CON ROBER (el fluffer, ¿te acuerdas?)

Autor: Chapero16

Fecha original: 22 de noviembre de 2005

Tenía que pasar, supongo. Ya casi me había olvidado del fluffer cuando me lo topé otro día más tranquilo en una de negros. A ver: estaban rodando lo que llamamos una de negros y el fluffer estaba allí, no sé si para intervenir, mucho más tranquilo que la última vez. Será que no le gustan los negros, pensé.

No sé qué tiene lo de los negros, pero es distinto. Las escenas mixtas, por decir, veréis pocas porque casi nunca resultan en homo (en hétero sí, y mucho). Pero las escenas entre ellos son muy pero que muy calientes y es que tienen una entrada al sexo bestial, se ponen bestial, se corren bestial, todo es bestial. A mí no me gustan, bueno, casi, los cuerpos de los negros así, en frío, las caras, los pelos, las bocas tan bocas, los pies y las manos tan fuertes, las pollas tan grandes y tan… feas, porque son feas.

Yo he tenido a un negro de cliente y no he querido ir porque me rompe el culo, no por otra cosa, porque me dice que es para otra cosa y voy, pero me dijo que era para metérmela bien metida -lo dijo así, además- y es que te acojonas. ueno pues, aunque no te gusten, luego te calientas muchísimo con ellos, porque se ponen a hacer sexo y es que se comen vivos, yo qué sé, se tocan de aquella manera, se la meten que parece que les va a salir por la boca, berrean como condenados… la verdad, son lo más caliente que hay.

Bueno pues allí estaba el fluffer en la escena de los negros tan modosito, como si nada, quién lo diría, cuando me vio y no me saludó, pero me empezó a mirar -yo en boxers- que me taladraba. Un inciso. Yo estoy muy acostumbrado a que me miren. Vivo de eso, o sea, primero de que me miren y luego de que me follen. Es así. Por la calle tengo ojos en la espalda y cerca de alguien sé muy bien cuándo me miran con ganas y con cuántas. (Además, me encanta que me miren las nenas, pero eso no viene al cuento ahora)

Bueno, pues el fluffer me estaba mirando con ganas, con bastantes ganas, con muchas ganas… los negros a lo suyo, caliente, calentorro aquello, se la estaban metiendo sin goma, además, se ve que eran del mismo pueblo (luego te dicen, muchas veces, que son héteros y te quedas flipao) y yo mirando a los negros (se te levanta, qué quieres que te diga) y el fluffer girándose descaradamente para mirarme a mí.

Me fui a buscar el servicio y me costó encontrarlo. Pasando como un túnel de invernadero había una especie de gimnasio abandonado y estaba allí. Fue rápido. Cuando salí tenía al fluffer encima, tapando la luz

-Hola Rober

Me puso las manos ¡en el cuello! sin daño pero firmemente y pensé que me iba a morrear a la fuerza, pero… no, lo que hizo fue empezar a chuparme las tetas con la lengua fuera de una manera bastante rara mientras mugía como una vaca. No sabía si darle una hostia o hablarle, me estaba sentando mal aquello, más que nada, cuando se puso a sonreir de tal manera que comprendí, menos mal!, que estaba de broma. Nos reímos un poco, nos sentamos en una colchoneta que había allí y yo creo que tardamos bastante, yo por lo menos, en comprender que íbamos a follar allí mismo y ninguno de los dos iba a saber cómo lo íbamos a explicar después, a no ser que fuéramos capaces de volvernos a poner -yo, por lo menos,- en media hora.

Empezó poniéndome la mano en la pierna y eso significa que ya te vas a morrear: los labios calientes, los dientes frescos, el aliento apetitoso, pero puede que todavía la cosa no pase de ahí y dentro de media hora estemos trabajando. Luego ya no. Luego sus manos buscándome por encima de la cintura -buah, ¿cuando he estado yo tan pasivo? Es increíble!- y un poquito más tarde sus dedos muy suaves me bajaban los boxers y mi polla salía disparada, como siempre (lo que no me gusta nada, porque así el otro se cree enseguida que andas loco, y se crece…) pero el fluffer, Rober, es de esos tíos que te pasan el deseo, que te lo pegan en cada mordisco, es uno de esos tíos que no puedes ni estar a su lado sin ponerte, que eso lo sé yo, ni en un cine, vamos, y lo sé desde la primera vez que lo vi, no se crea, cuando le salía el deseo por los ojos…

La colchoneta era demasiado delgada y el cuerpo de Rober demasiado original, los hombros estrechos, los muslos muy largos y un careto de ángel que lo transmite todo el deseo que lleva encima… un orgasmo andante, el Rober. La polla, sin ser gran cosa, de las que se suben mucho y según dónde le des al tío se mueven solas, lo que siempre me ha gustado cantidad. A mí no me gusta moverme mucho ni que se me muevan demasiado, como cuando al principio, las primeras veces, que no sabes follar ni tienes ni idea y los dos como en una coctelera, que te quieres comer de una vez todo el cuerpo de tío que tienes enfrente, que no sabes dónde agarrar y lo quieres agarrar todo junto, que no paras ni tú ni él…

Como no teníamos ni gomas, le metí los dedos mientras se la chupaba. El fluffer sabía y tardó poco en encontrar la postura, relajarse y ponerse a gozar como un cabrón -¿por qué digo eso?

¿por qué estaba gozando más que yo?- gimiendo suave y

transmitiendo deseo, tanto deseo, eso es lo que más me gusta de él, que cuanto más le daba más deseaba yo también. Sin pensarlo, fuimos girando hasta llegar al 69, yo encantado de tener en mi cara los muslos tan bellos…

El Rober es de los que huelen bien y saben MB, y eso no es tan fácil como parece. Nos alargamos todo lo que pudimos, porque sabemos hacerlo, notamos cuando la polla del otro va a reventar, por cómo se mueve y sabes parar, pero sin que se vaya todo, porque la polla está llene de leche y de sangre y la leche tiene que bajar, pero la sangre no, porque se estropea todo. Yo lo hago dándole golpecitos suaves con la lengua en el cabezón hasta que deja de moverse sola y entonces ya sé que puedo seguir… el Rober lo que hacía, vi, es dejar los labios puestos al borde justo de la parte descapullada hasta que baja la leche.

Hay muchas más maneras y cada uno lo hace de la suya. Si además el otro está entrenado llegas a una especie de preorgasmo que casi te quedas allí y que no da un placer de sube y baja sino bastante estable -¿será el de las tías algo así?- que también es un lujo porque la excitación no disminuye casi nada y el deseo de llegar tampoco. Nosotros habíamos ido a parar ahí sin hablarlo ni nada, por experiencia, supongo, casi sin movernos, yo tenía las manos en sus nalgas, había tranquilizado mi respiración y ya podía hacerlo por la nariz, la boca abierta, la lengua dándole a poquitos en la polla, mucho rato, hasta que dijo:

-Me voy, Dani…

Yo cerré los ojos porque me apetecía que me diera todo en la cara. Me dio. Se puso tenso entero su cuerpo y tuvo que durarle mucho el orgasmo o es de los que apuran hasta el último ramalazo… pero luego no se abandonó, no me dejó, sino que se volcó entero en mí, me rodeó, pendiente de mi placer, con su boca no como antes cuando la parada con los labios puestos al borde del glande, sino ahora respirándome la polla, haciéndome un anillo tan suave y tan bien hecho que el orgasmo tardaba en llegar, pero lo hacía con una intensidad casi emocionante que me hizo mover el culo y las patas sin control y me pareció que me derramaba muy despacio, no sé dónde, si su cara estaba cerca o no…

Después nos soltamos y nos pusimos a mirar un trozo de la tarde que se iba por una pequeña ventana alta.

***