Janal (I)

Salir a dar vueltas por la ciudad con el coche casi siempre me ha dado satisfacciones. Pero nunca como aquel frío agosto, en Santiago. Había llovido mucho desde la mañana y a eso de las 2 de la madrugada decidí pasear. Sabía que bajo ciertos estados de ánimo iniciar el rito de ese paseo particular era salir a buscar a alguien. Nunca me imaginé lo que esa noche me depararía.

Comencé a recorrer las calles de la comuna de Providencia. El aire estaba particularmente limpio y si bien hacía frío preferí tener el vidrio del conductor abierto. Cuando pasé por la zona hot vi que ya los trasvestis habían tomado la calle. Decidí subir hacia el barrio alto de la ciudad … cuando vi unos lindos ojos negros que se asomaban debajo de un gorro de lana. Baje la mirada y bajo la parka invernal se veía un cuerpo delgado y alto de piernas largas.

Giré a la izquierda y di la vuelta a la manzana cuando en eso tomé conciencia que la electricidad de las mirada encontradas hacían innecesarias las palabras. Efectivamente, cuando regresé a la calle principal el muchacho de la parka gris estaba al borde de la vereda esperando que yo llegara para subir al coche.

Sobreparé, él abrió la puerta que ya estaba sin seguro, y muy relajado me dijo: -«Gracias por parar, me moría de frío». Su voz era suave, sus rasgos finos, su mirada coqueta y dulce. Me extendió la mano: -«Soy Alejandro. Estoy aquí por trabajo …».

Me sorprendió lo directo que era. No era el primer mino de la calle que conocía; pero había en él algo distinto. No estaba muy seguro de que esa noche quisiera sexo por dinero; sin embargo algo me atrajo en él, Me desplacé hacia las calles laterales, más discretas, y sin decir palabra tomé su mano y él luego de acariciarlas puso la suya sobre mi paquete y comenzó a sobarlo con la evidente intención de ponerme duro. Mientras yo abría su parka. Aproveché para deslizar mi mano libre debajo de su camisa, un poco mas abajo de su ombligo. No había mayor vellosidad. Estaba helado. Me comentó con mailica: -!Qué rico! ¡Tu mano está caliente!.

No sólo mi mano… pensé.

Su voz era armoniosa y sus gestos delicados. Cuando logré vencer la resistencia de su cinturón y la que ofrecía el elástico de su slip me encontré con un paquete monumental. Su grosor era envidiable y aunque no podía tener una idea exacta de su longitud decidí que no debía perder más tiempo. Cerré el vidrio, alejé mi mano de tan importante instrumento y me dirigí hacia mi departamento.

En eso él comenzó a jugar con mi prepucio, con gran delicadeza. Dejamos el coche en el parking subterráneo y nos dirijimos hacia el ascensor. Allí nos dimos un beso apasionado mientras él me abrazaba fuertemente. Nos compusimos antes de salir del elevador. Entramos en mi casa y nos dirigimos hacia el sofá de la sala. Antes de entrar me dijo: – Puedes llamarme Janal, ya verás ….

Sus besos húmedos eran muy sensuales. Me acariciaba la cara con sus manos mientras delicadamente jugaban nuestras dos lenguas. Jadeaba. Mientras yo comencé a buscar ese paquete que me había dejado boquiabierto. Lo volví a encontrar duro y bajé la cremallera para liberar la polla. Era perfecta, gruesa, muy larga y muy recta. Algo húmeda ya en la cabeza.

Mi acompañante comenzó a desnudarme mientras besaba mi cuello y luego jugaba con mis pechos con sus manos aún frías. Me levanté para quitarme los pantalones mientras que él se sacaba la parka gris. Lo hizo rápidamente y, con el pantalón ya en los tobillos, se arrodilló delante mío y comenzó a bajarme el slip con los dientes. Mi polla húmeda desde hacía un buen rato se sintió libre para erguirse en todo su esplendor mientras una lengua y labios expertos la comenzaron a envolver en una dulce humedad. El olor a hombre y a sexo comenzó a llenar el ambiente.

Me tiré al suelo, él se quitó los pantalones y zapatos mientras yo hacía lo mismo. Era la polla más grande con la que me había encontrado y quería atragantarme con ella. En un 69 apasionado pude sentir su dureza y, simultáneamente, la suavidad de la piel que la cubría. Janal jugaba ya con mis huevos con una pericia envidiable. Guió una de mis manos hacia su ano y dirigió mis dedos hacia su hoyo. Entendido el mensaje me mojé los dedos y comencé a introducirlos, primero uno y luego el otro, en su estrecho ano mientras él se movía rítmicamente y yo me desesperaba por no dejar que su polla saliera de mi hambrienta boca.

El jadeo nos acompañaba y excitaba aún más..

El redondo culo de mi compañero fue colocado a la altura de mi boca y su deseo fue cumplido. Mis dedos dejaron espacio a mis labios y lengua que comenzaron a recorrer toda la extensión de su raya hasta que comencé a lamer su ano, profundamente, sintiendo un sabor erótico mientras las manos de mi joven amante se aferraban a mi polla mientras su espalda describía una curva de placer..

Janal se movía rítmicamente y mis lengüetazos eran como pequeñas penetraciones que iban dilatando su culo. Sorpresivamente se paró, me pidió que nos volviéramos a sentar en el sofá y así lo hice. Sus largas piernas me iban rodeando la cintura mientras me acercaba a su boca. Cuando nos uníamos en un beso intenso él se introdujo en mi pene. Con movimientos armónicos y suaves comenzó a jugar con mi polla, su hueco iba apretando delicadamente la cabeza de mi herramienta y luego su tronco hasta que toda estuvo dentro de él.

Tenía los ojos cerrdos y sus manos entrelazadas detrás de mi cuello mientras entrábamos y salíamos en un bamboleo altamente erótico. Yo cogía su miembro pero debo reconocer que el ritmo que habíamos adquirido en la penetración llenaba todos mis sentidos. Se acercó a mi oído y murmuró suavemente: – Contigo no puedo trabajar.

Cuando sintió que estaba por venirme Janal se hundió hasta lo más profundo y sentí como mi leche humedecía sus paredes interiores. En su boca se dibujaba un signo inequívoco de placer. Yo sentía una pequeña agonía mientras la tensión en mis piernas se debilitaba y nos uníamos en un beso sereno y muy húmedo… totalmente unidos.

(Aun no termina el relato de nuestra primera noche juntos y salimos como por dos años).