Lluvia dorada

Aviso: esta historia es real (los nombres son inventados) y contiene escenas de lluvia dorada. Si no te interesa el tema y puede molestarte es mejor que no la leas.

Internet es una gran caja de sorpresas donde puedes encontrar de todo, incluso lo que menos te imaginas. Así fue como hace unos años descubrí algo tan guarro y morboso como la lluvia dorada. El hecho de jugar a mearse unos a otros enseguida me pareció excitante y empecé a soñar con experimentarlo alguna vez. Al principio sólo lo hice a solas conmigo mismo y me ponía super cachondo. Por entonces ir más allá, hacerlo con otros chicos, era tan solo una fantasía pero no pensaba que llegaría a realizarla.
Hace unos meses empecé a contactar con gente interesada en el tema, pero todos estaban bastante lejos. Conocer sus experiencias me animó a intentar probarlas yo mismo, pero no sabía cómo.
Hasta que hace poco más de un mes un sábado por la noche entré en un chat y conocí a un chico de mi ciudad. Empezamos a hablar y al poco rato descubrimos que a los dos nos molaba la lluvia dorada. Mientras seguíamos charlando y poniéndonos muy calientes yo bebía bastante agua para luego poder mear mucho. Cuando los dos ya estábamos a tope, quedamos. A los 20 minutos estaba en su casa.
Al estar cara a cara con Javi me encontré ante un hombretón de 26 años (yo tengo 23), más alto y más fuerte que yo. Como nos daba un poco de corte ir directos al grano nos sentamos en el sofá a ver una peli porno mientras yo me tomaba otro vaso de agua. Comentamos cómo nos excitaba la lluvia dorada a los dos y lo difícil que era encontrar a alguien en nuestra pequeña ciudad.
Habíamos roto el hielo y ambos estábamos ansiosos por probar (para mí era la primera vez pero no para él). Así que no habrían pasado ni 10 minutos cuando nos levantamos del sofá y nos desnudamos allí mismo. Verlo allí de pie y sólo con sus boxer de colores me excitó mucho. Podía apreciar una buena polla debajo. Terminamos de desnudarnos completamente y nos dirigimos al cuarto de baño.
Javi se metió enseguida en la bañera y se puso en cuclillas. Yo me quedé fuera, de pie delante suyo. Por fin había llegado el momento. No podía creer que fuera a hacer realidad mi fantasía. Estaba nervioso y sentía cómo se me aceleraba el corazón.
Empecé a soltar un débil chorro apuntando a su pecho. Tras los primeros segundos se me pasaron los nervios y comencé a disfrutar de la situación. Mi chorro de pis se hizo más potente. Le regaba todo el torso mientras él se restregaba con las manos. Su cara de vicioso mostraba que estaba disfrutando a tope, con lo cual yo me animé todavía más. Fui subiendo mi chorro, regándole por encima de los hombros, por su cuello y finalmente la cara. Javi se pajeaba como loco. Su polla estaba tan dura que no podía mear, ¡y yo no iba quedarme sin mojarme! O sea que él se puso de pie para que yo también me metiera en la bañera. Me puse en cuclillas y mojé mi propio cuerpo.
Cuando ya no me quedaba ni una gota nos abrazamos y nos dimos un buen morreo. Después nos duchamos.
• ¿Quieres que vayamos a la cama?, me dijo.
• Sí.
Salimos de la ducha y nos fuimos al dormitorio. A la tenue luz de una lámpara Javi se tumbó enseguida en la cama, y yo encima suyo, con mis rodillas a cada lado de sus muslos, acariciando su polla con la mía. Nos besamos apasionadamente.
• Me pones muy cachondo.
• Tú también.
A partir de ese momento empezamos a jugar con nuestros cuerpos frenéticamente: a chuparnos las pollas, a mordisquearnos los pezones, a sobarnos nuestros fuertes torsos, a darnos unos azotes en los culos, a besarnos una y otra vez. Nos movíamos como dos machos desbocados dando vueltas por cada palmo de la cama.
Al final Javi se quedó tumbado boca arriba con la cabeza a los pies de la cama y me pidió que me corriera en su cara. Me coloqué encima de su pecho y me la casqué con fuerza mientras él me manoseaba el culo. En pocos segundos me corrí. Mis gemidos de placer al correrme se mezclaron con los suyos al recibir mi leche. Me aparté un poco y le besé, saboreando mi propia leche de sus labios. Javi ya se la estaba pelando furiosamente y a los pocos segundos también se corrió, lanzando un gran chorro de leche sobre su vientre y soltando un grito de placer. Volví a besarle.
Nos quedamos unos minutos tumbados descansando. Después nos vestimos y nos despedimos, quedando en que eso había que repetirlo. Efectivamente, tres días después nos volvíamos a encontrar…

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