MÁS CALLE

Autor: Chapero16

Fecha original: 17 de enero de 2007

Yo a veces pienso que la peña se pone a follar sin saber bien lo que está haciendo, o sea como si comieran hamburguesas. Es la impresión que me da a mí, que soy puto, a los demás no sé qué impresión les dará. A mí me gusta, desde siempre, ponerme en el lugar de la gente, o sea del coco de la gente, es como una especie de manía… bueno, pues si yo fuera un tío y me apeteciera follar un poco yo creo que no me iría donde unos drogatas tirados aficionados, no sé, supongo. Donde más chapuzas hay en este país es en el sexo, me parece, no se puede reclamar, ¿no? Aunque depende como se mire, porque esta peña se deja hacer de todo por una mierda. Por ejemplo en Sol hay montón que se dejan mear. Como suena. Se ha puesto de moda o algo y el viejo cabrón –siempre es un viejo cabrón, qué si nodice -¿piss? y si el tirado del macetero dice que sí con la cabeza pues van a un wáter y el tío le mea la cara y hasta la boca por diez pavos. Y para mí esto si que ya es una perversión y no otras cosas. Esta gente que ya está gastada –eso es lo que está- antes pagaban por chupártela a ti, lo cual es siempre un mal negocio y hay que estar muy yonki para dedicarse a eso porque al rato en dos o tres veces eres tú el que estás gastado y no has ganado una mierda.

Ahora en todos los sitios donde se folla en los servicios, que son mogollón, siempre está el controler. El controler es un pavo, que suele ser algo mayor, que es el que organiza los wáteres y pega el silbo si vienen los jurados, que son los que pueden montar el número, aunque a estas alturas ya pasan, porque órdenes no tienen y para qué se van a meter ellos en fregadas con lo que cobran. Bueno, pues en la Fnac lo de los controler es una pasada, hay varios y funcionan como relojes. Se folla mucho allí y es de los sitios que menos se nota, mira, porque en Sol ahora está copado todo por marrocas, rumanos y búlgaros, que los llamamos “los macetas” porque están todo el puto día con el culo apoyado en los maceteros, puestos a enfriar, follan o maman cantidad de veces al día para poder sacar algo y van todo el rato a pensiones cutres de alrededor, donde al cliente le cobran diez cada vez, pero luego a ellos les devuelven, porque les compensa…

También se folla mucho ahora en las estaciones y en los centros comerciales grandes, sobre todo en Atocha y en la Vaguada y hay una peña de chaperos que van por la mañana a la estación y por las tardes al centro y son casi todos los mismos y una vez estuvimos el Jimmy y yo en la piscina del Alcampo de Pio XII y el folleteo era tan descarado que a mí me daba ya hasta cosa. Claro allí no todos son gays, pero la peña que es gay parece que tiene que montar el numeroide total con unos tangazos espectaculares que sólo tapan la raya del culo y la polla en estado de adormecimiento total, eso está claro, de modos que en cuanto empiezan a toquetearse y a ponerse tienen que armar unos juegos de la ostia con las toallas para medio envolverse y tal, porque, claro, sigues estando en una piscina pública y a mí estas cosas me parecen cómicas. Allí sí se acuerdan de haber visto a Iván en Septiembre, ligando en la parte de arriba, que es donde digo y entrando en el servicio con clientes cada dos por tres, se acuerda un camareta que es majísimo que también es gay y que en verano trabaja allí y que se acuerda mucho porque dice que estaba muy bueno, el Iván, y que no paraba de follar, pero ahí se perdió la pista. No me imagino yo de todas maneras al Iván, que es muy macho, puteando en tangazo en una piscina, pero la peña cambia, ya sabes, sobre todo si te metes, y el Juano sin inmutarse….

En Almirante antes hubo mucho puterío pijo y ahora es de lo más tirado. En Almirante con Recoletos y cuando empieza a hacerse de noche ya están todos con el medio mono y lo hacen por la mínima. Yo me fijé en uno delgadito que iba y venía mucho y la mecánica era siempre la misma. Se debía dedicar sólo a mamar en buga porque se iba a la esquina hasta que le cogían, se subía en el coche y poco rato después aparecía por el otro lado de la calle, se iba dos calles más abajo a comprar la dosis –los camellos están dos calles más abajo- se la metía en un portal y se ponía muy excitado y de bromas un buen rato con los colegas y se movía mucho por toda la calle, hasta que se le iba pasando, se quedaba paradín y vuelta a empezar, volvía a la esquina…

Le dije a Juano que fuéramos a hablar con él.

-¿Para qué?

-Porque yo creo que ese pavo conoce al Iván…

Era una bobada, claro, yo lo que quería era hablar con él, el Juano se encogió de hombros –se estaba aburriendo allí, a él no le interesa nunca nada- y allí fuimos con la foto. Casi ni la miró, fijo en los coches.

-¿Conoces a éste?

-Ni idea.

-¿Te metes?

-Sí.

-¿Mucho?

-Sí. ¿Tenéis algo?

-Ahora no. Luego.

-Vale. ¿Dónde folláis vosotros?

-Más abajo.

-¿Y qué hacéis aquí?

-Bueno, es que éste no es de aquí. Está buscando a su hermano, pero también folla…

-¿Dónde?

-En Bilbo.

-¿Y allí qué tal?

-De puta madre, pero es que estoy en una casa.

-Joder. A mí me gustaría, pero es que me meto mucho. ¿Y tú no te metes nada?

-No.

-Joder.

Tenía mucho frío, claro, estaba tiritando y le invitamos a un bar. Allí bebió alcohol y habló mucho más. Se llamaba Alejandrito. A mí me hizo gracia lo del diminutivo. Me equivoqué yo porque el último que lo había cogido no era para que se la mamara, sino que se lo había follado en un parking. Le dijo que tenía que desnudarse del todo y él tragó, dejó toda la ropa en el asiento de atrás y luego el tío, que tenía muy buen rabo, se lo sentó encima y se la metió enseguida, sin calentarlo ni nada y le dolió, claro, pero tiene el culo dado y tragó bien. La cara le quedaba a la altura del pecho del tío, que era grande y se le ocurrió ponerse a chuparle los pezones, no porque le apeteciera eso, sino por hacerlo mejor. Pues el tío le dio medio bofetón con el dorso de la mano y le dijo.

-No me sobes, nena. ¿Quién te ha mandado hacer eso? ¿Te crees que eres mi mujer o qué?

No acabó la cosa ahí, porque cuando el tío se corrió en la goma, sin preocuparse para nada de él, le dio el tiempo justo para pasarse al asiento de atrás y quitarse la goma y le dijo:

-¿Sabes? Tengo mucha prisa. Mejor bájate la ropa y te vistes ahí.

Le pagó y se fue. Alejandrito se quedó en bolas en el parking medio a oscuras con la ropa en la mano y entraron otros dos coches, pero ya le importó un huevo, porque cosas de ésas le pasan siempre. Otra vez también le tocó pasar casi media noche en bolas totales en una terraza, pero no era invierno, y lo que más le preocupó fue el monazo que se agarró sin poder meterse nada en horas y horas y otra vez se quedó absolutamente sobado después de follar en una pensión que empieza por P y nadie le dijo nada hasta que llegó un tío a follar con dos morracas y estaban todos a oscuras y se le tiraron encima. Te cuenta y no acaba. Luego, como ya tenemos confianza, le pregunto lo que no le pregunta nadie y él me dice que gozar, lo que se dice gozar, solo goza cuando está él solo en la piltra y se la casca, si le quedan ganas, antes de dormirse, toma ya. A todo esto el Juano está como un mueble, ni le interesa nada de lo que se habla, ni nada de nada, como no sea seguir buscando y eso ya aburre. Al final Alejandrito nos dice que ha perdido mucho tiempo y yo le quiero dar pasta, pero Juano no quiere y él tampoco, dice que a colegas ni hablar o sea que nada.

Por la noche, estoy caliente. A ver: estoy asqueado, porque todo esto es asqueroso, pero estoy caliente, porque todo esto me calienta, ya ves, soy sincero, y porque llevo días sin follar, sin trabajar y sin follar, que son cosas distintas. El Juano no, el Juano sí folla cuando se tercia, se para y folla, simplemente, como un superviviente, donde sea. Yo no soy así. Cada uno es como es, independientemente de lo que sea. Estamos muy cansados, pero me desnudo y me acerco a él, o sea, acerco mi cuerpo al suyo, a ver qué pasa, porque quiero cogerle, claro. Cada vez me gusta más ese verbo: coger. Hablamos un rato, siempre de lo mismo y al final, como no pasa nada, lo digo:

-¿Puedo acostarme contigo?

-¡Claro!

Pienso que sólo se va a apartar para dejarme sitio, pero no, lo que hace es que se abre entero y me recibe entero. Es la hostia, se acaba de duchar y está mojado, porque se seca poco, y entonces yo veo que no me he duchado todavía y le digo:

-Espera un momento, que voy a la ducha.

-No.

-¿Que no qué?

-Que no quiero que te duches. Me gusta como hueles así. Eres como más tú…

¡Joder!

***