Esto me pasó el verano pasado y me pongo cachondo sólo de recordarlo. Me llamo Alex y tengo 24 años. Soy moreno, ojos marrones, 1.80 de estatura, cuerpo bien trabajado (hago mucho deporte) y muy guapo. Soy profesor de gimnasia, así es que tengo mucho tiempo libre en verano para disfrutar y hacer lo que me apetezca, pues las vacaciones en la escuela son largas. Una de las cosas que más me gusta es ir a la playa (tengo suerte de vivir en una ciudad costera) a nadar y a tomar el sol, y a ver a los tíos que también van a nadar, a tomar el sol y a algo más… Suelo ir a una playa gay, donde la mayoría de los bañistas van desnudos o con minúsculos bañadores de competición que marcan unos bonitos paquetes. A mí me excitan especialmente estos segundos (yo me incluyo entre ellos). Cuerpos bronceados acostumbrados a la natación y perfectamente moldeados. Piernas largas y potentes. Brazos fuertes, pectorales marcados y abdominales bien definidos. El bañador de natación ajustado, señalando las formas ocultas: un culo prieto y redondo, y una polla y unos huevos aprisionados en la tela que se distinguen perfectamente al salir del agua. Prefiero además que el tío tenga algo de vello en las piernas y en el pecho, no en abundancia como un oso, pero tampoco todo depilado como lo llevan algunos. Me gustan esos pelos que empiezan en el centro del pecho y se proyectan en una hilera hasta el ombligo y más abajo, hasta perderse debajo del bañador. Eso me pone muy cachondo. A veces los tíos que llevamos estos bañadores nos lo quitamos para tomar el sol, y entonces sí que es fantástico. El cuerpo moreno contrastando con la marca blanca del bañador resulta realmente excitante. Aquel día como tantos otros cogí mis cosas y me fui de mañana a la playa. Serían sobre las nueve. Tenía ganas de nadar un poco en el mar. Llegué allí y había todavía poca gente. Anduve un rato y busqué un lugar solitario cerca de las dunas donde poder estar tranquilo. Puse la toalla en el suelo y me quité la camiseta sin mangas, los pantalones cortos de deporte y las sandalias. Me quedé sólo con el bañador de natación puesto. Era de color rojo y me sentaba muy bien sobre mi cuerpo moreno y esbelto. Me gustaba sentir la brisa de la mañana en mi cuerpo y la arena todavía templada en mis pies. El mar estaba muy en calma, así es que me fui directamente a darme un baño y a estirar mis músculos. Estuve nadando un buen rato, pero ya estaba cansado, así es que decidí salir a tomar un poco el sol y a leer un rato. Al llegar a mi sitio vi que acababa de llegar un chico que se había puesto a sólo unos tres metros de mi toalla. Era muy guapo, más o menos de mi misma edad, alto, moreno y macizo. Se estaba quitando la ropa al tiempo que miraba cómo yo me dirigía a mi sitio. Llevaba puesto un bañador como el mío, pero de color blanco. Cuando llegué me saludó y yo le devolví el saludo. Llevaba el pelo muy corto y un aro en cada oreja. Era poco velludo, salvo en la parte superior del pecho, en el ombligo hacia abajo y en las piernas, aunque no en abundancia. Era perfecto. Yo me acosté en mi toalla y me puse las gafas de sol para no deslumbrarme y me puse a leer. Al poco rato el chico se levantó y se dirigió al agua, dirigiéndome una mirada de arriba abajo al pasar a mi lado. Se alejaba hacia el mar y frente a mí tenía su silueta recortada por la luz de la mañana, con un hermoso culo prieto en su bañador blanco. Se zambulló un rato y después volvió. Se le marcaba todo, y más aún con el color del bañador que además trasparentaba un poco. Se le adivinaba perfectamente su polla y sus bolas de color rosado, enmarcadas por una sombra negruzca del vello púbico. Estaba para comérselo, con las gotas de agua resbalando por todo el cuerpo. Hice como que leía, pero mi mirada oculta en las gafas no estaba pendiente de lo que sucedía en el papel, sino enfrente de mí. Se fue hacia su toalla, pero no se recostó, sino que se quedó de pie para secarse. Así estuvo un rato hasta que decidió quitarse el bañador y acostarse en la toalla para tomar el sol. Se quedó acostado con las piernas algo abiertas hacia mí. La polla estaba morcillona y caía hacia los huevos que colgaban hinchados por el calor. Tenía una buena mata de pelos rebeldes que descendían hacia la raja del culo. Era una visión impresionante, y mi polla empezó a reaccionar debajo del bañador, haciendo presión contra él. Para disimular me puse boca abajo, dejé el libro y fingí que dormía, aunque sin dejar de espiar por debajo de las gafas. Mi corazón se aceleraba y yo estaba terriblemente excitado. Cuál fue mi sorpresa cuando el chico se levantó y se dirigió hacia mí: – ¿Tienes un cigarrillo? – me preguntó. Le contesté que no, que no fumaba. Para no parecer maleducado abandoné mi posición horizontal y me puse sentado en la toalla, todo con mucho cuidado para que no se me notara la media erección que ya tenía y que me hubiese puesto en evidencia. Me dijo que se llamaba Pedro, y que acababa de llegar a la ciudad para hacer un master y era la primera vez que venía a esta playa, pero había oído que se practicaba nudismo, cosa que le gustaba. Me preguntó si acudía mucho por allí y si me gustaba bañarme desnudo. Le dije que sí, que me bañaba muchas veces desnudo, y que por eso venía a esa playa. También me dijo que había oído que esa playa había mucho rollo gay y que eso era lo que le había atraído. Era heterosexual y tenía novia, pero desde hacía algún tiempo tenía la fantasía de hacérselo con otro hombre, que me había estado mirando desde que llegó y le parecía que estaba buenísimo, que le gustaban los tíos con cuerpo de natación como yo. También se había percatado de que yo lo había estado mirando y del bulto que se dibujaba en mi bañador, del inconveniente que tenían estos bañadores para disimular las erecciones. Se rió. Noté cómo su polla crecía y también cómo lo hacía la mía. Sin poder aguantar más, me levanté ya totalmente empalmado y le dije que me siguiera. Lo llevé detrás de las dunas, al amparo de miradas indiscretas. Nos echamos sobre la arena. Mi polla estaba ya tan tiesa que me hacía daño al estar aprisionada con el bañador, pero esto duró poco porque Pedro me lo quitó, quedando mi mástil al descubierto y dispuesto a la acción. Su polla también estaba a tope, pero he de decir que la mía era más grande y gorda. Se abalanzó sobre mi tranca y empezó a chuparla con muchas ganas, bajando de vez en cuando hasta mis huevos gordos e inflamados. Nos pusimos en posición del 69 para que los dos pudiésemos chupar y ser chupados. Me gustaba tener en mi boca aquella polla caliente con el capullo circunciso y me excitaba que la mía estuviese al mismo tiempo en una boca desconocida, pero muy viciosa. Noté cómo aquel chico se ponía tenso, así es que me saqué su instrumento de la boca y empecé a masturbarlo con fuerza. En aquel momento su polla se puso más dura y comenzó a escupir leche como si hubiera estado durante mucho tiempo esperando un momento como éste, mojando mi mano y la arena que ya empezaba a calentarse. En vez de disminuir su ritmo, continuó con más ganas su faena conmigo. Quería sentir el sabor y la sensación de mi leche en su boca. Lo estaba deseando. Yo no quería eyacular todavía, pero no pude contenerme (el tío estaba muy bueno y me la chupaba de maravilla) y derramé mi leche en su boca. La viscosidad blanca se derretía en sus labios, pero él aprovechaba y no quería desperdiciar ni una gota, que tragaba con deleite. Mi polla seguía soltando su jugo, pero cuando fui a limpiarla me pidió que no lo hiciera, que lo utilizara como lubricante para taladrar su culo, quería sentirme en su interior, quería aprovechar aquel momento que había imaginado hacía tanto tiempo. Se puso a cuatro patas sobre la arena con su culo apuntando hacia mi polla. Con cuidado le fui metiendo la punta poco a poco (con un miembro como el mío podía destrozarlo si no iba con cuidado) al tiempo que él empezaba a mover lentamente el culo. Notaba cómo su agujero anal iba dilatándose, acomodándose al tamaño de lo que le estaba entrando. Mi polla se iba metiendo cada vez más, al tiempo que sus movimientos y sus jadeos iban creciendo. – Destrózame!, cabrón! Inunda mi agujero con tu leche! Aquellas palabras, aquel culo, aquel tío en sí mismo, me hacían enloquecer. Sabía que no podría aguantar mucho más, que mis huevos estaban a punto de reventar, hasta que por fin mi polla se fundió en el estrecho agujero y la leche lo inundó todo. Jamás me había corrido de una forma tan brutal. Mi manguera no paraba de chorrear. Estaba exhausto y Pedro también. Nos tumbamos en la arena, uno al lado de otro. Me contó que desde que me había visto había deseado que lo follara, que lo del cigarrillo había sido sólo una estrategia, pues tampoco él fumaba. Salimos otra vez hacia donde teníamos las toallas. Ahora había más gente en la playa, unos desnudos, otros con bañador, pero seguramente todos esperando un momento como éste. Nos fuimos a dar un baño y algunos nos seguían con la mirada. Estábamos muy buenos, y es natural que la gente nos mirara y nos deseara, como también nosotros nos habíamos mirado y deseado. Pero nosotros ya habíamos disfrutado. Después nos vestimos y nos fuimos cada uno por su lado. Al día siguiente nos volvimos a encontrar en el mismo sitio, más o menos a la misma hora, pero esa es ya otra historia. He de decir que me he corrido más de una vez recordando esta historia. alexgarcia75@hotmail.com
