Las torturas de Gabriel

Esto es un relato real, sucedido hace tres años, en la zona suburbana de la Ciudad de México, en la delegación “X”.

Era una casa de principios de siglo con innumerables habitaciones, una tras otra, con pesadas puertas y ventanas con enrejados de hierro forjado. A mí me gustaba mucho ir a casa de Javier mi mejor amigo, de mi misma edad, y recorrer con él esos cuartos donde hallábamos trebejos antiquísimos, llenos de polvo y telarañas, que evocaban épocas románticas y lejanas. Recuerdo que en una ala de la casa había varios cuartos, y después una especie de corralón o patio, detrás del cual había una barda con una puerta con 3 candados. Siempre le preguntaba a Javier qué había allá, y el me decía:

‘No sé, pero mis papás me tienen prohibidísimo acercarme allí, y si me llegan a atrapar hurgando, de seguro me pondrán un castigo de mínimo 1 mes sin salir.

A mí la curiosidad me picaba, y me preguntaba qué terrible secreto habría allí. Quizás un tesoro escondido?, o armas apiladas listas para una revolución, o una cámara de torturas de la Inquisición? Yo me hacía miles de fantasías. Una noche me quedé a dormir en casa de Javier y cuando fui al baño en la noche, se me ocurrió abrir la ventana del baño ya que había mucha condensación porque un hermano de Javier se acababa de bañar. Al abrirla, noté que en el ala prohibida se veía una luz tenue, como de una lámpara o un foco débil, y me pareció notar movimiento. Al amanecer, me levanté antes que toda la familia de Javier, y silenciosamente me dirigí a esa ala de la casa.

Crucé el corralón y vi que los 3 candados de la puerta eran fuertes y estaban cerrados; la puerta era de metal y no había cómo entrar. Noté que en el rincón donde terminaba la pared había una grieta y fui a asomarme a ella. Con gran esfuerzo me pegué a la pared y puse mi ojo a la rendija y vi una habitación iluminada, pero carente de ventanas. El cuarto estaba elegantemente amueblado y tenía una cama, escritorio, mesa, sillones, sofá, libreros, un estéreo con muchos discos y cassettes (todavía no existían los CD’s). En el centro del cuarto estaba un hombre como de 25 años ó tal vez menos, era guapísimo, delgado, alto, con cabello castaño obscuro y ojos claros y tristes.

Estaba bien rasurado y vestía unos pijamas. Tras él estaban la abuela y abuelo de Javier, parados, con un cinturón de cuero en la mano, y le gritaban al joven:

‘¡Asqueroso!, ¡degenerado!, llenaste de vergüenza a toda la familia y revolcaste por el lodo nuestro buen nombre’. Entonces la abuela empezaba a azotarlo en la espalda y en las asentaderas, furiosamente, cuando el muchacho se trataba de mover, el abuelo lo detenía y le golpeaba la cara, el estomago y el pecho con el puño cerrado. Él se retorcía de dolor y podía ver algunas lágrimas corriendo por su rostro, pero se mantenía firme y no se quejaba. Ella dijo: ‘¡Aquí vivirás encerrado para siempre!, que todos crean que estás muerto, ya que para mí sí lo estás’. Entonces la abuela salía y dejaba su turno al abuelo, que le hacía bajarse el pantalón de pijama y con el mismo cinturón le daba en las nalgas, hasta ponérselas rojas, y le empezaba a decir: “así que te gusta que te penetren eh, bueno, ahora vas a sentir una verdadera penetración”. Pero el muchacho entonces sí empezaba a rogarle, a grito abierto:

-No por favor padre, otra vez no, te lo ruego, por favor, no…” y mientras decía esto, su padre lo seguía golpeando y el se caía al suelo. Una vez tirado en el suelo a causa de los golpes, el abuelo sacaba un palo como de 18 cm. de largo y unos 8 de ancho de su bolsillo, lo embarraba de crema y lo metía por el culo de Gabriel. Este solo gritaba y lloraba y trataba de no moverse, creo que para que no le doliera tanto, y su padre le gritaba “ muévete puto, ándale, muévete como te movías con tu amiguito, ándale, muévete zorro”.

El muchacho ya no decía nada, solo se tapaba el rostro y seguía quejándose y llorando fuerte, se notaba que le dolía mucho. Yo, mientras tanto, estaba temblando de coraje, no podía ayudarle, pero eso me convenció para tratar de sacarlo de ahí. También pude ver que su pene seguía sin erectarse, signo del dolor tan tremendo que le causaba su padre, ya que se lo metía y sacaba, como si estuviese follandolo. Cuando ese viejo se cansó, le sacó el palo con la misma rapidez y fuerza con que lo había metido, sin ningún cuidado, y pude ver que estaba lleno de sangre. ¡Ese maldito lo lastimaba demasiado.!

Abrió una puerta que yo no había visto con una llave de un pesado manojo de llaves, y se fue. El hombre se quedó solo, y siguió llorando creyendo que nadie lo veía. A mí me dio mucha lástima y coraje el ver que era objeto de violaciones y de torturas. Luego se desnudó, dejando ver el cuerpo más hermoso y velludo que había contemplado, y empezó a aplicarse un ungüento sobre las heridas producidas por los azotes y también fue por agua con hielo y se pasaba los hielos por su colita hasta que paraba el sangrado. Luego, noté que un sirviente le trajo una bandeja con su desayuno y lo metió por una abertura como de 4 pulgadas de alto debajo de la puerta por donde había salido la abuela y el abuelo.

Él lo recogió y empezó a desayunar sin ganas, solo medio picando la comida y después aventó la charola llorando más fuerte, gritando. Estaba desesperado, mientras la televisión hablaba sola. Se echó sobre su cama y siguió llorando.

Las paredes del corralón eran de adobe, así que era fácil trepar por ellas debido a los salientes que tenían y a los huecos donde uno podía apoyar los pies. Me subí al techo del cuarto y noté que del otro lado, donde estaba la puerta en cuestión, había un patio que conducía a las cocinas y a la habitación de la abuela. Yo sabía cómo llegar allí.

Más tarde le dije a Javier: ‘¿Quién es un hombre que está encerrado en el ala prohibida?’. Javier dijo: ‘No comentes nada de eso, o mis papás y abuelos se pondrán furiosos. Todo lo que sé es que es un tío que está loco, creo que porque estuvo en la guerra de Vietnam y los chinos lo torturaron y quedó loco. No hables de ello’.

Le dije: ‘¿Pero nunca te han dicho más?’.

Él dijo: ‘Una vez mi tía Sara, la solterona, me empezó a contar algo, pero mi mamá vino y la calló y le prohibió que me contara más cosas. Ella debe saber; si quieres podemos sacarle algo’. Yo le dije que sí, ya que estaba muy impresionado con el guapo prisionero y me dio mucha lástima’.

Después de desayunar fuimos al cuarto de la tía Sara. Ella era una mujer como de 35 años pero que se vestía como una anciana, siempre de negro, con faldas largas, medias gruesas y pañoleta negra. Sin embargo era muy hermosa y su rostro parecía de una Madona de Rafael. Javier le enseñó la cámara fotográfica que su papá le había comprado por su cumpleaños y ella la revisó con gusto. Javier le dijo: ‘Déjame tomarte una foto, tía’. Ella se sentó derecha y tiesa, Javier le dijo: ‘No, así no, más relajada, y ¿por qué no te sueltas el pelo? Te ves más bonita’. Ella se ruborizó y se quitó unas peinetas, soltando un hermoso cabello ondulado negro que le llegaba hasta la cintura, lustroso como la seda.

Javier le hizo algunas fotos. Luego le dijo: ‘Oye tía, ¿me prestas por favor tu álbum de fotos para mostrársela a Dani?’.

Ella le dio un libro muy grueso y Javier y yo nos pusimos a ver las fotos. Entonces, al voltear una hoja, se salió una foto pequeña, y yo inmediatamente reconocí al prisionero. Ella inmediatamente la recogió y se la guardó en un bolsillo. Yo le dije a Javier que vigilara a ver si no venían sus padres o abuelos mientras yo hablaba con ella. Le dije a la tía Sara: ‘Yo vi a ese señor encerrado en un cuarto donde la abuela lo golpeaba con un cinturón’ y el abuelo lo viola, abusa de él. Ella se puso muy nerviosa y me dijo:

‘Por favor, Dany, no hables de esto con nadie, es un terrible secreto de familia y si alguien se entera por mi culpa, mis padres me matarían.

Yo le dije: ‘Dicen que es un loco, ¿verdad?’.

Ella dijo: ‘No, no está loco, está perfectamente sano. Es mi hermano Gabriel. Era mi hermano favorito, ya que es el menor de todos nosotros, pero está castigado’.

Yo le pregunté: ¿Por qué castigado, qué hizo?. Aunque yo ya había escuchado lo que le decía el abuelo, quería oírlo de la muchacha. Necesitaba saberlo.

Ella me dijo, con mucha vergüenza y titubeante: ‘Hizo cosas con un amigo’.

Le dije: ‘¿Qué cosas? ¿Robó? ¿Mató a alguien?’.

Ella dijo: ‘No, cosas, como si fueran novios. Mis padres los descubrieron y lo encerraron de por vida. Al otro amigo, su familia lo metieron a un manicomio’.

Yo me quedé sumamente impresionado, ¿cómo podían ser tan crueles de meter a alguien a un manicomio sólo por ser homosexual, y cómo alguien podía ser torturado así y vivir encerrado? Le pregunté: ‘¿Cuánto hace de eso?’.

Ella dijo ‘5 años. Desde entonces mis padres lo castigan, un día mi papá y al otro día mi mamá; hay ocasiones en que los dos entran a castigarlo y los domingos viene un padre de la iglesia a exorcisarlo porque ellos dicen que está endemoniado’.

Desde entonces me propuse ponerme en contacto con Gabriel, el prisionero. Un día que fui de visita, me cercioré que no hubiera nadie con él, mirando por la grieta de la pared. Luego me trepé a la azotea y fui a la puerta y lo llamé desde la rendija en el pie de la puerta, por donde le pasaban su comida. Le dije: ‘¡Gabriel!’. Él se acercó, temeroso y preguntó quién era yo. Dije: ‘Me llamo Dany, soy amigo de tu sobrino Javier. Me enteré de cómo vives y quiero ayudarte’.

Él dijo: ‘¡No, vete por favor! Gracias por tu intención, pero no se puede hacer nada, y corres mucho riesgo. Si mis padres te atrapan, te va a ir muy mal’. Yo le dije: ‘Ya veremos. Sólo quiero que sepas que estoy de tu parte y también Javier. Trataremos de ayudarte’.

Otro día fui a la puerta del corralón, la de los candados que nunca se abrían. Traté de abrirlos con una ganzúa pero no pude. Entonces noté que había arena debajo, así que cavé y cavé con una placa de licencia de coche oxidada, hasta que el hoyo fue suficiente para meterme, ya que soy delgado. Puse un cartón y lo regué bien con tierra y cuando entré, tiré del cartón para tapar el agujero y pareciera que no se había escarbado.

Del otro lado de la puerta había un pequeño patio que llegaba al cuarto, que tenía forma de L, lo que yo había visto era la recámara y me imagino que el patio estaba afuera del baño. Había una ventana pero muy estrecha. Puse unos cajones que había allí y me trepé para colarme por la ventana. Entré al baño y en ese momento Gabriel dijo: ‘¿Qué es ese ruido?’. Yo le dije: ‘Shhh!, soy Dany’. Él se quedó asombrado, viéndome. Yo estaba todo arañado por haberme colado por el agujero en el suelo y la ventana del baño. Él me invitó a su cuarto, y allí platicamos largo y tendido, Yo no me cansaba de mirar su hermosa cara, admirar sus velludos brazos y manos, y me daba mucha lástima su situación. Todavía tenía moretones en su rostro, y me imagino que en el cuerpo también. Empezamos a hablar, a él se le llenaban los ojos de lagrimas, pero era fuerte, no derramaba ni una sola lágrima, tal vez por pena, por vergüenza al estar yo ahí. A fin de cuentas, yo soy menor que él y yo le dije: “vi lo que te hicieron, llora si quieres, no es vergüenza hacerlo, yo quisiera poder consolarte y llevarte en este momento conmigo.” Él se me quedó viendo, solo le empezó a temblar la barbilla, yo me levante del sillón y me puse frente a él, que seguía sentado en el sillón, me acerqué a él, me agache un poco y le abrasé la cabeza, poniéndola en mi pecho. Eso bastó para que empezara a llorar, sacudiendo sus hombros y después paso sus brazos por mi cintura, me apretó, no demasiado, pero así estuvo hasta que se calmó.

Se secó las lagrimas y el me contó de su amante, el cual era su mejor amigo y juntos habían descubierto el mundo del sexo homosexual, y dijo que estaba injustamente encerrado y tal vez hasta muerto, puesto que él le había jurado que si los separaban él se iba a matar. Yo le prometí investigar sobre su amigo, me dio su nombre y edad, así como una fotografía del muchacho.

Empecé a investigar en el instituto de enfermedades mentales de mi ciudad y descubrí que el chico en cuestión se había suicidado dos meses después de haberlo internado sus padres en esa institución. La verdad, no sabía como darle la noticia a Gabriel, pero él debía ser fuerte y tratar de pensar solamente en como podríamos escaparnos de ese encierro. Yo ya me sentía igual de prisionero que él, así es que debíamos pensar, juntos, como escapar de la casa de sus padres. Así pasaron tres semanas sin que yo pudiera ir a casa de Javier, pero el día que fui, cuando nadie me veía me escabullí para ver a Gabriel. Le conté lo averiguado por mi sobre su amigo, tratando de no dar detalles sobre su suicidio, que por demás, fue muy violento, pues yo supe que se había cortado las venas de sus manos y se aventó de la azotea del edificio del instituto de enfermedades mentales y murió desangrado y de múltiples contusiones así como de múltiples fracturas, claro que eso no se lo dije a él, solo le dije que ya había muerto, por suicidio, pero que no sabía como lo había hecho. Gabriel se desmayo en ese momento, pero logré llevarlo hasta su cama, fui por la toalla que vi en su baño, la moje con agua fría y se la puse en la frente, no sabía que mas hacer. No se porqué, pero en mí crecía un gran amor por Gabriel, y sentía la necesidad de protegerlo, era como si fuese algo necesario, como el respirar.

Cuando volvió en sí, solo se tapo la cara y empezó a llorar. Yo puse mi mano sobre su hombro, pues se puso de lado, con las piernas casi en su pecho, yo le estire las piernas y el se puso boca arriba. Lo único que se me ocurrió hacer fue abrazarlo y así nos quedamos cerca de 15 minutos, hasta que se calmó y hasta que el me separo del abrazo. Yo en ese momento me sentía como en el cielo, oliendo su piel, sintiendo la tibieza de su cuerpo, sintiendo la fuerza de sus brazos.

Durante dos meses estuvimos planeando la huida, y la intimidad entre nosotros creció. Un día me dijo: ‘¿Sabes Dany? Tú me gustas mucho. Hace tantos años que no veo a otro hombre ni he tocado a nadie ni nadie me ha tocado. ¿Qué edad tienes?’. Yo dije: ’17 años. Dijo: ‘¿Me dejas que te abrace? Si algo no te gusta o te molesta, me lo dices e inmediatamente desistiré. Sólo quiero demostrarte mi afecto por tu interés’. Yo me dejé abrazar y me gustó mucho estar entre sus brazos fuertes y pegado a su cuerpo esbelto. Sentí que algo golpeaba contra mi muslo, y era su verga que empezaba a crecer en el pantalón. Yo le desabotoné los pantalones Lentamente me abracé a él, le besé el pecho, me prendí a una de sus tetillas y empecé a chuparla, a besarla hasta que estuvo erecta, me fui hacia su otra tetilla e inicié el mismo trabajo, logrando en Gabriel una excitación tremenda, después me fui hincando hasta quedar con su verga frente a mi cara. Entonces la tomé en mis manos, me la metí en la boca y empecé a mamar con mucha pasión, la besaba, la lamía y metía mi lengua en su pequeño orificio, extrayendo el líquido preseminal que de él emergía. Tomé con una mano sus testículos y también me los metí a la boca, Gabriel se retorcía de placer y movía sus caderas para cogerse mi boca. No tardó mucho y se vino en mi garganta. Después él me bajó lo pantalones, sacó mi verga de 8 1/2 pulgadas de largo, circuncidada, y se la metió en la boca, lamiendo y mamando con tanto entusiasmo que se notaba que estaba desesperado por hacerlo. A mi me gusta la ternura, la pasión, y Gabriel solo daba lengüetazos fieros, me raspaba el glande, pero aún así, me excitó demasiado. Cuando me vine en su boca, me abrazó y me dijo: ‘Dany, me has hecho muy feliz, gracias. Pero vete, no vaya a ser que te descubran y te lastimen’.

Yo le dije: ‘Te prometo que te ayudaré. Si sales de aquí, ¿tienes forma de mantenerte y valerte por ti mismo?’.

Él dijo: ‘Claro que sí, soy técnico en cibernética y computación y puedo conseguir trabajo fácilmente’. Cuando fui a casa le pregunté a mi papá si conocía un buen abogado y dijo que sí, que su amigo Manuel era abogado litigante. Me preguntó por qué, y dije, es que necesito hacer un trabajo para la escuela acerca de la carrera de abogado y quiero entrevistar a alguien que sepa.

Mi papá llamó a su amigo e hizo una cita para que yo lo viera. Fui al día siguiente a ver al licenciado Manuel y me recibió con gusto, yo le pregunté: ‘Entre los casos que nos encargaron estudiar, está el de una persona encerrada contra su voluntad por sus propios padres. Él es mayor de edad, pero ellos no lo dejan salir diciendo que está loco, pero no es cierto. Y además lo torturan. ¿Qué puede hacer esa persona?’. Él dijo que el caso era muy raro pero que había precedentes, sacó un libro y me citó casos similares. Me dijo: ‘Esa persona debe tratar de denunciar al ministerio público, acusando a sus padres, conseguir una orden de cateo y lograr que un juez dé una orden de restricción’.

Le pedí más detalles y él me explicó todo. Pero tuve que pedirle ayuda y decirle que Gaby era mi pareja y seguía encerrado, a él le impresionó que yo fuera gay porque me conoce desde pequeño, pero como abogado tenía que ayudarme y me dijo “Mira Daniel, yo no le puedo decir nada a tu padre, pero si te cobraré, en cuanto salga Gabriel de su encierro y pongamos una denuncia contra sus padres, y , si como dices, son muy ricos, no nos costará mucho lograr que le den una buena cantidad de dinero con la que me pagarán y él podrá empezar una nueva vida”. A los pocos días fui a ver a Gabriel, le expliqué todo. Él hizo una carta dirigida al agente del ministerio público, denunciando la situación. Yo llevé los papeles al despacho del Lic. Manuel, nuestro abogado y él empezó el trámite en el juzgado.

Gabriel estaba nerviosisimo, esto tardaría unos dos o tres días, mientras el juez daba la orden de irrumpir en el hogar de estas personas y buscaban a Gabriel, por supuesto, yo me encargué de que Gabriel estuviese un poco “más tranquilo”, y como todos los días iba a casa de Javier para ver a mi hombre. Yo seguía tratando de hacerle el amor, pero él solo permitía que tuviéramos sexo oral. Yo me imaginaba que aún le dolía la colita por lo que le hacía su padre, pero era mucho peor. Le aterraba que yo le tocara el anito. Una de esas ocasiones, estabamos los dos desnudos, sobre su cama, ya teníamos cerca de 5 minutos de estar besándonos y acariciándonos, a decir verdad, yo era el que lo acariciaba y besaba más, pues el , a pesar de ser mayor de edad que yo, no tenía experiencia y el hecho de estar cinco años encerrado lo había hecho demasiado tímido e introvertido, no era muy activo y a mi me gustaba eso ya que en esto del sexo, yo soy el activo y me gusta follar con un receptivo o pasivo, como se llame. Bueno, volviendo al tema, yo le estaba mamando su hermoso pene y se me ocurrió, para lograr que él eyaculara más rápido, meter un dedo entre sus nalgas, no lo penetré, solo le acariciaba la raya pero Gabriel empezó a llorar, se bajo su erección y se levantó, como de rayo de la cama, tapándose la cara yo le pregunté:

-¿qué sucede Gabriel?, ¿no te gusta estar conmigo?, ¿no quieres hacer el amor conmigo? Pero yo trataba de calmarlo, estaba histérico, llorando, abrazándose a si mismo con sus propios brazos.

  • Yo,,,,, yo,,,,

No pudo decir nada, solo siguió llorando y cuando me acerqué a él, tratando de calmarlo, con ternura para que no siguiera espantado, Le abracé , le besé los labios, sus mejillas llenas de lágrimas. Gabriel empezó a calmarse y entonces se abrazó a mi cuello y le dije :

“Mira bonito, yo nunca te lastimaría, nunca te haría daño, yo sé que aún estas lastimado, pero te aseguro que puedes y debes confiar en mi, te voy a llevar conmigo, quiero que seas libre, y después de que salgas, si tu consideras que no quieres estar conmigo, me iré, yo solo quiero que sepas que te amo, te amaré siempre, seré tuyo, que te daré la libertad que mereces, mi apoyo y mi consuelo, pero sobre todo, te daré mi amor, mi ternura. No creas que yo hace un momento quería penetrarte, no chiquito, lo que yo quería era sobarte la colita, porque cuando a uno le soban la colita mientras le dan una buena mamada, no sabes que gusto y que tremendo orgasmo tendrías. Ahora, ven , acuéstate conmigo y hagamos el amor, recuérdalo, solo haremos el amor, no te voy a violar y confío en que tu no me vayas a violar a mi.”

Le dije riendo y con cara de pícaro. El empezó a reír y me cargó en brazos, él es mas alto que yo, así es que me llevo cargando a la cama, me depositó en ella y se acostó arriba de mi. Acto seguido, empezó a besarme, me di cuenta que si yo me volvía mas pasivo el empezaba a ser mas temerario, mas atrevido, y eso hacía que tuviera confianza, así que me dejé hacer lo que el quisiera. Empezó, como ya dije, besándome en la boca, el cuello, los oídos, fue bajando hasta mi pecho, ahí empezó a mordisquear mis tetillas, primero una, luego la otra mientras sus manos recorrían mis costados, mis caderas y llegaban a mi pene y testículos, fue bajando poco a poco, con besitos cortos y llenos de ternura, después, llegó a mi pene, que empezó a besar y lamer, ya no frenéticamente como la primera vez, ya era más tierno, mas delicado. Cuando se dio cuenta que yo ya estaba empalmado, me preguntó:

-“¿quieres que te posea?, ¿quieres ser mío? -Si, contesté, quiero ser tuyo, tómame y hazme tuyo. El dejó de jugar con mi parte pudenda y levanto mis piernas, muy alto, agarró la almohada y la puso en mi cintura, quedando mis nalgas abiertas, mi ano a su merced y mi pene pegado a mi ombligo, mis piernas quedaron sobre sus hombros y tomó un poco de gel, lo puso en su miembro y empezó a meterlo, poco a poquito. Yo estaba nervioso ya que aunque no era virgen, si era la segunda vez que me penetrarían, y según la primera experiencia que tuve, era preferible estar muy excitado para poder disfrutar, pero Gabriel no era tan tonto en cuestiones sexuales como yo creía, no me lo metía completo, solo la puntita, la sacaba y empezaba a morrearme, hasta que yo mismo le dije, le suplique:

  • Gaby, métemela por favor, hazme tuyo, ya no aguanto mas, hazme tuyo.

Gabriel tomó su pene con una mano y lo apunto a mi colita, y la empezó a enterrar despasito, tranquilo y esperando por momentos mientras mi esfínter se iba acostumbrando a su tamaño, pues era bastante gorda.

-¡ si, si, así mi amor, así, mas, quiero más. Si, así. Le decía yo mientras el iba enterrándola toda.

Cuando ya sentí sus testículos pegando en mis nalgas empecé a moverme, en movimientos circulares, y el entraba y salía, empezó un mete saca de fábula, empece a gemir de pasión y veía su carita, llena de perlas de sudor, levanté un poco la cabeza y me beso, con tanta ternura y pasión, mi lengua era absorbida por su boca, mordía mis labios, su lengua recorría toda mi boca y…. bueno ya no aguanté más, tuve un orgasmo increíble, mi pene aventaba chuzaras, su pecho, mi pecho, mi pubis y estomago quedaron bañados por mi semen, mientras yo gemía fuerte, mientras, el seguía dándome por la colita hasta que también se vino, dentro de mi. ¡Es una sensación tan hermosa cuando sientes correr el semen por tus entrañas. !

Poco a poco, Gabriel se fue saliendo de adentro de mi, estaba sudando, olía hermoso, empecé a besarlo, a acariciar sus nalgas, su pecho, besé su cuello y el empezó a excitarse de nuevo, pero en ese momento, cuando mas entretenidos estabamos, oímos la voz de Javier diciéndome:

-Dany, Dany, mi abuela va a venir a ver a mi tío Gabriel, corre, escóndete, esta buscando las llaves, no tardara demasiado.

Me levanté corriendo de la cama, busque mi ropa, me vestí rapidisimo y dándole un beso en los labios a Gabriel le dije:

-metete al baño, y empieza a bañarte, que tu madre no se de cuenta de lo que acaba de pasar. Salí por el mismo lugar por donde entré. Javier me dijo: ¿cómo esta mi tío?

-Buenisimo cuate, es el hombre mas hermoso que he visto y el hombre mas amoroso que me ha hecho el amor.

El se quedó de una pieza, obviamente no esperaba que yo le contestara eso, el preguntaba si estaba bien de salud, al ver su cara, me di cuenta de la metida de pata que di, pero, bueno, ya lo había dicho y además, me temblaban las piernas por haberlas tenido tanto tiempo arriba de los hombros de Gabriel, además, me dolía la colita por las arremetidas que me dio; porque vaya si me penetró con todo, sentía que me ardía, y sentía que algo me escurría por entre las piernas, bien podía ser su semen que se me estaba saliendo o algo de sangre, porque me dio duro, pero fue realmente excitante. ¡Jamás había tenido un orgasmo como este!

-Oye Javier, por favor, no me veas así, tu sabes que soy homo, y no creo que esto cambie nuestra amistad, ni tampoco tu deseo de ayudar a tu tío ¿o si?

-No , no cambia nada, -me respondió algo serio y ayudándome porque las piernas me seguían temblando- es solo que me sorprendí de que fueras tan directo. Ve al baño de mi cuarto y lávate y cámbiate, antes de que se te note lo que acabas de hacer.

Cuando estaba yo en el baño, lavándome, oí que tocaban muy fuerte el portón de la casa, y eran varios policías armados que llegaban, con una orden de cateo, buscando a Gabriel. Ellos negaron que estuviera allí, pero se pusieron a buscar. Sara le dijo en voz baja a un policía dónde estaba Gabriel. Lo sacaron entre dos policías y se lo llevaron, y arrestaron al abuelo y la abuela de Javier por secuestro y torturas. Ellos salieron libres bajo fianza, ( una fianza millonaria, pues ellos lo eran) pero el juez puso una orden que les prohibía acercarse en un círculo de 100 metros de donde estuviera Gabriel, además que tuvieron que pagarle a Gaby una cantidad grandiosa de ocho cifras como pago de indemnización.

Éste se vio libre, pálido y ojeroso, y su historia salió en los periódicos, donde sólo se dijo ‘por razones de familia’. Pronto consiguió trabajo, se consiguió un apartamento en una buena colonia, alejado de la casa de sus padres, y allí lo visitaba yo después de la universidad, y hacíamos el amor durante horas.

Tuve muchos problemas en mi casa, con mis padres al decirles que soy homosexual y que tengo una pareja. Le expliqué a mi padre de quien se trataba y de inmediato ligó la historia con la visita a su amigo el abogado. Durante algún tiempo se mostró muy disgustado, incluso, cuando le dije que me comprendiera, que yo amaba a Gabriel, el me dio de cachetadas, agarró un cinturón y me pegó, me decía que como era posible que yo me acostara con un hombre. A mi me dolió mucho que mi padre me pegara, no en sí por los golpes, que a fin de cuentas, no fue para tanto, solo me dio tres cinturonazos y algunos tortazos, me dolió que se enfadara conmigo porque siempre he tenido mucha confianza con él, de hecho yo le dije “papá, tu eres mi mejor amigo, por eso te estoy contando esto, por favor, no te enojes conmigo, yo amo a Gabriel, lo quiero, no me importa que sea hombre, no me importa si tiene o no dinero, solo deseo estar con él, ser de él”. Mi padre, solo se sentó en mi cama, me llamó para sentarme junto a él, me abrazó y me dijo “-si eso es lo que quieres, esta bien, pero de una vez te digo, si vas a traer a Gabriel, será para siempre, porque no te voy a permitir que ahora sea Gabriel y al rato sea otro, piénsalo bien Daniel, porque eso no te lo permitiré” se levantó y salió de mi habitación, con lagrimas en los ojos, pero me aceptó como soy. Por supuesto, le llevó tiempo aceptarlo, pero al fin lo aceptó. ¡Es un gran padre, y un gran hombre.!

Pero, mis padres son diferentes, mi padre aún se siente un tanto mal y desilusionado por tener un hijo mariquita, pero jamás se podría comparar con los padres de Gabriel. A pesar de que ellos no están muy conformes, aceptan a Gabriel en mi vida e incluso hemos ido a cenar o a comer varias veces en su casa, y son verdaderamente amables. Gabriel se esta recuperando y esta tarde, al volver de la universidad se acercó a mi y me dijo:

  • “esta noche quiero que me hagas el amor, quiero que me poseas, no se si podré lograrlo, pero la verdad, es que lo estoy deseando”

Espero con ansias la noche para poderlo hacerlo mío, poder penetrarlo, lograr que sus miedos y traumas vayan poco a poco saliendo de nuestras vidas. Yo lo amo muchisimo, y deseo que él se recupere totalmente.

Gabriel consiguió un trabajo muy bien pagado, y como había estado tanto tiempo encerrado y tenía tan poca experiencia del sexo antes de que lo encerraran, yo fui quien le enseñó muchas de las cosas que sabe ahora sobre el sexo entre dos hombres enamorados, y todavía le sigo enseñando muchas cosas.

Esto sucedió hace tres años, y creo que esta noche Gaby dejará que yo lo penetre, ya estuvimos a punto de lograrlo pero tengo una formula que el psicólogo nos ha dado, porque después de tantas torturas, Gaby tuvo que ir con un psicólogo, lo mismo que yo, porque también me afecto mucho y también quería que me ayudaran para yo poder ayudarlo.

La próxima vez les contaré como fue que logré que Gabriel se dejara poseer por mi, como fue la noche que tanto ansiaba.

Ah,,, me olvidaba , Javier que ya tenía también mi edad, se escapo de su casa y vive como vecino de Gaby y mío, es muy guapo y tiene una novia preciosa, Sara cambió su apariencia por completo, era una mujer joven, guapa, alegre y trabajadora; consiguió un novio muy guapo, un arquitecto, y se casaron. Ahora ya tienen dos niños y viven muy felices.

CONTINUARÀ……