He llegado a casa

Tiene la piel blanca, del color de la luna, tiene los ojos del color de la miel, y tiene los labios rojos, del color de la pasión. Nunca pensé que llegaría a enamorarme de él, pero poco a poco, me robó el corazón. Día a día, me fue ganando, y hoy no puedo dejar de pensar en él. Le conocí en América, en el continente de las maravillas, en Latinoamérica, el lugar donde viven los chicos más hermosos y calientes del mundo. Y es que nunca me cansaré de admirar las bellezas de Latinoamérica. Me gustan los chicos mexicanos, con sus rasgos aztecas, los centroamericanos, los de más al sur y sobre todo, me gustan los chicos caribeños. Piel ligeramente oscura, ojos rasgados y la mayoría con una verga de enormes proporciones. Me gustan cuando son adolescentes, sin vello en el cuerpo, pieles suaves, limpias, que me maravillan y me hacen desear acariciarlas. Me gusta besarlos, por todo el cuerpo, disfrutando de su calor y su pasión. Pero nunca pensé que iba a enamorarme de ese chico, recuerdo la primera vez que lo vi, apenas si me fijé en él, una flor más en medio de un ramillete lleno de flores aún más hermosas. Pasé mucho tiempo colaborando con ese proyecto de ayuda a niños de la calle, aunque no eran los niños los que llamaban mi atención, sino los adolescentes. Tres años de mi vida dediqué a ese proyecto, y para mí fue un tiempo maravilloso. Mantuve relaciones con varios de los chicos, algunos me tocaron el corazón, y todos, todos los cuerpos que pude disfrutar, me parecieron maravillosos. ¿Puede haber algo más hermoso que un adolescente? Uno de esos chicos, uno de los «especiales» fue Javi; era una combinación explosiva, rubio, piel morena por el sol del caribe, un cuerpo fuerte, pero con los músculos apenas comenzando a definirse. Estaba conmigo en mi casa viendo una película, Anaconda, mi sorpresa y alegría vino más tarde, ese mismo día, cuando descubrí que debajo de sus pantalones se escondía una autentica anaconda, y esta era real, sin efectos especiales. Todavía cuando cierro los ojos, puedo recordar su sabor y olor, la suavidad de su cuerpo y el sonido de sus risas. Sí, estar en la cama con Javi era todo diversión, al chico le gustaba jugar, y me volvía loco. Algunos días, se negaba a que le tocara, otros solo me permitía tocar y besar su verga, muy pocas veces me permitió acariciar y besar su culo, un hermoso culo blanco, suave y apretado; y me volvió loco. A veces le gustaba jugar conmigo y me calentaba al limite de la explosión, para luego retirarse y alejarse de mí. Hasta que llegó el día en que no pude soportarlo más y lo violé, al menos eso creí al principio, lo arrojé contra la cama, y me lancé sobre él, ciego de pasión, dispuesto a todo ya que no podía soportar por más tiempo ver ese culo frente a mí sin comérmelo. Entré en su cuerpo con facilidad, al primer intento y cuando comencé a bombear dentro de él me di cuenta de que el maldito colaboraba conmigo para hacer la penetración más profunda, cada vez, levantaba su culo hacia arriba, mientras se masturbaba furiosamente. No me pude contener por mucho tiempo, estaba loco de deseo y mientras mis manos no paraban de acariciarlo, me vacié dentro de su culo, al tiempo que le mordía y besaba furiosamente la espalda. Sentí como él llegaba también al clímax, apretaba mi verga con sus nalgas furiosamente al tiempo que lanzaba débiles quejidos. Nos separamos, salí de su cuerpo y cuando me dejé caer en la cama, él se acercó y me dio un beso, se acurrucó contra mí y se quedó dormido, sonriendo en sueños. Seguro que pensando que por fin me había vuelto loco. Acertó, estuve loco por él mucho tiempo, casi un año. Javi, poco a poco se fue alejando de mí, ya no venía tan a menudo por mi casa. Comenzó a salir con una chica, que ahora es su novia. Manu, era distinto, moreno, pequeño de estatura, y apenas entrando en la adolescencia, él acostumbraba a venir por mi casa los domingos, y desde luego ese era el mejor día de la semana. En su momento me inspiró un relato, cuando recuerdo su sonrisa y sus ojos pícaros, tengo ganas de salir corriendo a su lado. Otros chicos me hicieron disfrutar a su lado, con ellos descubrí lo maravillosa que es América, sin duda el continente de mis sueños y donde por fin pude disfrutar la vida. Pero hubo uno especial, hay uno especial, que poco a poco, día a día se ha ido ganando mi corazón. Si, era solo una flor más dentro de un hermoso ramillete, pero desde el primer día en que llegué al proyecto, el chico intentó conquistarme, siempre era el primero en saludarme, cuando me escuchaba llegar, bajaba corriendo a saludarme. Siempre tenía tiempo de prepararme una taza de café, incluso a veces me costaba trabajo rechazar sus atenciones y no tenía más remedio que desayunar un par de huevos que él me freía. Poco a poco, algunos de los chicos se fueron marchando. Pero él siempre estaba allá, todos los días llegando el primero a saludarme. Siempre sonriente, siempre cariñoso conmigo, atento a todas mis necesidades. Al principio no me gustaba, demasiado niño, pero pronto cumplió los 16, los 17… y de pronto un día me di cuenta de que era el chico más hermoso que había visto nunca, y para colmo su belleza era aún mayor dentro de su alma, en su corazón. Y sin darme cuenta poco a poco me fui enamorando, ahora era yo, el que al llegar a la residencia lo buscaba, me gustaba hablar con él, disfrutando de su inteligencia y de su facilidad de aprendizaje. Me gustaba jugar con él riéndome como un tonto quinceañero con sus bromas y sobre todo me gusta ir con él a la playa. Aunque me volvía loco de celos cuando lo veía jugando con los demás chicos dentro del agua. De vez en cuando venía por mi casa a visitarme, se sentaba a mi lado en el sofá, yo me daba cuenta que siempre buscaba sentarse junto a mí, incluso cuando otros chicos le acompañaban e intentaban quitarle el sitio, por esa época, sin darme cuenta, poco a poco, me estaba enamorando de él. Y es que su dulzura me estaba ganando el corazón. Siempre una sonrisa para mí, me presentó a su familia, incluso me llevó hasta su casa, que estaba perdida en un pueblo de la montaña. Yo, le respetaba y admiraba, era el mejor de los chicos del proyecto, formal y trabajador como ninguno, y aunque un par de veces me pareció observar «sospechosos» abultamientos en su pantalón como respuesta a algunas de mis caricias, inocentes por supuesto, (pero con mucha intención); a pesar de ver que el chico respondía a mis caricias, nunca intentaba nada con él, otros chicos me tenían loco, y no me permitían pensar en él. Ricardo, uno de esos chicos que me tenían loco, es moreno, casi «negro» aunque es de raza maya, muy moreno por el sol, un día llegó a mi casa y venía con muchas ganas de fiesta, estuvo tomando conmigo, y entre los dos nos acabamos una botella de ron, del mejor ron del mundo, (de Nicaragua), el licor hizo que me volviera más osado de lo habitual y lo atraje hacia mí, acariciándole suavemente la espalda y el pecho. Su respuesta no se hizo esperar, y yo al ver que estaba disfrutando de mis caricias poco a poco las hice más osadas, hasta que decidí bajarle el pantalón y ver su verga. Mi primera verga negra, no me decepcionó, larga, gruesa y dura, muy dura. La mamé hasta conseguir que eyaculara. Él por su parte no quiso hacer nada conmigo, simplemente terminé masturbándome, tocando su larga y deliciosa pija. Pero me regaló muchas noches más, se hicieron habituales las visitas de Ricardo a mi casa, muchas noches se quedó a dormir, compartimos muchas botellas y mucha diversión, el muy cabrón siempre estaba con ganas de fiesta, siempre sonriente y como buen caribeño, caliente muy caliente. Muchas noches, de madrugada me despertaba al sentir que me mamaba la verga. Sí, a media noche, cuando se despertaba, comenzaba a mamarme, hasta conseguir calentarme y siempre terminábamos haciendo el amor. Recuerdo la primera vez que intenté penetrarle, era virgen, y me costó mucho trabajo conseguirlo, ya que estaba muy cerrado. Y eso que soy muy paciente… Al principio se negaba a dejarme usar su culo, pero poco a poco se fue calentando y terminó siendo él quien llevaba la iniciativa. El jodido subía el culo buscando una penetración más profunda. La mejor fue nuestra última noche juntos, fue la primera vez que me penetró y al principió me dolió, me dolió mucho y es que su verga es enorme y nunca me había metido algo tan grande por el culo. Me gustó, me gustó mucho sentir como mi culo parecía que iba a estallar, cuando fue mi verga la que explotó con el placer que sentí. Un consejo para los racistas, prueben una buena verga africana, o un buen culo asiático, de esa manera se dejarán de pendejadas. Pero esta historia está dedicada a Denis, el chico de mis sueños. Después de tres años de estancia en América, volví a España, a pesar de que mi deseo era quedarme allá, pero problemas personales me obligaron a regresar. En el avión de regreso, no dejaba de pensar en las maravillosas experiencias que había vivido y sobre todo en los maravillosos chicos que había tenido la suerte de conocer. Creo que fue en el avión donde me di cuenta de que estaba enamorado de Denis, aunque nunca había estado con él en la cama, no dejaba de pensar en él. Por fin me di cuenta de que era el chico al que más había querido en toda mi vida, lo tuve tan cerca… y nunca hice nada con él. Le quería tanto que no quise asustarlo, no poner en peligro mi amistad con él. Los siguientes meses en España fueron duros. Siempre pensando en él, loco de celos, de pensar que pudiera enamorarse de otra persona. Fueron meses en los que gracias al teléfono pude mantener el contacto, y platicar de vez en cuando con mi amor. No tardé mucho en tomar una decisión, por fin Denis cumplió los 18 y yo, sin dudarlo un momento subí a un avión para celebrar con él su cumpleaños, mi regalo fue especial, muy especial, un pasaje de avión con destino a Madrid, las llaves de mi casa, y por supuesto las llaves de mi alma. La maravillosa sonrisa de Denis fue la respuesta a mi declaración de amor, un beso selló nuestro acuerdo, se venía conmigo, a mi casa, a mi vida. Me confesó que él también me quería, y que había sufrido mucho al ver que yo iba con otros chicos, y que nunca le decía nada. No tuvimos ocasión de hacer el amor cuando regresé a España, dejé la casa de alquiler que tenía en América. En su casa, visitando a sus padres, no pudimos hacer nada y mucho menos en el proyecto donde estaba con los demás chicos. Fueron quince días duros, arreglando papeles, pasaporte, visado, permiso para estudiar en España… siempre deseando amarlo, el mínimo roce de su cuerpo, de sus manos me ponía a mil por hora, besos robados en esquinas oscuras, y caricias furtivas en ocasiones, no hacían más que desesperarme, anhelando el momento de poseer a mi amado. Por fin vino la fecha de nuestro vuelo, diez horas en un avión, sentado junto a mi amor, caricias furtivas, robadas en la oscuridad del viaje trasatlántico, deseo, muchos deseos de besar y acariciar. Llegamos a Madrid y a mi apartamento, cerramos la puerta tras nosotros y allí mismo nos abrazamos y besamos, abracé su cuerpo, su hermoso y adorado cuerpo, y con un profundo beso le di la bienvenida a nuestro hogar, el aroma de su piel joven y fresca me volvía loco, la suavidad de sus líneas adolescentes, es un poco aniñado y a pesar de su edad solo aparenta catorce o quince. Él comenzó a besarme con pasión primero en la boca, en la cara y cada vez más furiosamente en el pecho y cada vez bajando un poco más llegó hasta mi pantalón, donde sus besos fueron más intensos. Descubrir su cuerpo desnudo fue culminar un sueño de muchos meses, se despojó de la camisa mientras yo estaba sentado en la cama, sin poder moverme inmovilizado por el deseo, no sabía qué hacer, simplemente comencé a llorar de felicidad, al ver que mi amado estaba conmigo, y que pronto muy pronto podría poseerlo. Sonriéndome, despacio se bajó los pantalones, y también la ropa interior, y me dejó ver la gloriosa erección de su verga. Al verme llorar, él también lo hizo, parecíamos dos pendejos, llorando de felicidad, locos al vernos juntos. Me desnudé rápidamente y le abracé, sentir su cuerpo pegado junto al mío fue la culminación de mis sueños. Simplemente no podía creer que pudiera estar abrazando al chico más hermoso que había conocido en mi vida. Su belleza, no sólo es física sino espiritual. Su alma completaba la mía, mirarlo era como ver la más hermosa obra de arte del mundo. Abrazarlo era como estar en una montaña, sintiendo al paz y la belleza de la naturaleza. Besarlo es como estar sentado de noche frente al mar sintiendo la fuerza de las olas inundando mi corazón. Este no es un relato de mi relación sexual con Denis, es un relato de mi inmenso amor hacia este chico. Acariciar cada centímetro de su piel me enerva a niveles insospechados, cuando le acaricio, el mundo se detiene, y solo deseo no separar mis manos de su dulce cuerpo, su olor es el de la primavera en Andalucía, cuando los naranjos florecen y llena las ciudades de olor a azahar. Pero sobre todo amo su inteligencia, su necesidad de aprender cosas nuevas, amo el brillo de sus ojos cuando descubre un nuevo rincón de mi ciudad, cuando encuentra una obra de arte en un museo, cuando me mira. Cuando me mira en sus ojos encuentro amor, en su sonrisa encuentro comprensión, y en su cuerpo encuentro el hogar que en mi vida de vagabundo he buscado tantas veces. Cuando entro en su cuerpo me doy cuenta de que he llegado a casa. Por fin estoy en casa. Fosofoso. normanira@hotmail.com