Un grupo de amigos… ¡Siempre listos!.

El pene lo tenía envuelto por la humedad de su lengua y garganta. Mis manos sujetaban firmemente la parte posterior de su cráneo. Yo estaba de pie con la espalda apoyada contra la pared. La bragueta abierta. Las rodillas un poco hacia delante. El tenía su mirada fija en mis ojos. Su pelo rubio, sus cejas pobladas, su cara de niño, su nariz recta. Su labios carnosos. No podía ver su mentón pero sabía que era enérgico. Estaba arrodillado delante de mí mientras sus manos estaban recorriendo mis glúteos endurecido por el placer.

El sol entraba por los amplios ventanales y, desde ese ángulo del espacioso “pent-house”, se podían ver los edificios más altos de la ciudad y al frente las montañas, que impedían a cualquier intruso regodearse con nuestro juego de hombres.

Mientras Daniel, detrás de Alejandro y frente a mí, me besaba apasionadamente con sus labios carnosos. Sus manos jugaban con mis pechos mientras nuestras lenguas deliberadamente buscaban excitar al otro. Su cuello era firme y su torso estaba desnudo. Podía ver su miembro muerto y en sus pechos las manos de Alex, quien se la estaba metiendo justo en ese instante. Con sus pantalones caídos Daniel no parecía el hijito de buena familia que en verdad era. Su cara de niño bueno, locura de todas las minas, ocultaba un voraz consumidor sexual.

En eso sonó el teléfono del departamento. La contestadora se activó.

Comencé a venirme en la boca de Alejandro y él cerraba sus ojos para deleitarse con mi semen caliente. 1, 2, 3, 4 espasmos de abundante líquido seminal hacían muy feliz a mi amiguito. Como siempre me limpió totalmente la verga, con suma delicadeza.

Daniel había separado su rostro del mío mientras agarraba fuertemente mis manos, ya libres. Alex estaba penetrándolo con gran energía. Daniel comenzó a gozar de la boca de Alejandro, quien se había vuelto hacia él al terminar su operación de limpieza en mi pene. Alex empujaba con gran fuerza y antes de eyacular en el ano estrecho de Daniel lanzó uno de sus acostumbrados gritos. Estaba feliz pues, mientras la daba, Alejandro había comenzado a trabajar su culo metiéndole dos dedos. Alejandro era una bala: con la boca se gozaba a Daniel y con la mano a Alex.

Me cerré la bragueta del corduroy. Alejandro se paró y me dio un beso apasionado. Daniel sonreía de felicidad mientras Alex se acomodaba la ropa y preguntaba si alguien quería algo de tomar.

Me acerqué a la contestadora. El mensaje era del Doctor Tapia, nuestro mejor y mas regular cliente. Pedía servicio para las 8 de la noche. Como siempre quería 3 jovencitos en su departamento de Lo Barnechea, la mejor zona de Santiago.

Alex, Daniel y Alejandro podrían atenderlo. Yo tenía un compromiso.

Desde hace 18 meses mis tres amigos y yo hemos puesto un servicio de compañía en la pacata Santiago. Nos iba de maravillas. Eramos como 11 las personas que trabajabamos allí. Cada uno especializado en algún servicio en particular. Pero los únicos fijos eramos Alex, Daniel, Alejandro y yo. Los otros eran eventuales.

Yo tenía el encargo de atender todos aquellos menores de 25 que querían experimentar su primera vez. La famosa primera vez. Nunca me imaginé que habrían tantos primerizos. Y debo confesar que tampoco me hubiera imaginado que hubiera tanto gay en Santiago. Me gustaba ser firme y tierno. Harto sensual. Encuentros largos y muy completos. Ayudar a que el otro expresara todas sus fantasías y llevarlos a cabo. No me gusta la violencia y la condición para atender es que sólo una vez conmigo, la primera. Eso le da a la persona una sensación de libertad para sacar a flote hasta el más recóndito de sus morbosos deseos. Ah, tampoco me gustan los trasvestis.

Alex con sus 20 años pero con su cara de imberbe era el especialista en los “daddies”. Trae loco a cualquier gay mayor de 30. Su especialidad es la coquetería. Creo que resulta imposible que si quiere “levantar” a alguien no lo logre con tan solo mirarlo. El café de “Alto Las Condes” es testigo de a cuánto nuevo ejecutivo ha logrado cultivar con su mirada, con su particular movimiento de labios y con su forma de andar no-gay pero super sensual. Lo peor que hizo fue “levantarse” a un super rico que estaba con su familia completa. Pero el nene cuando se propone algo lo logra. Su mejor tiempo es el verano del hemisferio sur. Aquí abundan, en esa época, los llamados “viudos del verano”. Aquellos empresarios que mandan a sus familias a la playa o al campo y que están libres en la ciudad de lunes a jueves. Por eso a veces llamamos a Alex “el nene del verano”.

Dani era el pasivo del grupo. Para nada afeminado pero si con un cuerpo muy andrógino al desnudo. Totalmente lampiño, con unas curvas muy provocativas, con un potito bien formado, con un culo estrecho, con unos lindos ojos color miel que hacían juego con su piel bronceada y su sonrisa inocente. Su miembro era pequeño pero recubierto de una piel suave, muy agradable para el sexo oral aunque nunca se erectaba suficientemente. En todo el tiempo que nos conocíamos habríamos tenido sexo una centenenar de oportunidades y sólo en una logró eyacular mietras se mastubaba al tiempo que lo penetraba con sus piernas en mis hombros. Después de esa vez habíamos tenido una conversación muy seria, se había enamorado y eso no podía pasar entre nosotros, compañeros de trabajo. Ahora está tranquilo pues su “pareja” es un negro brasileño de proporciones muy grandes.

Alejandro era una joya. Mi querido hermano menor tiene 22 años. Ojos entre violetas, verdes y marrones. Completamente gay pero nada afeminado. Tiene una herramienta de 23 cms. que es el sueño de cualquier maricón. Muy gruesa pero simultáneamente muy bonita. Mide un poco menos que yo, quizás 1.78, blanco, delgado, velludo de la cintura para abajo. Ha hecho gozar a muchos con su pene incircunciso y de una cabezita roja muy sexi. Pero lo que él adora es ser pasivo y especialmente que se la den en la boca. Cosa que hace muy poco cuando trabaja; pero mucho cuando quiere que su hermanito juegue con él. Jugamos juntos desde que yo tenía 12 y el 11.