ORGASMO

Autor: Chapero16

Fecha original: 14 de julio de 2006

El orgasmo, los orgasmos, me parece la cosa que más merece la pena estudiar de este mundo, porque no hay NADA que se le pueda comparar… bueno, sí, dicen que hay drogas que van mucho más allá, pero de eso no puedo hablar porque no he probado, ahora que comprendo que si es verdad que si un tío experimenta con una droga lo que viene a ser un orgasmo pero multiplicado por mil, como me han dicho, pues entonces también entiendo que, si eso es cierto, que lo dudo mucho, entiendo que no se baje de ahí aunque se muera, qué quieres que te diga…

Ni siquiera sabemos si unos y otros sentimos lo mismo en un puto orgasmo porque todas las descripciones que hay son una mierda y nadie lo sabe explicar y además los propios orgasmos también son distintos unos de otros y yo no sé exactamente de qué dependen, o sea, no dependen del cuerpo que está contigo aunque sea el tío que está más bueno de la tierra, porque muchas veces tú solo los tienes mejores, o no. No dependen del grado de excitación ni del tiempo que lleves sin darle, ni de cuándo haya sido el último, ni de la cantidad de semen que eyacules y TODOS SON DISTINTOS, lo que pasa es que yo creo que tenemos tantos que se nos olvidan.

Este no se me olvida:

Volvíamos en tren de un viaje de clase y era casi verano. Hacía calor y era por la tarde y la gente empezó a dormirse. Había un chaval de clase que él y yo habíamos hablado muy poco. Llevaba un bañador naranja pequeño, una camiseta levis de tirantes muy ajustada y zapas de agua. Le miré dos veces y ya fui todo el rato detrás de él, pero sin pensar nada en concreto, nos quedamos en la fila y luego me fui moviendo -primero yo y luego los dos- hasta que nos quedamos juntos. No sé qué pasaba que hacía rato que nos mirábamos y en cada mirada estaba todo clarísimo, sabíamos todo lo que teníamos que hacer y lo que íbamos a hacer después y sin casi ni cruzar palabra.

Primero era acercarnos, después juntarnos. Luego ponernos una toalla por encima como si fuéramos a dormir y luego yo era tocarle los muslos, o sea la parte de dentro de un muslo y él se quitó las zapas de agua y subió las dos patas al asiento y las metió debajo de la toalla. Y por ese gesto, sólo por ese gesto, ya me pegó una especie de hostiazo cerebral y mi polla se disparó del todo dando contra el bañador y yo metí una zarpa dentro de la toalla para sacar la polla por una pata del bañador, porque me estaba haciendo daño, y la saqué del lado en que estaba él y luego no saqué fuera aquella mano, sino que la llevé donde tenían que estar sus patas y al volver a tocar la primera sentí un porrazo de excitación y la respiración totalmente ahogada.

Debí de ponerme tan rojo que uno de los de enfrente me miró fijamente y yo sé que no me importó pero es que nada. Enfrente estaban uno del colegio que era muy chico, una señora gorda con cara de asesina y un gafas de clase que nos conocíamos de sobra y era el que más miraba, el cabrón. Pero el chaval del bañador naranja debía ser inteligente porque sacó su polla sin que por fuera se notara absolutamente nada y sin mover un músculo de la cara, aunque yo sabía perfectamente que se la estaba sacando. De pronto se me ocurrió que como su bañador era tan pequeño, no como el mío, la polla tenía que haber quedado bastante pillada entre la pata del bañador y el muslo y si eso era del lado en que estaba yo pensé que eso sería fantástico y sólo de pensar esa secuencia tuve otro porrazo de excitación que casi me dejó mareado y volví a sentir que no podía respirar ni poco ni mucho ni nada.

Me daba miedo ir a comprobar que su polla estaba allí, donde yo pensaba y como yo pensaba, porque si acertaba iba a ser demasiado. Y como yo no hacía más y estaba bastante paralizado fue él el que vino y me la cogió y empezó a dar movimientos mínimos con la vista fija encima de la toalla hasta que estuvo completamente seguro de que allí no se movía nada… entonces fui yo, hice lo mismo, sólo que cuando yo comprobé que su polla estaba efectivamente allí me dio un gozo del copón y casi tuve que sacar la mano porque pensé que me iba a desmayar.

Empezamos a darnos con un cortazo absoluto, con el menor movimiento posible, con un recorrido casi nulo. Era tan imposible que yo cambié el sistema y empecé a dar en su polla con los nudillos y él hizo lo mismo,,, ¿Cuánto tardamos? No puedo decirlo, pero sé que muchísimo. Los dos mirando al frente, él tuvo que bajar sus patas del asiento y sus pies descalzos quedaron un poco colgando y a mí me encantaba mirarlos, porque casi no podía ver nada más y le miraba de reojo un poco a él y veía que respiraba casi tan mal como yo.

A mí ya casi me estaban dando las oleadas y empecé a pensar cómo iba a ser la corrida, o las corridas y sólo de pensarlo como que ya me iba y me puse a hacer un esfuerzo para cambiar de pensamiento y vi que la señora gorda con cara de asesina nos estaba mirando todo el rato, pero a las caras, que el chavalín no se enteraba de nada, de aburrido que iba y que el hijoputa del gafas ni pestañeaba… y pensé que tenía que mirarle a él, a mi chico, para ver por dónde iba, porque yo no quería adelantarme ni retrasarme, pero no podía, no podía mirarle, me daba una vergüenza total mirarle, igual si le miraba se estropeaba todo, se cortaba, se iba… yo qué sé…

Y entonces dejé de darle con los nudillos y empecé a tocarle toda la polla lo más suave posible con las yemas de los dedos. El cambio fue otro latigazo, la polla pegó como una sacudida y él también, pero ya estaba hecho y yo con las yemas de tres dedos frotando el glande y el tío que vi que se me quedaba sin respiración y la mano que me estaba dando a mí se paró en seco pero luego siguió haciendo lo mismo que yo hacía, o sea con las yemas, pues otro hostiazo y yo tuve que abrir las patas porque se me descontrolaban todos los nervios…

La señora con cara de asesina sacó una revista y el gafas se las quitó para limpiarles el sudor y yo pensé que ya era el momento de correrse, porque no podía más, yo ya no podía más y aceleré el movimiento y él hizo lo mismo y yo pensé que me iba a ir mucho antes yo, pero no, con aquel estrangulamiento de polla no era como siempre, sino que iba más despacio, y gozando lo mismo o más, ya ves… y fue él. Yo lo noté porque su polla pegó un cabezazo y entonces yo por instinto le hice un capuchón con mi mano y me la inundó y él ya estaba respirando como una locomotora y tuvo que hacer un esfuerzo de la ostia para no mover las patas y se tuvo que notar, pero la tía estaba clavada en la revista, el gafas con cara de pasmao y el niño como las vacas. Y me llegó a mí y yo ya sabía que él me iba a poner el capuchón y no me preocupé por eso, pero me preparé para el orgasmo como pude, puse una zarpa en su muslo y con la otra intenté arañar la tapicería o yo que sé… Fue la hostia. No he tenido otro igual. Me agarró una sacudida bestial que yo creo que empezó en la punta de los pies y acabó en el cerebelo. Y luego otra… y luego otras más pequeñas…

Sin saberlo, los dos hicimos lo mismo. Fuimos al baño y mojamos los bañadores enteros. La toalla se quedó allí, en el asiento. No era nuestra, ni suya ni mía. Nos cruzamos después un par de veces y casi no nos miramos y al final, al bajar del tren, él se quedó en el andén, como esperando a alguien que no acababa de llegar…

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