RUBIO, BAJITO Y MACIZO

Chapero16

Fecha original: 1 de julio de 2006

A deshoras y sin llamar aparecieron el Fay, Fayed, y otro pidiendo asilo. A Fayed lo encontré muy perjudicado, más delgado, si puede ser, con la mirada perdida y más frágil que nunca. El otro, Marcos, es un rubio bajito y macizo con una pinta macarra total, pero que luego habla muy bien y se le nota muy seguro.

Empezaron a contar y no acababan. Estaban en la calle y les cogieron dos bastante mayores, de más de cuarenta o cincuenta. No eran precisamente bears, con los que las prepara el Fayed, ya sabes, pero eran grandes, uno bastante gordo, casi una cerda, y el otro enorme y se los llevaron en coche a una casa muy apartada. Por el camino todo fueron sonrisas y caricias y cuando llegaron allí cerraron la puerta con llave y empezó todo. Tampoco es cosa de contarlo aquí. Les trataron de hacer toda clase de guarradas y encima pegándoles. El rubio se mantuvo muy tieso y recibió hostias, pero no se dobló, y el Fayed tragó, como siempre -lo malo de él es que encima obedece- y se hicieron de todo con él y, claro, encima le forraron igual. Son cosas que no tienen remedio, yo creo. Cuando pudieron escaparse, después de horas, no pudieron ir a su casa, porque ENCIMA sabían donde viven éstos. ¿Cómo es posible eso?

Hay una cama pequeña y una grande, de manera que dije que uno durmiera conmigo y fue Marcos. Yo duermo siempre en pelotas totales -otra manía- con un edredón fino de plumas, porque en la cama no aguanto ni un boxer. Me acosté cuando él estaba en la ducha, o sea que no le vi, y me sopé enseguida porque estaba agotado ese día. Pero no sé cuánto rato después me desperté y Marcos estaba abrazado a mí. Podía haber sido sólo eso y no pasa nada, pero no, me estaba tocando claramente todo el muslo y el culo, o sea. Me sentó mal. Después de todo no le conocía de nada y era mucho morro…

-Oye, ¿pero tú de qué vas?

-Perdona, tío.

No estábamos totalmente a oscuras y se distinguía dónde

estábamos cada uno, yo sentado en la cama y él se había dado la vuelta y estaba de espaldas y eso me sentó todavía peor y encendí la luz.

-Pero cómo te pasas, ¿no?

Me miró y me pareció que tenía la mirada más triste del mundo.

-Perdona, tío, es que se me fue sin pensarlo. No volverá a pasar, te lo juro…

-¡Joder! – dije bastante furioso.

Apagué de un golpe la luz y di una vuelta brusca en la cama, dándole la espalda, con intención de olvidarle y seguir durmiendo. Pero no. Al cuarto de hora estaba más desvelado que nunca y pensando como una moto: -Pero, ¿a qué viene esto, Dani? ¿Te gustaría que te hicieran eso a ti después de lo que les ha pasado a ellos? Es amigo de Jimmy, ¿no?, está durmiendo en tu casa, ¿por qué le has hecho eso? ¿Has visto su cara? ¿Te imaginas el cortazo que está pasando? Bueno, te ha metido mano, ¿y qué? ¿Es que te estás volviendo gilipollas o qué?-

Encendí la luz y me senté en la cama. No se movió.

-Marcos.

Otra vez aquella mirada tristísima.

-¿Quieres que me vaya?

-No tío. Espera. Ven aquí.

Había salido de la cama como un rayo y entonces pude verle. Estaba mucho mejor desnudo que vestido. Llevaba un slip tan enano, tan macarra y tan estampado que hasta le quedaba bien. Era bajo el cabrón, pero acojonantemente proporcionado y tenía unos músculos preciosos, sin exagerar. El pelo rubio, cortado de penas, le caía como en bucles hasta los hombros y había collares, pulseras, pirsings por todas partes y hasta una tobillera supermari.com de esas que se ponen en las piscinas los que no se atreven a lanzarse… Estaba monísimo allí, de pie, con la polla con ganas de salirse de aquella tela superajustada. Se metió en la cama otra vez y yo le puse las manos en el pelo para hablarle.

-Perdona Marcos, tío. Estaba cabreado, tenía mucho sueño y me he pasado tres pueblos.

-Nooo, soy yo el que me he pasao los tres pueblos, encima de estar aquí…

-Olvídalo todo que no ha pasado nada, ¿vale?

Yo seguía con las manos en sus pelos para darle confianza. Mi cara se había acercado demasiado a su cara y entonces me besó. Yo no me lo esperaba para nada y él se retiró enseguida y yo también, pero enseguida me arrepentí de volver a despreciarle y esta vez le besé yo trayendo su cabeza hacia mí… y entonces se disparó. Sus labios bajaron i n m e d i a t a m e n t e de mi boca a mi polla, me empujó suavemente con las dos manos para tumbarme y empezó a chupar.

La preparamos. ¿Y qué haces ahora, Dani? Nada, claro, seguir.

¿Le vas a cortar otra vez? Ni de coña. El ya se dejó llevar,

imparable, y yo también. Después del primer asalto le dije:

-¿Tú qué eres?

-Yo lo que me manden.

-¿Y ahora?

-Lo que tú quieras.

¿Se puede ser más encantador?

-Pero, ¿qué es lo que te gusta más?

-¿De verdá me lo preguntas?

-Que sí.

-Follarte.

Estaba yo como que muy equivocado. Yo pensaba que era un chapero macarrilla y el tío es muy bueno. Maneja la polla como un profesional y aguanta lo que le echen. Este también folla como el que respira y además estaba atento de mí todo el rato. Le gustaba cambiar de postura y me lo pedía con mucha delicadeza… y en todas era buenísimo el cabrón. Además de tenerlo dentro, todo el rato le tenías en la boca, en los muslos, en el cuello, le daba tiempo a morderte los pies, los pezones… todo sin perder el ritmo.

Cuando se corrió en mi vientre, yo viéndole, fue acojonante. No acababa de salir nunca.

-Es que tengo mucho semen, tío, ¿sabes?

-Es que eso no es mucho semen. Eso es un grifo.

-Sí.

-Y a la peña le encantará eso, ¿no?

-Más bien. Se ponen locos. Pero también da mucha envidia…

-Entiendo.

-Dani.

-Qué.

-Podemos dormir ahora y hacerlo otra vez por la mañana. Bueno, si te ha gustado…

-Me ha encantado, tío, de verdá.

Y cuando me desperté estaba como esperándome, sonriente, apoyado en un codo y pasándose la mano abierta por la polla totalmente empalmada, con una naturalidad total. Entraba sol y la polla parecía más grande que por la noche y su mirada ya no estaba triste.

***