
Chapero16
Fecha original: 11 de abril de 2006
A la gente que folla mucho no le gusta nada hablar de ello, lo sé, sobre todo de las sensaciones físicas. A mí tampoco me gustaba nada y ahora cada vez lo hago más, no sé por qué, supongo que porque sé que hay gente que me lee. Lo último interesante que me ha pasado han sido un joven y un viejo, con pocas horas de diferencia y yo no quería para nada ni lo uno ni lo otro, entre otras cosas porque me estoy pasando de polvos y eso se va a acabar notando y no quiero, pero a veces, por muy superplaneadas que tengas las cosas, se te salen de madre, y casi siempre es por culpa de alguien que no eres tú, pero ese no es el tema.
Pues el viejo era -es- muy viejo y el joven muy joven, o sea, no tanto como yo, pero para ser cliente mío sí, porque no es pijo. A uno no le pude esquivar y al otro le vi, le vi y ya está. Esto último puede parecer raro, pero a veces -muy pocas- ves algo que, sólo con verlo, no lo puedes rechazar y supongo que eso le pasará a toda la peña.
Ya he dicho antes que yo a los viejos los evito casi por sistema, sobre todo a los viejos muy viejos. No los necesito y clientela para esto hay de sobra. Pero hay veces, pocas, que te trizas, o seas que algo sale mal y no te puedes escapar. Entonces yo tengo una norma y pongo las condiciones, que las aceptan casi siempre: Nada de besos. Él me la mete a mí, de espaldas y me toca todo lo que quiera, pero yo a él no. Yo gimo, chillo, hago todo lo que haga falta para hacerle creer que me está dando un placer de la hostia -a veces te dan algo, todo hay que decirlo- y si no es absolutamente necesario, pues ni siquiera me corro. Y ya está. Bueno, pues eso es lo que hice esta vez, o lo que pretendí hacer, porque no me salió del todo bien.
Era un tío alto y muy delgado, muy mayor. A esas alturas, los cuerpos como que se secan, pero si todavía están delgados se pueden soportar, lo que no puedo yo aguantar son las cerdas gordas con barrigas enormes y pollitas enanas que ni se las encuentran, eso sí que no. Bueno pues yo me desnudé solo enseguida, para que me tocara lo menos posible, y ya me di la vuelta. Pensé que lo mejor era ponerme, de pie, apoyado en el borde de la cama y que me la metiera así, y si luego llegaba el caso podía subirme a la cama, de rodillas, todo menos darle la cara al tío, la verdá. Me di con K-Y enseguida, qué remedio, y se lo pasé a él con el preser, que se lo puso muy bien, y entonces miré y le vi un poco la polla, que estaba bien, o sea, una polla normal que empezaba a subirse bien, después de todo se supone que si iba a follar sería porque podía, yo qué sé…
Un moment. Yo para lubricar prefiero con mucho la saliva, porque es lo único que te da el punto justo. Manías. Un par de lapos es lo mejor. Claro, estoy hablando de peña que le entre muy bien y la saliva adentro no pasa, entendamos. Porque con los lubricantes, aunque sean de agua, la polla resbala y resbala, se sale, patina… no te da ni la mitad de gusto. Follar no es eso. Follar no es patinar. Follar es el roce, cuando más total mejor, de tu piel con mi piel y entre las dos puede haber, como mucho, un preservativo muy fino, pero nada más…
Me la metió al tercer intento y no lo hizo mal. Era una persona muy educada, después de todo, y eso es fundamental. Me tocaba todo, pero suave, no como algunos que parece que te quieren arrancar la piel. A mí en esas, en esa postura, me gusta bastante que me pellizquen fuerte los pezones, pero no le dije nada, claro. Sentí cómo me besaba el cuello varias veces, pero seguí sin volver la cabeza y empecé a respirar fuerte y a gemir, que lo hago lento, para que resulte creíble. Cuando tienes una polla dentro es fácil esto. Yo prefiero decirlo en inglés:
-Fuck. Fuck me!
Que en español:
-Clávamela, tío. Clávamela!
Que suena un poco fuerte, pero no todo el mundo lo entiende, no te creas. Lo demás es cuestión de manejar el culo. Aunque te la estén metiendo mal, que es casi siempre, si sabes manejar el culo te lo pasas bien. En esto, saber manejar el culo es fundamental. Bueno, manejar no es la palabra, yo creo, pero no sé cuál es.
Bueno, pues me la estaba metiendo bastante bien, y rapidito, cuando se desinfló, se bajó. Lo noté yo enseguida y él intentó recuperar el empalme pero no pudo y ahí yo ya empecé a aterrorizarme un poco porque cualquier cosa que pudiera pasar en esas iba a ser más que pelín desagradable y entonces lo que hice fue tirar por la calle de en medio, o sea le tumbé en la cama, me subí yo, froté mi culo contra su polla hasta que no tuvo más remedio que ponerse, me la metí yo mismo y me senté encima de ella, pero de espaldas a él, hasta que acabó. Se corrió muy largo, con muchos temblores y no sé cómo sería, pero me pareció que el viejo había tenido un orgasmo de la hostia y yo ni me corrí (casi ni me había empalmado yo). Luego dejó bastante más pasta de la que es y quiso quedar enseguida otra vez y le di el móvil equivocado… Más veces no.
Nadie sabe, creo, lo agotador que puede ser esto que acabo de contar, que contado parece así, que es nada. El caso es que después de una de éstas, que son muy pocas, ya digo, pues yo me quedo como mal y paso un tiempo como que no me apetece nada follar, por eso trato de evitarlos. Además, yo que suelo cambiar el chip en estos casos (me concentro y me pongo a pensar en Oglander, o en Jimmy o en otro, eso lo hacemos todos) pues esta vez, con el cambio de película pues ya ni me había dado tiempo. La verdá es que bastante peña de colegas chaperos me dicen que yo soy muy especial y muy escogidito, porque ellos la mayoría se van con quien sea, a ciegas, con tal de coger las pelas y punto, incluso yo conozco a gente que acaba de empezar a follar y ya se tiran cada día a tres o cuatro viejos impresentables, hacen pero es que todo lo que les mandan, que ni te puedes imaginar qué cosas (un día hay que contar sobre esto) y se quedan como cenaos y hay que ver que la gente es muy cabrona y que cuanto más les das -por el mismo precio- más quieren y eso lo aprendes desde el principio. Está visto que cada uno es cada uno.
¿El otro? Bueno, pues el otro vino a casa directamente, sin llamar y abrí la puerta dispuesto a decirle que no, pero le vi y ya no le dije que no. A ver: a mí es difícil que un cuerpo me haga alucinar, tengo visto y probado lo mío y a mí no es fácil que la belleza me trastorne, yo creo… bueno pues trastornarme no lo sé, pero alucinar aluciné… (continúa)
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