Un buen examen

Hola a todos, me llamo Francisco y recientemente cumplí 18 años. Vivo en México y curso el 4º semestre de preparatoria. Mi escuela es una de las más reconocidas de la ciudad, tanto por su alta calidad académica y por su gente, pues se piensa que a ella acude sólo gente fresa. Para quienes no sepan, fresa en México significa presumido, mamón, alzado. La verdad es que como en todos lados, hay de todo. Les voy a contar del mejor sexo que jamás he tenido en la vida, fue con un chavo con quien cursé segundo semestre, pero nos separaron a partir de tercero. Su nombre es Marco y es un monumento. Aproximadamente 1.85 m, cabello negro, piel blanca pero bronceada, acude al gimnasio desde hace dos años cuatro veces por semana, así que ya sabrán, tiene unos pectorales perfectos, unos brazos musculosos, una cintura que enloquece y lo que más me fascina de él es su abdomen, marcado por seis cuadros, tres de cada lado. Como les dije, Marco y yo cursamos segundo semestre juntos, durante este tiempo Marco me pidió ayuda en varias ocasiones con materias como física y matemáticas, para las cuales no es muy bueno. Yo sin poder negarme, le dije sí a cada vez que me lo pidió, y así siguieron las cosas en tercer semestre, aunque ya no estábamos juntos, él me pedía ayuda y yo aceptaba feliz de que viniera a mi casa, pues podíamos estar solos ya que mis padres trabajan y estar sentado junto a él a centímetros de distancia, podía oler su colonia, admirar el tono de su piel y en ocasiones distantes rozar su pierna, su costado o sus hombros con mi mano mientras la movía al explicarle. Durante el ultimo examen de física, Marco, para variar me pidió ayuda y yo por supuesto dije que sí. Nos citamos en su casa a las 4:30 de la tarde un miércoles. En cuanto llegué a mi casa comí rapidísimo, me arreglé y salí. Llegué justo a tiempo cuando su mamá salió a dejar a su hermano menor a práctica de fútbol, ella dijo que después iría a tomarse un café con sus amigas y que regresaba por la noche, yo sentí que el corazón me latía con toda su fuerza en el pecho, sólo de pensar que Marco y yo estaríamos solos de nuevo. Su mamá se fue y entramos a la casa, grande, pues Marco era del grupo de gente de dinero, pero de los buena onda. Me ofreció algo de beber y yo acepté un refresco. De inmediato nos sentamos a la mesa, yo abrí mis cuadernos de apuntes y él los suyos, comenzamos a revisar problemas y estando en esto, yo comencé a rozar su pierna igual que otras veces, sólo que en una ocasión él se movió mientras yo lo hacía y toqué su abdomen bajo. Casi temblando me disculpé y dijo: – No hay problema, yo me moví. De inmediato seguimos con la explicación y opté por dejar de rozar su pierna. Acabamos la mayor parte de los temas antes de lo que habíamos planeado, apenas eran las 5:30h. – ¿Qué te parece si nos damos un break y oímos música un rato? – me dijo. – O.k., suena bien – Contesté. Subimos las escaleras hacia su cuarto y estuvimos oyendo música y platicando de varias cosas entre las que destacaron las chavas. Yo tenía una novia a la que obviamente ni siquiera me sentía atraído, sólo me caía muy bien y Marco tenía la suya. De repente me dijo: – ¿Qué opinas de los putos, Paco? Yo me quedé helado, pero con calma contesté: – Mientras no se metan conmigo, que hagan lo que quieran. ¿Por? – Es que me enteré de que un tipo de la escuela es gay, de los que iban con nosotros en segundo. – ¿Quién? – pregunté. – No te puedo decir, me hizo prometer que no diría nada. – Yo tampoco voy a decir nada, sólo es para saber. – Bueno, ya que sabes que iba con nosotros, ¿qué pasaría si fuera Luis? (Luis es mi mejor amigo) – Nada – dije. – ¿Nada? – preguntó. – No, Luis me cae muy bien y no creo que nada cambie esa opinión, pero . . . ¿es Luis? – Mmmm, no! Mejor vamos a estudiar. Regresamos a estudiar, pero yo lo sentía muy tenso, así que en medio de un problema, dejó el lápiz sobre la mesa y me vio a los ojos. – ¿Qué pasó? – pregunté. – Voy a decirte algo, pero para nada ni por nada le digas a nadie, y si alguien te quiere sacar algo, avísame y yo lo madreo. – Wey, me estás asustando, dime qué pasa, te prometo que no diré nada. Se paró de la silla, dio una vuelta alrededor de la mesa y regresó a la silla, respiró profundo y me dijo: – Soy gay. Yo estaba como piedra, me quedé sin habla de la sorpresa, jamás me imaginé que ese molde de hombre fuera gay. – Dime algo – dijo. – Pues me sorprendiste. ¿Y tu novia? – Es una pantalla. – Deja de jugar – le dije. – No es un juego, es la neta, soy homosexual, me gustan los hombres, dijiste que no importaría. – Pues no me importa, pero no creí que fueras tú. – Nadie se lo imaginaria, ¿verdad? – No, nadie. En ese momento tomó el lápiz de nuevo y seguimos estudiando. Yo no sabía qué hacer, pero seguí como si nada, acabamos en 15 minutos más y ya eran las 6:30. Esta vez yo le propuse subir a su cuarto a oír música. En cuanto nos sentamos en la cama, le dije: – ¿Es en serio lo que me dijiste? – Es lo más serio que he dicho en la vida, pero prométeme que no se lo vas a decir a nadie. – Te lo prometo, pero ¿cómo sé que es verdad? – ¿Qué quieres de prueba? – No sé, algo. Entonces se acercó hacia mí y puso su mano en mi paquete – ¿Esto te basta? – dijo quitando su mano. – Ahora déjame decirte algo a ti. – dije – Yo también soy gay. – No es cierto, deja de reírte de mí. – No me río, es la verdad. – No te creo. – ¿Quieres pruebas?. – Sí. Me acerqué y puse mi mano es ese paquete que siempre había deseado. – No basta. – dijo. Me acerqué, puse mi mano en su nuca y lo besé. En ese momento fui el hombre más feliz del mundo, una de mis fantasías está volviéndose realidad. Me alejé de él luego de un minuto de besarnos. – Me convenciste. Entonces él me besó, nos pusimos de pie y sentí su cuerpo contra el mío, por primera vez. Sus manos recorrieron mi espalda hasta mis nalgas y de regreso y yo no perdí tiempo, sólo que las mías se quedaron en ese trasero esculpido y duro. No sé por cuánto tiempo nos estuvimos besando, pero cuando nos despegamos me preguntó qué era, yo dije que inter. – Entonces espérame. Ss acercó a su cajón y sacó un condón, desde ahí me dijo: – ¿Quieres que lo hagamos? – ¿Tenemos tiempo? – Todo el que queramos. – Entonces sí. Tomó otro condón y dejó los dos sobre su mesa de noche, se acerco a mí y me dio un pequeño beso. Se tumbó en la cama y me hizo señales para que me acostara, lo hice y nos besamos mientas nos desvestíamos sobre la cama uno al otro hasta quedar en ropa interior y calcetines, él usaba unas truzas-boxer negras pegadas al cuerpo y que no dejaban salir su miembro que yo veía palpitar. De inmediato me dispuse a liberarlo, me senté sobre sus rodillas y me acerqué a su paquete, lo besé por fuera, lo olí y cuando no pude resistir más la tentación, bajé su ropa interior y ante mí broto un palo, porque eso era, un palo más grande de lo que jamás había visto, aproximadamente 21 cm. Besé toda la parte alrededor de su miembro, lamí sus huevos y me deleité oliéndolo, su olor era increíble, un olor a hombre que jamás he encontrado de nuevo. Cuando su verga estuvo totalmente erecta, la tomé en mis manos y comencé a besar la cabeza. Mmmmmmm, sólo de recordarlo me hace chuparme los labios. Introduje su verga en mi boca y entonces ese sabor inundó toda mi boca, comencé a trabajar en su verga como jamás lo había hecho, jugando con mi lengua en su cabeza y engulléndola toda y luego sacándola. Cuando sentí que se estremecía, me dijo que era su turno y me recostó en su lugar, ahora él bajó mis boxers y trabajó en mi verga, que se puso más dura de lo que ya estaba, incluso me dolía, pero su saliva alivió el dolor y lo convirtió en placer. Yo llegué a empujar su cabeza hacia mi verga de lo bien que lo hacía. Cuando estaba a punto de venirme lo detuve e hicimos un 69. Así estuvimos no sé cuánto tiempo trabajando uno en el otro, yo por mi parte sentía cómo de vez en cuando sus dedos jugaban alrededor de mi agujero tratando de entrar. Yo tampoco perdí tiempo y sobé, apreté y jugué con su trasero y su hoyo durante este tiempo. Eventualmente comencé a sentir cómo mi verga comenzaba a temblar, estaba a punto de venirme. Con todo mi pesar saqué su verga de mi boca y le advertí de esto a Marco, pero él no dijo nada, siguió y en ese momento me vine, jamás había sacado tanta leche en mi vida, sentí cómo su garganta engullía todos y cada uno de los chorros de leche que le enviaba al tiempo que yo me deleitaba en su verga. Justo cuando terminé de venirme, un río de semen me inundó la boca, con gusto tragué y saboreé toda la que pude, pero fue casi imposible, tuve que dejar derramar algo por la comisura de mi boca, era como un niño con helado, chupaba y lamía todo lo que podía. Después de acabarme su leche, nos incorporamos y nos dimos un beso indicado en la cama. Después nos acostamos de nuevo y lo abracé, tomamos un descanso después de la acción y me preguntó que si quería algo de la cocina, dije que no y él salió del cuarto, desnudo, mientras yo admiraba ese cuerpo tan perfecto que me había puesto Dios en el camino. Mientras, yo seguí recostado en su cama y cuando entró traía una lata de crema chantillí lista para comer. Me dijo que tenía una idea y yo sabía por dónde iba la cosa, se sentó sobre mis rodillas, con su culito sobre mi muslo y puso un poco de chantillí en mis pezones, después lamió la crema y siguió hasta mi abdomen. Para este punto, yo estaba de nuevo a mil y noté cómo él empezaba a ponerse caliente. Le dije que cambiáramos de posición y lo hicimos, me dio la crema y yo le puse una barba de candado, la cual lamí entre besos, jugué con la crema en sus pectorales, su abdomen y en sus piernas. Me dijo que había que aprovechar el tiempo, que me pusiera en cuatro. Dejé la crema a un lado y así lo hice, él tomo la crema y puso un poco en mi culo, después lo lamió y entre las lamidas me metía la lengua y un dedo, yo ya estaba dilatando de placer. Entonces dejó la crema y tomó uno de los condones, lo abrió y se lo colocó, acercó su verga a mi agujero abierto y puso la cabeza de su verga en mi hoyo, por un momento pensé en hacerme hacia atrás de golpe, pero analicé que jamás había tenido 21 cm en mí, y que sería un tanto doloroso. Él comenzó despacio a meter su verga, centímetro a centímetro. Yo sentía cómo entraba y lo único que podía hacer era disfrutar cada momento. Finalmente tuve su verga completamente dentro de mí, el dolor no había sido tanto como creí, se veía que Marco sabía el arma que cargaba y la sabía usar. Comenzó un lento movimiento hacia fuera y de repente se dejó ir hacia dentro, su pubis chocó con mis nalgas y después lo volvió a hacer, salía despacio y entraba de golpe, era la gloria, el sólo hecho de saberlo atrás de mí me volvía loco y aparte tener su arma dentro y moviéndose, era casi increíble. Se movía con una pericia de maestro, no sé dónde aprendió a moverse así, pero era el Cielo en la Tierra. En un momento me dijo que se venía y se detuvo con toda su verga dentro de mí, luego me empujó hacia él con sus manos en mi cadera y luego aflojó, supe que se había venido, después se dejó caer sobre mi espalda, se incorporó y me dio pequeños besos en la espalda mientras sacaba su verga, un poco dura todavía, removió el condón y entró al baño a tirarlo. Yo mientras, me acosté en la cama y sentía que el miembro me reventaba. Marco entró de nuevo al cuarto y me dijo que me tocaba disfrutar. De inmediato se acercó, tomó el otro condón y me lo colocó con una sóla mano, después se subió a la cama y se acercó a mí, me dio un beso y se comenzó a sentar lentamente sobre mi verga, era una visión única, su cuerpo perfecto bajando sobre mi verga para acabar viendo su preciosa cara frente a mí, le di un beso y cambiamos de posición, lo recosté sobre la cama, subí sus piernas a mis hombros y lo tomé por la cadera, él por su parte me tomó de las nalgas y me comencé a mover lentamente entrando y saliendo y fui acelerando el ritmo hasta que el sonido de mis huevos y sus nalgas al chocar era casi tan constante como el tictac del reloj. Marco con ansia me empujaba hacia él al tiempo que a intervalos se masturbaba. Mientras tenía ambas manos en mis nalgas, sentí como que me iba a venir. Al igual que él, le hice saber y me vine dentro de él. Fue algo estupendo, ver su cara sudorosa y sonriente me insipiró aun más y me quedé seco de semen ese día. Una vez que acabé, saqué mi verga de su hoyo y me quité el condón, él se incorporó, le di un beso y fui a tirar el condón al baño. Cuando regresé, Marco estaba acostado sobre la cama jalándose la verga, me acerqué a la cama, me acosté junto a él y moví sus manos y puse las mías en su lugar, lo masturbé y se vino él por tercera vez, su leche voló hasta su abdomen y yo me deleité lamiéndolo. Después nos abrazamos y nos quedamos ahí hasta aproximadamente las 9 de la noche, cuando vi la hora me levanté de inmediato y me vestí. – ¿Ya te vas? – me dijo. – Sí, ya es tarde. Él también comenzó a vestirse y bajamos las escaleras. Al pie de estas nos quedamos viendo y nos dimos un último beso. Pasé a la mesa y recogí mis cosas, salí a la puerta y Marco me siguió, le di la mano y le dije: – Nos vemos mañana en la escuela, que te vaya bien en el examen. – Gracias. . . por la ayudada. – Cuando quieras – dije sonriendo. Me dirijí a mi coche y arranqué, el camino a mi casa era un tanto largo, así que tuve tiempo de pensar en todo lo que había pasado, y de inmediato a dormir, pues estaba exhausto. Al día siguiente todo fue tan normal como siempre, pero al terminar las clases me encontré a Marco, me dijo que estaba muy seguro de su examen, y que si pasaba, iba a hacer una fiesta en su casa y que estaba invitado. Para mi fortuna Marco pasó, fui a la fiesta, y me quedé ahí, pues estaba pasado de copas y sus papás insistieron, llamaron a los míos y Marco y yo tuvimos otra gran noche. Afortunadamente, llevamos la asignatura de física toda la prepa, y es fecha que lo ayudo a «estudiar».