan los chicos- – Igual yo, pero veo que a los dos nos atraen los hombres- dijo Martín. – ¿Quieres hacer algo más intenso?- Preguntó Diego – ¡Por supuesto!- contestó Martín. Entonces Diego dirigió su mano hacia el miembro de Martín que se encontraba todavía abajo de sus nuevos jeans y empezó a acariciarlo, Martín hizo lo mismo y con la otra mano levantó la playera de Diego, hasta dejar su abdomen descubierto. Volvieron a besarse esta vez más fuertemente y siguieron acariciándose. Pronto los dos tenían el torso descubierto y esta vez se besaban en el cuello, el pecho, las axilas. Mientras tanto, con pantalón puesto frotaban sus miembros erectos uno contra el otro. Martín se agachó para besar el abdomen de Diego, empezó a bajar más y desabrochó su pantalón. Dejando a Diego en ropa interior, con un bóxer flojo color guinda. Buscó una abertura y por ahí extrajo delicadamente el pene de su amigo. Un miembro tamaño estándar, muy apetecible. Lo acarició unos segundos con las dos manos y luego lo introdujo en su boca. Diego hizo una exclamación de placer. Martín comenzó a succionar esa sabrosa verga y a menudo la frotaba con su mano. Diego no aguantó más, volvió a exclamar placer en voz baja, su cuerpo se puso rojo e inmediatamente eyaculó una buena cantidad de semen el cual salpicó el pecho de Martín quien seguía frotando el pene de su amigo. – Me toca- dijo Diego. Diego desabrochó el pantalón de Martín, se lo bajó y le indicó que se acostara sobre la alfombra de su cuarto. Inmediatamente empezó a lamer el semen que derramó sobre su pecho y mientras con la otra mano acariciaba su miembro. Martín se relajó y su respiración se hizo más pesada. Después, Diego besó todo el cuerpo de Martín hasta acabar en su pelvis, todavía cubierta por su ropa interior. Bajó su bóxer y dejó a la vista un hermoso miembro color rosado, tamaño mediano. Lo vio, sonrió y lo besó en la parte superior para después introducírselo en la boca. Luego de algunos minutos, Diego se encontraba masturbando deliciosamente a Martín mientras este acariciaba su cabello y se dejaba amar. No pasó mucho tiempo para que Martín se corriera en la boca de Diego, y también hizo una exclamación de placer. Después, recostados en la alfombra, se miraron tiernamente, sonrieron y se dieron un beso apasionado. – Oops!- exclamó Martín – ¿Qué pasó?- preguntó Diego – Se me olvidó ponerle seguro a la puerta. Qué tal si llega mi madre en este momento- Corrió a cerrarla y luego se rió. Diego también lo hizo. – Bien, ¿y ahora qué vamos a hacer de nuestras vidas?- preguntó Martín – Pues me encantaría gritarle a todo el mundo que soy gay y que estoy enamorado de Martín Portales- – Igual a mí, pero por ahora prefiero mantenerlo en secreto. Es más emocionante ¿no crees?- – Sí, estoy de acuerdo, mantengámoslo en secreto y mientras nos amaremos a escondidas- – ¿Piensas decirle algún día a tus conocidos que eres gay?- Preguntó Martín – Tal vez, me esperaré a cumplir la mayoría de edad- respondió Diego. Martín prendió su estéreo. – Oh, ¡es Madonna!- exclamó Diego. – Sí, esa rola me encanta- Se vistieron lentamente y después juntos trataron de limpiar el cuarto, por si había quedado alguna marca de semen que delatara que algo pasó ahí. Martín se le quedó viendo fijamente a su amigo – ¿Qué?- preguntó este – No lo puedo creer ¡estás guapísimo!- respondió – Tú también. Por cierto no te lo he dicho ¿Quisieras ser mi chico?, o sea, mi novio- Preguntó Diego – Déjame pensarlo… ¡sí por supuesto que sí!- – Ya me dio un poco de hambre- – Vamos a comer algo- contestó Martín.- Tengo pizza de microondas, está deliciosa… Salieron del cuarto y bajaron en dirección a la cocina. – Ahora que somos novios tendremos que ser fieles el uno al otro- dijo Diego – Sí, estoy de acuerdo- – Por cierto “corazón”. Ahora me toca invitarte a ti ¿vas a hacer algo este fin de semana? – No ¿por qué?- – ¿Quisieras ir a mi casa de Guanajuato?. Voy a ver a mi abuela. Ella vive sola y ya está grande, podemos pasarla muy padre. Podemos ir a nadar, a pasear por el centro de la ciudad, a tomar un helado… – Pues sí, me gustaría. ¡Voy a pedir permiso!- – OK- finalizó Diego- Entraron a la cocina, estuvieron un rato hasta que Diego tuvo que irse a su casa. Había encontrado el amor por fin. Desde ese día siempre se le veía una sonrisa en su bello rostro. ¡Era el chico más feliz del mundo!. alex_ortizzz@hotmail.com