Viejo lugar, nueva cara

Hace unos meses regrese a mi ciudad natal, para visitar a mi madrina por su cumpleaños. Estaba muy ansioso pues tenia mucho que no sabia nada de ella ni de su familia.

Todo había cambiado, era demasiado extraño para mí pero la casa enorme en una pequeña colina jamás cambiaría. Afortunadamente yo no había cambiado del todo pues, a pesar de haber crecido y mi modo de ver el mundo se volvió más frío, seguía viendo a los hombres de una manera más que como amigos para el desmadre.
Llegue y parecía que los años no afectaron a los que en esa casa vivían, lucían tal y como los recordaba. Mi madrina, tan dulce como siempre, con una sonrisa tan tierna que no pararías de abrazarla en todo el día; mi padrino, tan frío y seco pero al mismo tiempo, tan noble y agresivamente agradable; mi “tía”, muy parecida a su madre pero con una enorme diferencia en el abdomen, y una mano que la secundaba al acariciarla, la de sus esposo. Su esposo era demasiado familiar para mi, desde que era niño lo conocía, tantos años de novios y ahora ya eran marido y mujer. A el siempre lo vi como el hombre ideal para cualquiera; bien formado, guapo, varonil, con una mueca graciosa en lugar de sonrisa que hacia que vibrara de la emoción.

Todo parecía de lo más normal pero nunca, en todo el día, pude dejar de ver a Mario. Después de la celebración tuvimos que ir a dormir y, a pesar de que el iba a dormir con su esposa, no me paresia un mal momento para hablar con el. Así fue, durante un largo rato estuvimos hablando de varias cosas triviales pero se hacia tarde e ir a habitaciones separadas fue lo ultimo que hicimos. Durante la noche no pude parar de pensar en lo bien que se veía; si bien cuando yo era un niño el iba como en la preparatoria y lucia un cuerpo esbelto pero bien formado, ahora era todo una macho, con un abdomen de piedra, unos pectorales divinos, unos brazos y piernas como rígidos troncos y un culo redondito, paradito y durito, y desde chavo mostraba un cofre del tesoro entre las piernas que prometía grandes riquezas. Pase tanto tiempo pensando en su cuerpo que era inevitable que me excitara y, consecuentemente, me masturbara (gracias a dios por las habitaciones de huéspedes).

Al día siguiente amanecí de muy buen humor (después de tremenda chaqueta que me hice la noche anterior, quien no estaría de buen humor) y baje a desayunar con los demás. Ahí estaba el, con un plato enorme de fruta y la mueca mas linda del mundo. Todo el día, a cada minuto, no dejaba de imaginar como seria una noche (tarde, día, lo que fuera) con el.

Ese mismo día, en la madrugada, tenia ganas de ir al baño y en la casa había dos, uno en el segundo piso y otro junto al recibidor. Fui al de segundo piso, cerca estaba la habitación de mi tía y pensé en que de pura casualidad el estuviera por ahí. Cuando me acerque al baño estaba la luz prendida y tuve que esperar y me di una vuelta por al habitación de Ana pero la puertas estaba cerrada, volví al baño y seguía ocupado. “¿Tan grande esta en mojón?”, pensé, porque de plano parecía que nunca saldría; hasta que por fin se abrió la puerta, era mi tía. Eso quería decir que Mario estaba en la habitación, “¡MIERDA!”, deje escapar una oportunidad para verlo dormir casi desnudo y con eso masturbarme una vez más. Lastima. Entre a hacer lo mío y no dejaba de reprocharme el no haber irrumpido en la habitación. Cuando salí alguien estaba esperando para entrar y era Mario (parecía el día mundial de ir al baño a las tres de la mañana) y solo alcancé a decir buenas noches pero mi mente actuó rápidamente. Cuando se metió al baño me quede a escuchar como la orina salía de, lo que yo supuse, un enorme glande rosa. El chorro que escuchaba sonaba como el de una fuente, eso me excito y comencé a tocarme ligeramente. Seso el chorro y me fui antes de que saliera pero no fue así, no salía. Me acerque para ver que pedo y al pegar mi oreja a la puerta escuche unos gemiditos y por mi mente paso un desfile de las cosas que pudiese estar haciendo: desde chaquetearse con una revista heterosexual hasta estarse metiendo un consolador por el culo. Cuando mas emocionante se tonaba el asunto la puerta se empezó a abrir y casi me voy de hocico, solo pude esconderme detrás del cesto de la ropa sucia y mirar lo que pasaba. Mario salio del baño como si nada pero en su bóxer había un animal muy grande que quería salir. Casi desnudo, con el cuerpo perfecto y un pene de ese tamaño, basto para que me pusiera a mil e ir a mi habitación a saludar a manuela. Pero no, decid meterme al baño a ver si quedaban migajas del gran pastel. Miré por todos lados y casi al final de la tasa del baño había unas gotas de semen, “Gracias Dios” susurre, y con un dedo me lleve esas gotas a la boca; semen de sobra había probado en mi mida pero este era especial, tan esperado. Salí del baño y Mario estaba de nuevo ahí (pienso que en ese momento recordó que no había limpiado bien la tasa) y entro medio nervioso al baño, yo espere afuera. Salio con cara de “no mames” y salio la conversación.

-¿Qué pasa?
-Nada, creí olvidar algo en el baño-ahí fue donde reafirme mi sospecha.
-Ah, y ¿Cómo que?
-Nada, no es nada
-Acaso gotitas de semen…
-Mocoso idiota-estaba a punto de soltarme un madrazo en la geta pero algo lo detuvo-Buenas noches…
-¡Espera!-“Idiota, no le hables” fue lo que pensé mientas tomaba su mano-¿Qué te pasa?
-Nada, vete a dormir.

No estaba pensando lógicamente en ese momento (lo cual agradezco mucho a mi subconsciente) y puse mi mano en su pene…

-¡Que haces!-dijo con un susurro exaltado y quito mi mano.
-Pensé que querías desahogarte…-dije con pena
-Vamos a tu cuarto.

Mis ojos (supongo) casi se salen de las órbitas y voltee a verlo; como siempre tenia esa mueca irresistible y lo tome de la mano y lleve a mi habitación. Llegamos y lo primero que hizo fue quitarse el bóxer y al fin, depuse de mucho tiempo pude ver ese pene que en sueños había tenido tantas veces en el culo. Me acerque y comencé a tocarlo suavemente y el tomo mi cara para introducir su lengua en mi garganta, yo solo me deje usar.

Hacia todo lo que me pedía; mamaba su verga, sus huevos me los metía a la boca, lamía sus pezones, su abdomen, su cuello y me pidió que lamiera su culo. Eso fue raro para mí pues un hombre tan viril y que me pidiera que le lamiera el culo… ¿?
Pero no importo, yo solo quería complacer al hombre de mis sueños y lamí hasta que su ano quedo rojo.

-Méteme un dedo…-dijo con tanta ansia.

Como dije, yo solo obedecí, y metí uno de mis dedos y el solo gemía casi susurrando. Me pidió que metiera mas dedos en su ano abierto y yo solo hacia lo que debía. Gemía y gemía hasta que me dijo basta.

Se paro y levanto mis piernas, comenzó a comerme el culo de una manera bestial. El placer era magistral, no lo pude resistir y me vine en su cabeza; mi semen cubría su cabello como shampoo y me dijo que eso ameritaba un baño. Fuimos al baño y ahí, en la tasa donde había dejado su semen empezó a meterme su pitote. Dolía poco, pues ya tenia mi ano dilatado, y cuando al fin me acostumbre a su largueza comenzó con el mete-saca. Me cabalgaba como un baquero en rodeo de toros. “Dios, te haré un altar por esto, ¡Gracias!”. Se movía para todos lados y mi ano cada vez estaba mas caliente y mas abierto. Cambiamos de posición, ahora me cargo y de pie me empezó a coger. +

Tanto placer era incontenible para los dos y solo pude observar como mi semen bañaba mi cara y su abdomen. El seguía, sus culeadas eran cada vez mas intensas y gemía un poco mas fuerte con cada una. Siguió hasta que ya no pudo, me bajo y puso su pene en mi cara; ahí se vino y cuando termino lamió todo su semen que escurría por mi cara hasta parte de cuello. No podía creerlo, todo era perfecto en ese momento y no podía pedir mas. Pero estaba a punto de amanecer y la gente empezaría a levantarse, Salí del baño y me fui a mi cuarto. El se quedo para tomar una ducha.

Rato después me fui a bañar. Fui a desayunar y ahí estaba, me dio el buenos días y salio como si nada. No me importo, sabía que este tipo había sido mío y sabía lo que mi tía tendría por las noches hasta que el divorcio los separara.

Comentarios a diadificei00_mrdk@hotmail.com

Deja una respuesta