Un Día de Fiesta a Tope!
Bueno, la verdad es que no resulta fácil contar una experiencia como de este tipo. Cuando me propuse escribirla lo veía todo más sencillo, pero ahora las ideas, los recuerdos, las sensaciones…, me bullen en la cabeza y no sé por dónde empezar. Quizás presentándome, contando cómo empezó todo esto, y así, cogiendo el hilo, llegar a lo que realmente quiero contar. Aunque me da un poco de miedo enrrollarme e irme por las ramas. Me llamo Rocco, tengo 17 años, y mi primera experiencia sexual, pero de las de verdad, la tuve hace tan sólo unos meses con Pietro, un colega de clase. Antes de eso, la cosa no había pasado de pajotes colectivos en la camarilla de colegas que salíamos juntos. Aunque, eso sí, cada uno dándole a su respectiva polla. Esa era la práctica habitual los fines de semana, cuando después de salir de marcha solíamos ir a casa de Pietro, aprovechando que sus padres no estaban, y nos poníamos a ver una de esas pelis porno del plus.
Recuerdo que la primera vez me quedé flipado. Esa noche habíamos estado hablando de tías, de cómo había que montárselo con ellas, del gusto que podía dar todo eso, y Pietro propuso ir a su casa y ver una de esas pelis. Yo nunca había visto una película porno, y ese día (o esa noche) al poco rato de estar viéndola mi polla se había puesto tan dura que me dolía aprisionada dentro de los vaqueros con la visión de aquellos «trastos» que las tías chupaban o se metían en su coño. Como siempre, Pietro tomó la iniciativa: -«Nanos, yo no sé cómo estaréis, pero yo necesito hacerme un buen pajote»-, soltó mientras se desabrochaba el pantalón y se la sacaba. Fue entonces cuando realmente me quedé flipado. Ya lo había visto en bolas otras veces, al igual que al resto de colegas cuando íbamos a las duchas después de un partido de balonmano, pero nunca se la había visto dura: tenía un pollón enorme, largo y gordo. El resto le imitamos, y nos pusimos ha hacernos un pajote. Fue genial, y esa noche, ya en mi casa, volví a masturbarme pensando en el pollón de Pietro. Pues bien, como dije al principio, eso fue algo habitual durante algún tiempo. Hasta que una noche, que Pietro y yo nos habíamos quedado a estudiar, nos pusimos a ver una de esas pelis y a pajearnos. Al rato de estar dándole, Pietro me soltó: -«¿Nunca te han hecho la paja?»-. Le respondí que no. Y me contó que a él si, que uno de clase se lo había hecho y también se la había chupado. La verdad es que era algo que estaba deseando, sentir otra polla en mi mano que no fuera la mía, pero no le dije nada. Me la cogió y se puso a meneármela. Yo hice lo mismo. La sensación que sentí fue tan fuerte, que tuve que decirle que me la soltara o me correría enseguida.
Después de aquello, lo volvimos a repetir otro día, pero en esta ocasión me propuso que nos la chupáramos:- «Tío, es una pasada…, vamos a hacerlo. Te la chupo un poco y luego me lo haces a mí, ¿vale?»-. Pietro se inclinó y metió mi polla en su boca. Sentí como sus labios se deslizaban a lo largo del tronco, como se la tragaba toda, como subía y bajaba y luego me chupaba sólo el capullo. Al rato se levantó y me dijo: -«Ahora tú… trágatela toda… veras que pasada tío-«. Se la cogí con una mano, me agaché y comencé a pasarle la lengua por el capullo, por los bordes… lo apreté con mis labios, se lo chupé y me la metí dentro de la boca. -«Si nano… continúa… trágatela toda…»-, me decía de vez en cuando. Y yo con su pollón dentro de la boca. Chupando una polla por primera vez. Lo había visto en fotos, pero era muy diferente sentirlo. Estuvimos así un buen rato, hasta que Pietro comenzó a gemir: -«Joder… joder… me voy a correr nano… síiiiiii…»-. Me la saque y comenzó a soltar chorros de leche que se estrellaron contra mi cara, mi pelo… deslizándose por mi mano. -«Ahora házmelo a mí, tete… quiero correrme ya»-, le dije al tiempo que le cogía por el cuello e inclinaba su cabeza sobre mi polla tiesa. Se puso a mamármela con fuerza, con movimientos rápidos. Veía como mi polla entraba y salía de su boca, y sentía su lengua jugar con mi capullo: -«Me voy a correr… me corro… me corro… sí…»-, y los primeros chorros de mi leche se deslizaron por su boca y luego empaparon su mano.
El asunto iba cada vez más lejos. Pietro sólo había visto pelis porno de tíos y tías, pero yo hacia tiempo que tenía una colección de fotos de tíos, capturadas en Internet, haciéndoselo entre ellos. Uno de esos días le enseñé unas en las que los tíos se chupaban el agujero del culo o se metían la polla del otro dentro. A Pietro, aunque soltó que aquello era un poco guarro, le excitó mucho, y decidimos hacerlo nosotros. Yo ya tenía experiencia, aunque en solitario, de pajearme mientras me metía varios dedos en el culo. Aquellos pajotes siempre eran salvajes, con unas corridas de no te menees. Nos fuimos a su habitación y nos desnudamos. Pietro estaba un poco cortado al principio, pero a esas alturas yo estaba decidido ir hasta el final. -«Ven… ponte así… sobre la cama a cuatro patas. Yo te lo hago primero y luego tu… ¿vale?»-. Pietro hizo lo que le dije, y yo me puse detrás. Tenía su culo delante de mi cara: redondo, duro, suave… se lo acaricié, deslicé mi mano por su raja y rocé su agujero… se lo abrí, y apareció ante mí su agujero sonrosado y suave… sin pelillos (el mío si que tenía unos cuantos), y acerqué mi lengua para acariciarlo: -«¡Coño… nano!… que sensación… continúa»-, exclamó con las primeras lamidas. Seguí lamiendo su agujero. Flipaba con su culo, pero sobre todo, haciendo realidad todo lo que había visto en aquellas fotos. Poco a poco observé que su agujero se abría, ya no estaba apretado como al principio. Le metí un dedo, y simulé que lo follaba. Le gustaba: -«Nano, esto da un gusto que te cagas»-. Y la verdad es que a mí también. Cuando él se puso a hacérmelo no me lo podía creer. Notaba su lengua deslizarse por mi agujero, rápida, húmeda, caliente… -«Continúa tete… no pares… sí… así… meteme los dedos ahora»-, le decía mientras Pietro jugaba con mi agujero, lo chupaba, lo penetraba con su lengua, con sus dedos… Al rato, Pietro me dijo: -«¿Quieres que te la meta?, tengo unas ganas que no me aguanto… vale… di que sí»-. Casi no esperó a que le contestara, su capullo rozó mi agujero y apretó. Noté como su capullo entraba en mi culo, y aquello me dolió un poco. -«Tete… despacio que me duele… ves poco a poco»-, y Pietro paró, para luego continuar metiéndomela, hasta que todo su pollón estuvo dentro de mi culo. La notaba dentro, llenándomelo… -» Sí… sigue así… despacio tete…». La verdad es que después del primer dolor, aquello daba un gusto enorme. Aunque no sé si aquel placer era porque me estaba follando o porque después yo se lo haría a él.
Cuando me tocó el turno de penetrarlo estaba tan excitado que si se la hubiera metido me habría corrido inmediatamente, y me puse a chuparle el agujero otra vez. -«Nano… métemela ya… quiero ver qué se siente»-, dijo con la voz entrecortada. Acerqué mi polla a su raja, le abrí el culo y apoyé mi capullo en su agujero. Apreté suavemente y, poco a poco, fue entrando. Mientras me lo follaba le cogía la polla y lo pajeaba, y al poco tiempo comenzó a soltar su leche, y después yo. Bueno, después de este prólogo vamos con ese «Día de fiesta… ¡a tope!». Pietro y yo llevábamos ya un tiempo haciéndolo juntos. Eran las fiestas de la ciudad, y toda la pandilla salimos por ahí de marcha. A la madrugada, la basca comenzó a huir hacia sus casas. Nos quedamos Pietro, Jorge y yo, pensando qué podíamos hacer lo tres a esa hora. Como los padres de Pietro no estaban, decidimos ir a su casa. Y al igual que en otras ocasiones, cuando íbamos todos juntos, nos pusimos a ver una de esas pelis porno. Y, claro, está, a pajearnos. Hasta ahí todo normal. Pero cuando Pietro se puso borde (habíamos tomado unos cubatas, que no era lo habitual en nosotros, y la verdad es que estabamos un poco alegres), y me cogió la polla me quedé cortadísimo, sobre todo porque no sabía como iba a reaccionar Jorge con aquello. Me levanté del sofá, con la polla tiesa, mientras que Pietro se reía y se levantaba para perseguirme. Jorge hizo lo mismo, ayudándole a cogerme. Mientras Pietro me inmovilizaba, Jorge me pajeaba. Aquello, por supuesto, me gustaba. Pero hacía como sino quisiera. -«¿Por qué no nos quedamos en bolas y nos vamos a mi habitación… vamos a hacérnoslo allí…»-, propuso Pietro. Me soltaron y nos fuimos a su habitación. Allí tumbados en la cama, comenzamos a pajearnos mutuamente. Jorge en medio, y Pietro y yo a los lados. La polla de Jorge era más pequeña que la de Pietro y la mía. Pero no estaba mal. Era la segunda polla que tenía en mi mano. Pietro, mientras tanto, no paraba de hablar: -«¿A ti te lo han hecho así alguna vez?»-. Y nos enteramos que Jorge tenía más experiencia que nosotros. Le gustaba que lo follaran, y ya se lo habían hecho varias veces. -«¿Quieres que te la meta, Jorge?»- le propuse. Aceptó. Mientras penetraba a Jorge, Pietro se levantó, apagó la luz y volvió. Noté como se deslizaba por la cama, como me cogía el culo, me lo habría y pasaba su lengua por mi agujero. Aquello era una auténtica pasada. Al rato, oí unos chupetones, alargué la mano, y tropecé con Pietro. Seguí palpando, recorriendo su cuerpo, hasta que llegue a su polla que estaba dentro de la boca de Jorge. Mientras se la chupaba le cogía los huevos y también la polla de Jorge. Estuvimos así un buen rato, hasta que Pietro se colocó detrás de mí y me la metió. En ese momento creí que no podría sentir más placer nunca. Aquel revolcón fue sensacional. Mi polla dentro del culo de Jorge, su polla en mi mano, y la de Pietro en mi agujero. Después de eso, Jorge no tardó en correrse. No dijo nada. Ni gimió. Pero su leche comenzó a salir y llenó mi mano. El sentir su polla empapada de su leche me puso como una moto y comencé a soltar también mi leche. Y al poco rato, Pietro gritó: -«Sí… sí…. sí… nanos… me corro… síiiiiii»-. Deslicé mi mano hacia atrás, cogí la polla de Pietro, y pasé mis dedos por su capullo mojado de su leche.
Y así fue aquel día de fiesta, aquel revolcón.
