El primero en darse cuenta de nuestro nuevo espectador fue Daniel, el cual estaba lo suficientemente empalmado para arquearse y fumar el porro de marihuana que tenia entre sus dedos y mostrárselo al guardia de turno, si!! era el guardia al cual yo le había dicho que estaría leyendo en aquel lugar; pero que sin lugar a dudas no había creído mi historia. Daniel me besó con algo de brusquedad y dirigió mi mirada hacia la puerta del dormitorio; fue mucho más mi susto el que me obligó a incorporarme desnudo y con mi verga apuntando hacia el cielo que mi deseo de invitar a José (José es un pelado de complexión fuerte y ya había tenido la oportunidad de recorrer su cuerpo con mi cámara en su apartamento, era blanco, macizo, con una cara de morboso que solo podía desear sexo). Desde luego me incorporé y le dije: – Soldado, aquí no hay excusa que valga, ya vio lo que tenía que ver, y si es del caso, enfrentaré mis errores. – No se preocupe cabo, por qué mas bien no me invitan a unirme?. José se quedo mirando mi verga y yo pude notar que su tremendo armamento estaba al máximo, entonces me acerqué y le di a probar un poco de marihuana para que se relajara y luego lo besé, e hice que depositara su fusil a un lado, aflojé su riata y lo hice acostar entre los otros cuatro soldados. Gabriel, Gutiérrez, Daniel y Carlos comenzaron a besarlo por todo el cuerpo por encima de su camuflado y cada uno fue desabrochando los botones de su camisa, mientras yo me arrodillaba a liberarlo del pantalón de su camuflado, decidí no quitarle las botas porque me parecía que de esa manera su apariencia era más fiera y devoradora, arrebaté de sus piernas sus pantalones y sólo quedó en un boxer blanco que ya estaba húmedo por el sudor que emanaba su entrepierna y su verga, esto me excitó mucho mas y probé todo su sudor con mi lengua por encima de sus calzoncillos, fue en ese momento cuando José se levantó y se paró enfrente de mí como un poste listo para ser clavado en la tierra; pero qué equivocado estaba, él sacó su verga y comenzó a orinarse encima de mí, sus chorros daban en mi cara y yo me excitaba cada vez más, mientras Carlos y Daniel se comían su culo a lengüetazos, su chorro de orín no parecía terminar y ya me tenia totalmente bañado y fue en este momento cuando me acerqué a su verga y comencé a mamársela mientras Gutiérrez y Gabriel se dedicaban a jugar con la verga de látex que había llevado. Su sabor era inigualable, primero comencé por probar el capullo de su verga y luego recorrerla hasta sus testículos; su sabor salado por el orín me excitaba cada vez más y me levanté y comencé a besarlo. Entonces lo llevé hasta la orilla de una de las literas de los camarotes y lo coloqué en cuatro, masajeé su culo con mis dedos y comencé a meterle mi verga por su culo flexible pero duro, cada vez le bombeaba con más fuerza y en un momento sentí a Gutiérrez metiéndome su verga en mi culo, de esta manera los demás se animaron y todos nos clavamos formando un maravilloso tren que empujaba al unísono de todos. Carlos me pasó la verga de látex para que la chupara, aun con el sabor de haber estado introducido en culos de hombres recios y fuertes, aun sabía al sudor de haber trajinado toda una noche. Sentí como Gutiérrez se retorcía e inundaba mis entrañas con su maravillosa leche, no pude contenerme y me vine dentro del culo de José mientras los otros hacían lo propio en el culo de los demás. El guardia (José) se contuvo y se levantó, todos hicimos un circulo a su lado y comenzó a correrse a chorros, todos chupábamos su verga para que no se desperdiciara un gramo de su leche. Finalmente todo caímos rendidos y fuimos a las duchas para bañarnos. Después de aquello cada uno ha terminado de pagar su servicio militar y no he vuelto a saber de ellos, pero aun guardo la maravillosa verga de látex que es un recuerdo irrefutable de aquella noche de varios soldados en acción. Cabo Primero, Julio Juceza1@yahoo.com
