Continuación…. Salimos de la ducha… pasamos el resto del día juntos, y finalmente llegaron sus padres por él. Nuestras miradas se cruzaron y nos despedimos como buenos amigos. Su madre me agradeció y salieron. Durante una semana no nos vimos mucho y nos hablábamos por teléfono de vez en cuando. Me hacía mucha falta su compañía. Estar con él durante esos días, todo lo que sucedió, todo eso me excitaba. Me masturbaba cada día pensando en él. Yo sabía que él hacía lo mismo y que no podíamos esperar a que el destino nos juntara y nos diera tiempo para amarnos. Salió un día del trabajo de repartidor temprano y se fue a mi casa sin pensarlo. Yo no había llegado aun, pero le había dejado las llaves con el portero del conjunto. Él me había llamado en la mañana para contarme que salía temprano y quería verme. Llegué esa noche y abrí la puerta ansiosamente. Cuando entré todo estaba muy oscuro, así que a tientas fui hasta el botón y encendí la luz de la sala. No había nadie. Así que salí hacia mi cuarto y encendí la luz nuevamente y lo vi, totalmente desnudo acostado en mi cama, dormido. Me imaginé que llevaba allí bastante tiempo. Al encender la luz se despertó. Y no sólo él, también su pene. Erecto en poco tiempo se tensaba hacia su ombligo con fuerza. Me acerqué y lo empecé a besar. Sus pies, sus piernas, su abdomen, no toqué su pene para que se excitara lo máximo posible. Su pecho, lamí sus pezones pequeños y sin vello, su cuello, sus labios, su nariz, su frente, sus orejas. Me tomó con las manos mi cabeza y me besó, me metió su lengua pero sentí como si fuera su alma. Me besaba con un desespero tal que mi excitación creció muy rápido. Mi pene erecto trataba de salir del pantalón pero no podía. Me arrodillé a su lado y él se lanzó sobre mí a seguirme besando. Sentía su pene erecto encima de mi ropa. Pasaba mis manos por todo su cuerpo con fuerza. Sus nalgas son increíbles. Sentía como su espalda sudaba y pasaba las manos por esa piel húmeda, lisa, lo besé nuevamente. Él, desesperado, metía su mano por mi abdomen en busca de mi pene. Nuestros cuerpos sudaban a montones. Finalmente cogió mi verga y mis huevos, jalaba y jalaba, empezó a dolerme pero no me importó. Era mi turno, así que lo tomé de los huevos, él seguía encima mío, así que con fuerza lo envié hacia un lado y lo seguía besando mientras tanto. De pronto, él me soltó, se soltó de mi mano y se levantó. Lo vi mirándome con sus ojos profundos y brillantes. La excitación hacía que su pene apuntara hacia el techo desafiante. Parecía como si tuviera frío, temblaba. Pero no era frío. Se acercó y me arrancó la ropa a tirones. Me dejé con gusto. Desnudos por fin me hizo acostarme sobre mi espalda y besó todo mi cuerpo, y mis nalgas esperaban que las besara con más ganas. Pero no lo hizo. Me volteó nuevamente y empezó a mamar mi verga. Yo no quería que termináramos así, tenía una sorpresa reservada para él. Era virgen, así que tocaba hacer todo con cuidado. Me incorporé, quité su cabeza de mi verga, me senté en la cama y lo empujé hacia ella. Acostado, con las piernas abiertas me miraba. Me acerqué, lo besé y lo volteé. No quiso al principio, se resistió pero me acerqué a su oído y le susurré «confía en mí….» de allí en adelante se dejó como un cordero. Lo volteé y lo besé como me había besado. Al llegar a sus nalgas las besé y las masajeé. Me acerqué y las lamí, las besé y empecé a abrirlas buscando su agujero. Metí mi lengua entre sus nalgas y poco a poco mi lengua se acercó a su ano. Lo lamí con ganas. Por momentos se quedaba mi lengua seca pero la mojaba nuevamente y la pasaba tratando de que se relajara su esfínter. Mucho tiempo pasé lamiendo hasta que sentí que se iba soltando. Se relajaba. Escuchaba su respiración poco a poco acelerarse y escuchaba pequeños gemidos que aumentaban poco a poco de intensidad. Le gustaba… y eso no era lo mejor…. Continuará….
