Mi hermano, el doctor y yo

Esta historia es verídica, todo absolutamente es verdad. Al finalizar la prepa por fin me iría a Boston, conseguí entrar a una de las universidades más famosas de allá y todo gracias a que soy muy bueno en el fútbol americano. Al llegar el día, por supuesto que mis papas me acompañarían a Boston, por lo que tanto mis papas, como mi hermana mayor y mi odioso hermano de 14 años aprovecharon para conocer el lugar en el que pasaré por lo menos 4 años. Ya instalados en el hotel, mi papá, mi hermano y yo fuimos a ver todo lo relacionado con la universidad, mi papá pagó, nos enseñaron las habitaciones, y todas las instalaciones en general, después la señorita me preguntó que a qué hora iba a concretar la cita con el doctor, «No sabía que necesitara ir a un doctor», le dije, y me dijo que sí, que a todos los estudiantes que pertenecerían a un equipo de fútbol se les tenía que practicar un examen médico, para saber que se está bien de salud. La solicité a las 5 de la tarde. Cuando llegamos al hotel, nos esperaban de la recepción para decirnos que mi hermana se cayó y se lastimó el pie, y estaba en el hospital con mi mamá, mi papá me pidió que me quede con mi hermano ya que a él no lo dejarían entrar al hospital, por lo que de mala manera accedí, de cualquier forma serían mis últimos momentos con él. Mi hermano es el típico chavito consentido de papá, que cree que todo lo merece y que siempre gana debido a sus berrinches, la verdad es que no somos muy cercanos, cuando él era chico nos llevábamos bien, pero después empezó a cambiar y nuestra relación también. Subimos al cuarto y después de 15 minutos empezó a molestar que ya se aburrió y quería ir a la alberca, como siempre ganó y le dije que sí, que se ponga el traje de baño. Yo me metí al baño para cambiarme, la verdad es que nunca me había visto desnudo y ese día sería el primero, simplemente no me sentía cómodo, por lo que me cambié en el baño. Al salir, mi hermano apenas estaba en calzones, que sin ninguna pena se quitó frente a mí, y no pude evitar ver que mi hermanito ya se estaba convirtiendo en un hombre, era como verme a mí mismo a su edad, con poco vello púbico lacio de color café, una verga un poco chica, sin circuncidar, y dos bolas colgando algo grandes para su edad (tenía que reconocerlo) , le dije que se apurara y se puso el traje y fuimos a nadar. El tiempo pasó rápido y de pronto ya eran las 4:30, yo tenía la cita a las 5 y mis papas no llegaban, nos subimos al cuarto de inmediato a cambiarnos, otra vez me metí al baño, al salir mi hermano estaba encuerado buscando su ropa, sonó el teléfono y era mi papá disculpándose que no podría llegar porque en el hospital se les fue el sistema de las computadoras y no podía pagar, me pidió que me lleve a mi hermano conmigo para no dejarlo sólo, no tuve otra opción por lo que acepté. Mi hermano seguía desnudo buscando su ropa en las maletas, me dijo que no encuentra sus calzones, le dije que se pusiera los que tenía antes, me dijo que no y me empecé a desesperar porque ya era tarde, le grité que se apurara y como al niño no le gusta que le griten se enojó y se acostó así como estaba en la cama. Me calmé y le pedí que se vistiera, pero no me contestaba, ni siquiera me volteaba a ver, me desesperé tanto que agarré sus calzones (los que tenía antes de nadar) y lo jalé de las piernas, y lo vestí como a un niño de tres años, casi hasta cargándolo me lo tuve que llevar. Llegamos al consultorio, había una sala de espera muy grande, pero vacía, me anuncié con la secretaria y después de 5 minutos me llamaron. Le pregunté a la señorita si estaba bien que mi hermano me espere ahí sentado, me dijo que ella ya se tenía que ir, y que no me recomendaba que se quede un niño sólo en una sala tan grande. Mi hermano entró conmigo, nos dirigimos a un salón con casilleros y la señorita me dio una toalla y me dijo que me quitara la ropa y la guardara en un casillero. Así lo hice, pero por supuesto no me quité los boxers, me puse la toalla en la cintura y fuimos al cuarto donde me examinarían, estuvimos un rato ahí, mi hermano seguía enojado conmigo por lo que ni me hablaba. Llegó el doctor, un hombre de unos 35 años, recuerdo que tenía ojos azules, un poco bronceado, y bastante alto. Nos presentamos y me dijo que me acostara en la camilla, me quité la toalla y me acosté, mi hermano se sentó en un banco alto, de donde tendría una perfecta vista a todo lo que me hagan. El doctor me empezó a revisar los ojos, los oídos, en la garganta dedicó mucho tiempo, bajó a mi abdomen, y lo presionaba con sus dedos, después bajó más y sus dedos quedaron en el resorte de mis boxers, me los bajó un poco, no mas allá de la zona púbica, después de unos minutos me dijo que me quitara los boxers, y bromeó diciéndole a mi hermano que esperaba que no me diera pena, «No creo – dijo el doctor después – se ve que ustedes dos se llevan muy bien, si no, no te hubiera traído verdad?», dijo a mi hermano, a lo que éste sólo movió la cabeza como diciendo que sí. A mí no me quedó de otra que obedecer y me quité los calzones, al voltear a ver a mi hermano tenía clavada su mirada en mis genitales, luego el doctor empezó a tocarme lo huevos y apretarlos, me bromeó diciendo que esta es la parte en que se sienten más humilladas las personas y sonrió. Me puse muy nervioso, pero a la vez, y no sé por qué, sentía que me excitaba, y no sólo lo sentía sino que al ver hacia abajo ya tenía la verga parada, me puse más rojo que nunca en mi vida, mi hermano no me dejaba de ver, el doctor tocándome, y yo me quería morir, el doctor no le dio importancia a mi erección, y siguió trabajando en mis huevos, después me dijo que por favor abriera las piernas lo más que pueda ya que tiene que revisar mi ano, con sus respectivos guantes, tan sólo metió un dedo, lo dejó un rato y lo sacó, se untó un poco de crema en los dedos y volvió a meter un dedo, y en ese momento ya me quería morir, era la persona mas avergonzada del mundo, por un lado mi hermano viéndome, no sólo desnudo, sino con la verga parada, por otro lado el doctor con sus dedos en mi ano, y sin saber cómo o por qué me empecé a venir, fue lo más horrible que me ha pasado, tan sólo de recordarlo me pongo rojo otra vez, mi hermano ahí sentado veía cómo derramaba todo mi semen, el doctor sacó su dedo y me dijo que no me preocupara ni me apenara, que era lo más normal, volteó a ver a mi hermano y le dijo: «Es lo más normal, ¿no?», a lo que mi hermano sólo se empezó a reír; El doctor dijo «¿De qué te ríes tú?, seguro que te la jalas a diario», y mi hermano ya se estaba carcajeando. El doctor insistió que es lo más normal, y que no me preocupara, me dio varios klinex y me dijo que me encontraba en perfecta salud, luego me dijo que me vista y que me veía afuera. Me levanté de inmediato y me empecé a vestir, mi hermano se empezó a reír, yo le dije que se callara y que no le diga nada a nadie, a diferencia de todo lo que yo podía haber pensado, él me dijo: «¿Cómo crees que le voy a decir a alguien?», en ese momento comprendí que mi hermano es mi amigo y no mi enemigo y lo único que él había querido era acercarse a mí, y yo no se lo permitía. Tan sólo duré 8 meses en Boston y regresé a México, no entendía por qué tenía que estar sólo en un país diferente si aquí están mis amigos y mi familia, ahora llevo una excelente relación con mi hermano, con confianza y amistad. Esta historia es verídica.