EL CUADRO (II)

Chapero16

Fecha original: 18 de enero de 2006

La verdad, era de lo más mono que he visto en hombres, y a mí no me gustan los hombres o más bien me gustan sólo un poco. Luego, los demás dijeron todos que estaba bueniiiiisimo. No sé. Unos 50 años, delgado, ligeramente moreno, el pelo muy gris como cortado al descuido, la mirada ni clara ni oscura. Saludó simplemente con un movimiento amplio de la mano antes de sentarse y a mí me pareció de director de orquesta y lo mismo es que lo es, director de orquesta, digo. Lo más fácil es que se me ocurriera eso porque estaba sonando Mozart. Eso sí lo sé, porque cuando suena Mozart lo sé, lo distingo… Luego, llevaba una camisa guay de algodón arrugada adrede o así, un pantalón muy amplio que estaba MB y zapatos ingleses, de cordones, que eso también lo sé. Tenía mucha clase, eso sí, y estaba en su casa, eso también…

A mí se me bajó enseguida y me mordí los labios de la rabia que me dio, pero el caso es que él nos miraba un poco sonriente, como divertido y entonces, como lo estaba pasando mal yo, ya lo perdí un poco de vista porque me tiré total al culo de Jimmy. Yo qué sé, me refugié un poco allí, porque además tenía que volver a

ponerme, porque aquello no era plan. Y funcionó, porque comiéndole el culo a Jimmy me volví a poner enseguida. Estas cosas con un desconocido no las hago, pero con el Jimmy sí… (Otro INTERMEDIO, sorry. Me preguntan bastante esto y el otro día se me olvidó contestarlo. Para comer el culo usar desodorante con dermoprotector que no tenga nada de alcohol (no se aguanta) ni nada de perfume (hay que chupar) y que sea a base de microtalco. Hay muchos… y para una prisa lo que tienes que hacer es frotar con un preser de sabor, que da muy buen resultado, mejor si es de fresa, OK.)

Cuando levantaba el cabezo veía a M y N que estaban haciendo MB su papel, besándose entre ellos, dándole a Jimmy con la polla en la boca, tocándole las tetitas y acariciándole el pelito y besándole la orejita, todo muy profesional. Yo ya había cogido el ritmo y empecé a prepararme un poco para metérsela al Jimmy, prepararme yo, digo, porque en esto el Jimmy tampoco tiene problemas, lo sé yo, y se abre enseguida. Yo estoy feliz cuando no tengo que usar goma porque las gomas no me gustan ni poco ni mucho ni nada, ni en mi polla ni en mi culo. Lo siento pero es así y me he propuesto ser sincero en todo y ya sé que me lo van a criticar, pero ya dije que SIEMPRE uso gomas, lo que no quita que estoy encantaaaaaado cuando no las tengo que usar. Bueno, pues yo ya estaba metiéndosela al Jimmy cuando, zas!, se me volvió a bajar del todo porque entró EL OTRO.

El otro era un chico como de 20, jersey de cuello redondo, todo de gris oscuro y negro, pelo moreno muy corto, zapatos ingleses, todos los zapatos eran ingleses allí, ojos de gato y boca preciosa, boca de niña, boca de nena, boca, boca… éste no saludó ni nada. Se sentó enfrente del hombre, como si no le estuvieran esperando, como si hubiera entrado allí por casualidad, o sea… yo me fijaba en que M y N seguían a lo suyo, como si allí no pasara nada y Jimmy también. Bueno, Jimmy es que sólo podía verme a mí, o sea, lo que hay encima de mi polla y un poco las pollas de ellos cuando las acercaban a su boca… era yo el único que me salía del cuadro. El hombre y el chico se miraban mucho más entre ellos, me fijé, de lo que nos miraban a nosotros, sobre todo el chico, que resbalaba su mirada por las fotos de las paredes, por nosotros sin detenerse -ni en nuestros cuerpos ni en nuestras pollas, ni en nuestras piernas ni…- y volvía a quedarse en la cara de él, del hombre, que sonreía otra vez un poco divertido, o distraído, o quizá aburrido… por más vueltas que yo le podía dar al coco no podía yo entender aquello. ¿De qué iban? ¿Para qué nos querían?

¿Por qué no nos hacían NI CASO? Yo que en mis peores ratos me había temido que iban a salir de allí dos viejos que se iban a poner a follarnos y a meterse en el cuadro… mejor, ¿no? Pero ¡a mí no me gusta que me ignoren!

Me fui cabreando poco a poco, más y más. Jimmy estaba totalmente excitado, por cómo respiraba y yo creo que haciendo esfuerzos ya para no correrse y durar más. M y N comiéndose los dos como ya dije un día que hacen los negros, a lo bestia, y aún así M había puesto el culo encima de la boca de Jimmy, para que le diera… profesionales son un rato, desde luego.

Y yo me mosqueé más todavía cuando el hombre se levantó y se fue, despidiéndose con otro movimiento de mano que parecía un compás. El chico le despidió con la mirada y luego se puso a mirarnos con algún interés, pero duró poco. Me corrí, porque no controlé, encima de Jimmy, que se descojonaba de mí el cabrón y luego hice lo que habíamos dicho, seguir. Un rato después el chico se levantó y se fue dando también un poco con la mano y nos quedamos solos y seguimos, ellos porque seguían excitados, mucho, y yo por inercia, pero ya se me fue pasando el mosqueo y me gustaba cada vez más ver a M y N el ritmo de baile que habían cogido y a Jimmy, yo le tenía la mano dentro, con la polla a punto de reventar y gozando como un enano…

Paramos porque entró el mayordomo y nos dijo, mirándome a los ojos como si no viera nada, que nos podíamos duchar en la piscina. Y salimos. Bueno, LA PISCINA eran toda clase de spas de todos los tamaños, formas y colores. Seguía sonando Mozart, más rapidito y M y N se volvieron a liar nada más salir del agua. Yo estaba algo lejos y era guay, de verdad, ver a estos chicos comerse otra vez en aquel escenario. Jimmy estaba cargado, claro, se acabó de poner con lo que veía y me llamó. Tiene confianza y yo ya estaba recuperado y nos pusimos en una de las hamacas que había, unas hamacas preciosas y grandísimas de caña y lona amarilla y entonces ya se la metí a Jimmy sin muchos preparatorios, porque era lo que estábamos deseando y me encanta verle cuando se pone a morderse los labios porque eso quiere decir que le están dando bien. Le conozco mucho yo al Jimmy.

Nos habíamos puesto, además, para poder vernos todos y yo estaba, ya digo, dentro de Jimmy y dándole boca cuando vi que N volvía mucho la cabeza y seguí la mirada y vi que entraba el chico, el joven, nos saludaba con la mano desde lejos, se quedaba un momento al borde de la piscina grande, llevaba un bañador tope clásico y tenía un cuerpo absolutamente perfecto el cabrón, pero todo tan OK que A MÍ NO ME DECÍA NADA, la verdad. Saltó de cabeza con estilo impecable, se hizo varios largos a toda mecha con el mismo estilo impecable y luego pasó por una ducha caliente sin quitarse el bañador y se largó. Yo seguía alucinando, pero a mí no me estropeaba ya el polvo y a los demás tampoco…

Cuando, mucho rato después de follar y jugar, fuimos a vestirnos, el cheque estaba allí, al lado de la tarjeta de los taxis, una botella de cava en un enfriador y una bandejita con rochés y aftereights. No vimos a nadie más.

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