Con un primo

Lo que voy a contar es una historia real que me sucedió hará un año con un primo mío menor que yo.

Contaba yo entonces 15 años, y él tenía tan solo 13 recién cumplidos. Siempre nos habíamos llevado muy bien, y yo me solía quedar de vez en cuando en su casa a dormir, o a pasar unos días. Era rubio, con los ojos azules, y con cara aun de niño. La verdad es que nunca me había llamado la atención sexualmente, ya que parecía gustarle mucho las chicas, pero siempre pensé que era el chico más guapo que había visto nunca.

Un día estaba yo en su casa, como tantas otras veces, y veníamos de jugar al tenis. Yo me fui a ducharme, y nada más meterme en el cuarto de baño lo vi asomarse disimuladamente por una rendija de la ventana, lo que me excitó muchísimo, y allí se quedó, viendo como me desnudaba, y sin saber que lo había visto yo a él. Recuerdo que me masturbé en la ducha pensando en él.

Tras esto seguimos como si nada hubiera pasado, y nos quedamos hasta las dos de la madrugada viendo películas porno. Cuando ambos estábamos a cien, no sé como, pero me atreví a decirle que le había visto espiarme en el cuarto de baño. Al principio no supo como reaccionar, y se quedó paralizado, pero le dije que no me importaba, y que me gustaría verle a él también. Esto se lo tomó mucho mejor, e incluso pareció alegrarse. Nos miramos fijamente el uno al otro, y allí mismo, en el sofá, y con sus padres dormidos en la planta de arriba, se puso sobre mí, y uno encima del otro nos besamos durante un buen rato. Aun sin haberlo pensado nunca, sentí como si fuera algo que había deseado siempre. Al cabo del rato subimos al dormitorio donde estaban las dos camas, y continuamos nuestra orgía allí. Le quité la ropa, y descubrí el cuerpo más bonito que he visto hasta el momento. Su piel era completamente suave, sin nada de vello, tan solo unos pelillos en las axilas. Hice lo mismo con su ropa interior y allí estaba lo que más deseaba, su precioso rabo no mediría más de 15 cm, y tenía tan solo un poco de vello rubio sobre él. Estaba ya completamente duro, y lo primero que hice fue metérmelo en la boca y saborearlo como nunca antes había hecho. Sabía de maravilla, él me agarró con ambas manos la cabeza, y a cada empujón mío respondía él con un gemido que me ponía más y más caliente. Pero no quería que terminara allí, así que paré, y empezó él a desnudarme a mí. Me tumbó sobre la cama y empezó a lamerme cada centímetro de mi cuerpo. Sobre el pecho, las piernas, hasta llegar a mi rabo, mayor que el suyo, y empezó a chuparlo con fuerza. Le agarré la cabeza, y le rodeé su cuerpo con mis piernas hasta llegar a una postura en la que lo tenía completamente atrapado, sin dejar de chupar, claro. Estaba a punto de correrme, así que le pedí que parara. Sin decir yo nada se puso sobre la cama de rodillas, con su precioso culo hacia mí, y pidió que le penetrara, que quería sentir mi polla dentro de él. Antes de ello me mojé el dedo en saliva y empecé a metérselo mientras con la otra mano le masturbaba. Él no paraba de moverse y gemir hasta el punto que temí que nos descubrieran, pero no fue así. Cuando pensé que ya estaba a punto puse mi rabo sobre su culo y empujé suavemente, se introdujo sin más complicación en su culo virgen, y empecé a sacudirle con fuerza. Lo suyo eran ya prácticamente chillidos. Al principio me pidió que le diera despacio, que dolía, pero al instante ya me pedía más y más. Al cabo de un rato le dije que me corría, a lo que me respondió pidiéndome que la sacara, que lo quería todo para él. Así que empezó a chupármela de nuevo y me corrí en su boca, tragándoselo todo.

Aun quedaba él, así que me di la vuelta y empezó a darme. No le costó mucho, y al cabo de un instante se corrió dentro de mí. Tras ello, y como si no hubiéramos tenido bastante, nos tumbamos uno encima del otro pero en sentido contrario, y comenzamos con la postura del 69. Así nos corrimos de nuevo, él por segunda vez, pero yo probé por primera su leche, y me dejó con más ganas incluso. Ya completamente acabados, apagamos la luz, y nos acostamos los dos en la misma cama individual. Estuvimos otro rato besándonos y nos llevamos toda la noche hablando de nosotros, de lo que habíamos hecho, de lo que queríamos hacer… Él me contó que no le gustaban las chicas, como a mí, pero que tenía que disimular delante de sus amigos e incluso delante de mí antes. Aun así, me contó que había tenido una experiencia con un chico de su clase, tan solo fue una mamada, pero le hizo ver lo que realmente quería. Es increíble lo que un chico de trece años puede saber sobre el sexo, pero así es.

A la mañana siguiente nos quedamos solos, ya que sus padres se fueron a comprar, y lo volvimos a repetir. Obviamente ahora lo veo más que antes, y cada vez que vamos a su casa me las apaño para quedarme a dormir, así llevamos un año, y por mí, que dure para siempre….