Titulo: Primera vez
Autor: Tomás
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Tenía 16 años y fui a una casa en pleno campo, en las vacaciones, invitado por un matrimonio amigo de mis padres. En la casa que me quedé, tuve que compartir la habitación con un hijo de la familia que dormía en una habitación con dos camas bastante grandes. El chico, como de unos 18 años, que curtido por el sol y por los trabajos del campo, tenía un cuerpo y una figura maravillosa, además, de que era muy bonito de cara, y tenía el pelo negro como un azabache.
Realmente yo llegué a la casa y lo vi, y pensé que estaba bien, pero no con ojos de deseo sexual, sino que me dije, que fuerte es y que bien luce. De hecho, confieso que ni pensaba estar en esa época con otro hombre.
El tenía su vida normal, o sea, sus deberes en la casa, su trabajo en el campo, etc., y nos veíamos y hablábamos pocas veces al día, porque él era bastante retraído. Y normalmente cuando yo me acostaba, ya él estaba durmiendo, pues se levantaba muy temprano.
Como al segundo o tercer día de estar allí, me fui a caminar un día solo, como a las tres de la tarde, hasta un río que me habían dicho que había cerca de la casa y que se podía bañar, (estaba como a dos Km.).
Llegué al río, que realmente era como un riachuelo con una parte un poco más ancha y me pongo a caminar, por aquí y por allá, cuando siento como un murmullo.
Me acerqué despacio y evitando hacer ruidos y descubrí a un muchacho como de unos 14 años tal vez 15 que le propinaba una tremenda mamada a otro como de 16 o 17. El mayor gemía y le aguantaba la cabeza al otro, como para que no se le fuera a salir, y el que se la mamaba, parecía que se la quería comer.
Esa imagen y la expresión de la cara del muchacho, creo que no se me borrarán jamás.
Al instante estaba que explotaba de la calentura que cogí, y hubiese deseado estar en cualquiera de las dos posiciones. Quise masturbarme allí mismo, pero lo creí peligroso, y me quedé mirando, con mi pene a punto de explotar, y cuando se vino el muchacho, corrí con discreción y me senté debajo de un árbol que estaría como a unos 30 metros de ellos a la orilla del río.
No se si se invirtieron los papeles después, pero como a los 10 minutos venían caminando ambos, como si nada, se acercaron a mi y empezaron a hablar conmigo, que de donde era, que si hacía rato estaba por allí, etc.. etc. y con la misma, después de haberse convencido de que no sabía nada de lo que había ocurrido, se marcharon, tranquilos y campantes.
No los había perdido de vista todavía, cuando ya me estaba masturbando como un loco y eyaculando como nunca en mi vida… pero lo peor fue que como a la media hora de haberme masturbado, estaba otra vez súper caliente, lo que me obligó a masturbarme de nuevo.
Me fui un rato después para la casa, con aquella imagen en mi mente y teniendo frecuentes erecciones y pasó, que cuando llegó mi acompañante de cuarto a la casa, si comencé a mirarlo con otros ojos y a pensar que ocurriría si estuviera con él.
Esa noche entré al cuarto como es normal cuando ya él estaba dormido, y me acosté en mi cama, pero a diferencia de las noches anteriores, lo miré mientras dormía y con deseos de acostarme a su lado.
Me acosté en mi cama e intenté dormirme, pero el recuerdo de la escena, no me lo permitían, entonces reinicié mi sesión de masturbarme y lo hice como dos veces, pero el fuego no salía de mi cuerpo. Pasarían como dos o tres horas, todo el mundo dormía y el único despierto en la casa era yo.
No se como me llené de valor y me levanté y fui hasta la otra cama y llevé mi mano directamente a su pene y comencé a acariciarlo. El se despertó y dijo en voz baja:
-¿Quién está ahí?
Y le respondí, sin quitar la mano:
-Soy yo, –y le dije mi nombre–
Él se acostó boca abajo, como para darme a entender que no quería que siguiera, pero yo estaba demasiado caliente como para parar y metí la mano por debajo de su cuerpo y descubrí que tenía una tremenda erección, pero que además tenía un pene más grande y grueso que el mío.
El no dijo nada, y lo fui virando poco a poco boca arriba, porque él se hacía el dormido, pero no puso oposición ninguna, y cuando la tuve frente a mi, comencé mi primera lección autodidacta de sexo oral, acariciándosela con mis labios y con mi lengua y metiéndomela entera en la boca. Disfrutando intensamente ese momento. Recuerdo que sentía aquella cosa dura y caliente en mi boca, y procuraba darle el mayor placer, como pensaba yo que debía ser. Hasta que sentí unos espasmos y una cantidad tremenda de leche inundó mi boca.
Me la saqué de la boca, pero mantuve su semen sin saber que hacer con el. Pensé ir al baño a escupirla, pero me daba miedo que alguien me viera, y entonces opté por tragármela. Realmente el sabor me resultó agradable y me quedé un rato en su cama abrazado a él y con su pene en la mano como para que no se me escapara. Él ni chistó.
Al rato me levanté, me acosté en mi cama y me quedé dormido. Por la mañana, sentí los gritos de su madre para que se levantara a ordeñar la vaca. He pensado tiempo después que él temía levantarse por miedo a enfrentarse a mi y que yo dijera algo o se descubriera algo.
Creo que la vida y la tranquilidad regresaron a su cuerpo cuando vio que yo lo seguí tratando como si nada, y nuestra relación fue tan pobre como había sido hasta entonces.
Cada noche mientras estuve en la casa, que fueron como cinco días más, ocurrió lo mismo, y aunque él ya me esperaba, siempre se hizo el dormido, como para no comprometerse.
El único cambio importante en mis hábitos, después de la primera noche fue que mi hambre disminuyó tremendamente, no se si las proteínas contenidas en el semen de aquel semental, cubrían mis necesidades alimenticias diarias.
Como dos o tres años después volví, por mi mismo y solo a aquel lugar, pues los recuerdos eran demasiado buenos como para no revivirlos. Llegué con la historia de que me habían invitado a un lugar cercano y que había pasado a saludarlos.
Era por la tarde, casi de noche. Como es normal me dijeron que me quedara a cenar. Y cuando se hizo de noche, como a las 8 o las 9, dije que iba a comprar una botella de ron, y pregunté que donde vendían cerca. Me dijeron, y como algo normal, le dije a él que me acompañara. Él dijo –vamos, y salimos. En la primera oscuridad que encontré, sin pensarlo, le agarré el pene por encima del pantalón, y el se paró y me dijo:
– ¿Que tu quieres?, ¿mamármela?.
A lo que respondí que sí, y me dijo:
–Pero aquí no puede ser, vamos para un lugar seguro.
Y me llevó, a un lugar que él sabía seguro. Esa vez, le di una tremenda mamada, con más experiencia, claro, y él por lo menos esa vez gimió y me agarraba la cabeza y me la dirigía.
Al terminar, por primera vez, me dio un tremendo abrazo, y nos besamos apasionadamente. Parece que de despedida, porque fue la última vez que lo vi. Luego me enteré que se había casado….
